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Opinión

Caso Padilla: el tiro por la culata

Se cumplen 50 años del 'discurso de autocrítica' de Heberto Padilla y entrevistamos a Antonio José Ponte sobre un momento decisivo para la cultura y la política de Cuba.

Madrid
Ilustración: Heberto Padilla.
Ilustración: Heberto Padilla. Diario de Cuba

Hoy hace exactamente 50 años de que el poeta Heberto Padilla, recién salido de su arresto por Seguridad del Estado, pronunciara ante un grupo de miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) su "discurso de autocrítica". Unas palabras que cambiaron decisivamente la cultura cubana, la imagen de la revolución cubana y la vida del propio poeta.  

Para acercarnos a ese momento, DIARIO DE CUBA conversa con Antonio José Ponte, vicedirector nuestro, que escribe un libro sobre el tema.  

¿Cómo podría leerse, 50 años después de pronunciado, el discurso de autocrítica de Heberto Padilla?

Creo que lo mejor es entenderlo como pieza judicial. Pieza en la acepción de parte de un todo y en la acepción de obra teatral. El todo del cual forma parte es el sistema de justicia que construye la administración revolucionaria. Un sistema de justicia en el cual, a solo dos días de entrar en La Habana el Ejército Rebelde, se establece la pena de muerte. En el que existen juicios sumarios y fusilamientos como los que Raúl Castro ordena el 2 de enero de 1959, y vendrán más. Una justicia con tribunales revolucionarios. Y hay que recordar que Padilla afirma en su discurso que pudo haber sido llevado ante un tribunal revolucionario e incluso ante un tribunal militar.

Un  sistema que, cuando lo considera conveniente, hace de los juicios espectáculos públicos y los televisa. Así alcanzan a verse en televisión los juicios contra varias figuras del batistato. Son televisados durante cuatro tardes seguidas los interrogatorios a los integrantes de la Brigada 2506. Y, más acá en el tiempo, televisan el juicio del general Ochoa. En cada uno de estos ejemplos hablo, claro está, de juicio entrecomillado. Bajo ese mismo concepto de exhibicionismo de la justicia es que varias cámaras del instituto oficial de cine (ICAIC) filman el discurso de autocrítica de Heberto Padilla.

¿Esa filmación es exhibida públicamente?

No. No está del todo claro qué utilización iban a darle a esa filmación. No llega a exhibirse públicamente. Durante todos estos años es guardada en secreto y solo trasciende de ella un fragmento muy breve, apenas un pestañazo, que Rebeca Chávez incluye en su documental Luneta No. 1 (ICAIC, 2012). Rebeca Chávez realiza el documental a la gloria de Alfredo Guevara, director del ICAIC que ordenara filmar la noche de Padilla, así que no debió serle complicado recibir la concesión de ese fragmento. En él puede reconocerse, entre los escritores reunidos en el salón de actos de la UNEAC, a una joven Nancy Morejón que bosteza a la cámara. Lo cual hizo que me preguntara, cuando lo vi, qué puede conducir a alguien, en medio de una situación de pánico, a bostezar.

Esa filmación existe. No sé si en una o varias copias, pero espero que alguna vez podamos verla.

Hablas de juicios e interrogatorios televisados, aunque el discurso de autocrítica de Padilla no es ni un juicio ni un interrogatorio…

Los interrogatorios habían ocurrido ya. En Villa Marista dispusieron de más de un mes para interrogarlo y torturarlo psicológicamente. Así que lo que se escucha en el salón de actos de la UNEAC es el resultado final de aquellos interrogatorios. Al interrogado le ordenan que refiera en público las actas de sus interrogatorios. En eso que él dice están implícitas las preguntas que le han hecho sus interrogadores. Los días de arresto lo han hecho coincidir en opiniones con sus carceleros. Si está libre y habla en un salón de actos es por haber arribado a esa coincidencia. No es extraño entonces que él represente allí a sus interrogadores. No es extraño que encomie el trabajo que hicieron sobre él. Los alaba por ser jóvenes y talentosos.

Todo esto responde al mismo esquema encontrable en los discursos de reos de los juicios de Moscú bajo Stalin y en intervenciones de reeducados del maoísmo. Es la lectura de una pieza teatral a cargo de un solo actor, que hace todos los personajes y canta loas a lo que salió de las torturas y los interrogatorios, y habla como un renacido. Heberto Padilla menciona una novela suya de la que abjura y que ha hecho pedazos, y habla de hermosos poemas escritos por él durante el arresto.

¿Puede entonces considerarse a Heberto Padilla como un actor?

Cuidado, habría que tener cuidado en este punto. Un actor, sí, pero únicamente si lo consideramos como un actor que no gozará del reposo que da a cualquier actor acabar la función, acabar la temporada, y dejar atrás a un personaje y sus conflictos. Para Padilla la función no va a terminar nunca. No importa que no esté obligado a actuarla otra vez, se la recuerdan siempre. Es recordado principalmente por ella.  

Su autocrítica es acordada previamente con los carceleros. Él afirma en su discurso que está improvisándola. Esa noche lleva con él unas notas y las justifica por "la cobardía del que cree que va a olvidar un dato". Aclara que improvisa a partir de una carta que dirigió a los jefes en sus días de Villa Marista. Sin embargo, ya venga de una carta o de unos apuntes o improvisado allí, él apenas puede apartarse de lo que acordó. No puede dar pie a volver atrás, a Villa Marista. Tal vez añade un énfasis, unos gestos. Tal vez sobreactúa con tal de sugerir en quienes oyen su discurso de autocrítica que, no importa lo que esté diciendo, sus palabras no son auténticas y habla en falso.

Esta es una de las razones por las que convendría acceder al discurso filmado. Para calibrar el histrionismo de Padilla. Algo que ahora resulta imposible, cuando únicamente contamos con la transcripción del discurso. Y transcripción que no sabemos si es fidedigna del todo.  

Además de culparse a sí mismo en su discurso, él culpa a su esposa Belkis Cuza Malé y a varios amigos.

Sí, denuncia por opiniones contrarrevolucionarias a su esposa, que había sido arrestada también, y a un grupo de amigos y colegas: Pablo Armando Fernández, César López, José Yanes, Norberto Fuentes, Manuel Díaz Martínez, José Lezama Lima y David Buzzi.

Es de suponer que ya los habría delatado en los interrogatorios. O solamente le tocó confirmar las evidencias que le mostraron contra ellos. En cualquier caso, pronunciar sus nombres en la sala de actos de la UNEAC formaliza las acusaciones de contrarrevolución. Padilla hace el trabajo de los represores, ayuda a difundir el pánico. La joven Nancy Morejón bosteza, no de aburrimiento o hambre, sino de miedo. Bosteza a la cámara con tal de aparecer como desentendida de lo que ocurre allí.

Nosotros no sabemos si Padilla cuenta con garantías de que a los colegas que mencione no les ocurrirá nada.  No sabemos qué promesas le han hecho sus carceleros. Ahora vemos el Caso Padilla como historia ocurrida, cuyas consecuencias conocemos, pero entonces todo se encuentra abierto a lo que pueda ocurrir.

Medio siglo después seguimos tratando de juzgar lo que hizo él aquella noche. Y mientras hay poco que agregar acerca del papel jugado por las autoridades, no termina de sopesarse lo que Padilla hizo. O por lo menos, yo no termino de sopesarlo. Y me parece significativo que hablemos de un caso, del Caso Padilla. Significativo, no por lo de caso policial o judicial que tiene, sino por el caso de conciencia que es. Caso de conciencia en el sentido de asunto que resulta dudoso en materia de moral.

Tú trabajas en un libro sobre este tema.

No, no es precisamente un libro sobre el Caso Padilla. Aparecen algunos de estos pormenores, pero mi libro está centrado en las suertes de Virgilio Piñera y de José Lezama Lima.

Antes hablábamos de estalinismo. Algunos estudiosos consideraron y consideran que los poemas del libro Fuera del juego, de Padilla, mostraban un estalinismo que no existía en Cuba.

Sí. Según esa versión, Padilla va destinado a Moscú, escucha allí demasiadas historias del pasado estalinista, intoxica de esas historias a su poesía, y sus poemas empiezan a tratar la tensión entre el poeta y un Estado represor. Tensión que él se inventa, imaginada por él porque, en verdad, no existe en Cuba. Hasta aquí esa versión.

Lo débil de ella es que deja sin explicar cómo, en un ambiente tan imposible de asociar con el estalinismo, vienen a ocurrir la detención aquella y aquel discurso de autocrítica. Deja sin explicar cómo Padilla logra imponer un episodio de estalinismo en la nada estalinista revolución cubana. Cómo un poeta convence a un régimen de que le cumpla los poemas terribles que ha escrito.

¿El discurso de autocrítica de Padilla es relacionado con los juicios del estalinismo en ese mismo momento o se trata de una interpretación posterior?

No, esa relación salta enseguida. La segunda carta pública, firmada por intelectuales europeos y latinoamericanos y dirigida a Fidel Castro, es del 20 de mayo de 1971, a casi un mes de la velada de la UNEAC. En ella se dice: "El contenido y la forma de dicha confesión, con sus acusaciones absurdas y afirmaciones delirantes, así como el acto celebrado en la UNEAC […] recuerda los momentos más sórdidos de la época estalinista, sus juicios prefabricados y sus cacerías de brujas".

Algo así tuvo que ser altamente preocupante  para las autoridades cubanas. Arrestaban a Padilla por compartir sus opiniones críticas con intelectuales extranjeros de paso por el país. Varios de ellos, denunciados en el discurso de autocrítica: K. S. Karol, René Dumont, Hans Magnus Enzensberger. Y más tarde el arresto y la autocrítica de Padilla no hacen más que empeorar las cosas para la imagen del régimen revolucionario.

Debió ser a causa de esto que la filmación ordenada para algún golpe maestro de propaganda termina archivada. El espectáculo no sale tal como las autoridades esperaban. Cumple con difundir entre los escritores el pánico, pero resulta un chasco como pieza de convicción en busca de solidaridad o complicidad. La filmación no es útil como propaganda. A diferencia de los juicios contra figuras del batistato y del interrogatorio de la Brigada 2506, el tiro les sale aquí por la culata.

Pero, ¿cómo es que las autoridades no se dan cuenta de lo que va a ocurrir?  

Ah, esa es la pregunta del millón. Para responderla habría que leer el discurso de autocrítica de Padilla con los ojos de sus carceleros. Lo cual resulta un ejercicio bastante imposible.

Habría que averiguar cómo es que, conviniendo con Padilla su contenido, ellos no detectan lo farsesco que hay en ese discurso.  Da igual si los argumentos del discurso provienen de ellos, los carceleros, o de un Padilla capaz de tenderles una emboscada.  Se trata de un texto consensuado, un texto colectivo. Es un empeño parecido al teatro de creación colectiva del Grupo Teatro Escambray, de Sergio Corrieri y Gisela Hernández, que se inicia por esa época.

Heberto Padilla y los miembros de Seguridad del Estado a cargo de su caso componen juntos una pieza donde cabe toda la poesía que estos últimos alcanzan a apreciar. Mala poesía, basura del realismo socialista. Se relamen de gusto con ella. Se la imponen a Padilla o este les halaga el gusto fabricándola para ellos. Los de Seguridad del Estado están tan imbuidos de mala poesía que no caen en la cuenta de que esta vez quien va a recitarla no es el enjuiciado cualquiera de un juicio televisado, sino un poeta verdadero. Confían tanto en la mala poesía que no les salta a la vista lo incongruente de ponerla en boca de un poeta. Les cuesta percibir que las palabras que en cualquier otro funcionarían, en este sujeto no funcionan. Yerran al calcular el efecto del discurso porque lidian con un poeta, desconocen qué es poesía y pretenden dotar al poeta de palabras. Se equivocan de muñeco de ventrílocuo.

Hablemos, por último, de cuánto marcó esto la vida y la obra de Heberto Padilla.  

Los paralelismos estalinistas no terminan para él en ese salón de actos de la UNEAC. Al igual que los autores castigados por el estalinismo, a él le serán permitidas únicamente las labores de traducción. Recuerdo ahora una antología de la poesía romántica inglesa que tradujo y especialmente su traducción de "A Song of Opposites" ("Welcome joy, and welcome sorrow…") de Keats.

Padilla consigue salir al exilio en 1980. Hace con Belkis Cuza Malé, también exiliada, la revista Linden Lane Magazine, que todavía aparece. Publica un libro de memorias: La mala memoria. Publica varios libros de poemas. Recuerdo poemas de ellos. Uno magnífico, "En la margen izquierda del Almendares", que homenajea a Juana Borrero y Carlos Pío Uhrbach.

Padilla muere de un ataque cardíaco en Alabama, a los 68 años. En septiembre van a hacer 21 años.

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17 comentarios

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En toda dictadura, la cultura y el arte, sino responden a los intereses de ésta, quedan obviamente en el archivo. Eso es invariable. El proceso que se venía gestando en la Cuba de los 70's era justamente parte de ese formato de sovietización que tanto padecimos. Como dijera Ana J. Faya más abajo, yo tampoco pude llegar al final de ese video. Se me hizo interminable; no porque fuese extenso, sino por la forma en que se auto flagela una persona de la talla de Padilla. A todas luces, si éste fue el verdadero discurso pronunciado por el poeta, dudo que fuesen sus propias palabras. Quién sabe cuántas cosas tuvo que pasar Heberto para escribir toda esa diatriba inquisidora sinsentido contra él mismo y contra sus colegas más cercanos. No a todos se les puede pedir el valor que se requiere para echarle verdades en cara a los verdugos. Si el único señalado hubiese sido él, si la única víctima de esa detención hubiese sido él, tal vez hoy tendríamos otro discurso muy diferente. Yo no lo juzgo.

Precisamente en la película de Julian Schnabel, en la que Javier Bardem protagonizara al escritor Reinaldo Arenas (Antes que anochezca, 2000), uno de los fragmentos más conmovedores que tiene el filme, es precisamente el que escenifica Michael Wincott como Herberto Zorilla (Heberto Padilla); una escena desgarradora, llena de una tristeza que conmociona. Aunque la película hace un breve recorrido por las vidas de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, deja en síntesis aspectos de la esencia de cómo pensaban ambos escritores, así tal cual dejaron este mundo. En fin, si alguna vez se hiciera un trabajo semejante sobre el llamado "quinquenio gris", no dudo que saldrían muy buenos y curiosos datos. Independientemente de la experiencia que cada persona lleve sobre sí, sobre todo este largo viaje llamado "revolución y socialismo", estoy seguro que las anécdotas por conocer serían increíblemente gigantescas. Es justamente lo que necesitamos para saber cómo es que hemos llegado hasta aquí...

Padilla vale menos que un escupitajo, perder mi tiempo en comentar es darle importancia a un gargajo.

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Padilla fue uno de los mejores poetas cubanos de la segunda mitad del siglo XX. Otros aspectos de su vida no me interesan. Fue un extraordinario poeta.

Profile picture for user Weston

POÉTICA

Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.

Fuera del juego, 1968. Heberto Padilla.

Excelente contribución de DDC. Y sobre todo que lo haga a través de un intelectual tan valioso como el señor Antonio José Ponte es una verdadera suerte para la cultura cubana. Efectivamente la autocrítica de Padilla les explotó en la cara, pués enajenó una solidaridad internacional crucial para el regimen en aquel momento. Ayer tuvimos una política cultural stalinista, hoy fascista, pero mañana a no dudarlo retornarán las libertades civiles a la isla y podrán nuestros intelectuales renacer, ya sin la sombra funesta de la dictadura. Gracias.

Profile picture for user Ana J. Faya

Después de haberme soplado la mitad de la autoconfesión de Padilla leída por el grupo de Coco Fusco (al final no pude llegar) me sumo a la sugerencia de "Weston", recogida por Prats. Es tan infame, tan denigrante ese acto de falsa constricción, para él en primer lugar, y para los otros acusados, que más valiera que se leyeran poemas de Padilla, siempre buen alimento para el espíritu: "Mujer de la lámpara encendida, ya velaste tres noches..." y lo que sigue.

Muy certeras respuestas de Ponte. Y coincido con un anónimo comentarista. Creo que mejor se hubiera organizado la lectura de poemas de Heberto Padilla, quizás el mejor entre los poetas coloquialistas de habla hispana, de su generación. Y por supuesto que no sólo por los poemas "sociales" o los "disidentes", donde se incluyen algunos de "El justo tiempo humano". La "pieza" es patética.

Profile picture for user Ana J. Faya

En el año 71, cuando sucede la autoconfesión de Padilla, ya se había iniciado el período de sovietización: La Zafra del 70 con la que Fidel Castro pretendió independencia económica, al fracasar lo ató más a Moscú; en el 70-71 se da el cierre del Dpto de Filosofía de la UH, y los estudios de pensadores considerados por la Academia de Ciencias de la URSS como reformistas, o traidores como Trotsky, para dar paso a una visión dogmática soviética del marxismo dictada desde el MINFAR por Tony Pérez, ideólogo de Raúl Castro. Tiene lugar el Congreso de Educación y Cultura con su infame declaración que selló el destino de la creación artística y literaria que no estuviera acorde con los intereses estrechos del régimen. La autoconfesión de Padilla fue parte de ese proceso, que dio pie al llamado quinquenio gris, durante el cual hasta escritos de Che se marginaron porque no eran afines a Moscú.......

Profile picture for user Ana J. Faya

.....La reacción contra la mise en scene de Padilla fue internacional y trascendente para la cultura cubana, en tanto cesó el apoyo de buena parte de la izquierda latinoamericana y europea al régimen.

El cruel y despiadado TOTALITARISMO , de corte marxista leninista ,castrista fue terrible experiencia para muchos. El caso Padilla fue tambien un despertar para muchos intelectuales de "izquierda" que al ver como Padilla hacia un mea culpa de forma tan bochornosa , rompieron con la criminal izquierda marxista. A proposito del caso Padilla ,recomiendo que lean el libro EL CERO Y EL INFINITO(epoca del terrible estalinismo en la union sovietica) , el autor describle los terribles interrogatios ,como el que le llevaron a cabo a a Padilla, para doblegarlo y hacer que se inculpara de cuantas mentiras , la policia politica ,seguridad del estado ,queria endilgarle.Rene Libertario.

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I."Fuera del Juego" fue un boom entre mi grupo de estudiantes de Medicina de Girón. El libro pasaba de mano en mano y las poesías de Heberto eran memorizadas por varios de mis amigos. Vivíamos una época de supuesta apertura llamada "democratización". La UJC-FEU (feto malformado creado años antes) sufriría una disección importante para dejar separadas ambas organizaciones. Las elecciones de las FEU se organizaron desde la base, pero desde luego, amañadas. En Girón, por ejemplo, el Presidente electo fue un tipo simpático llamado Salomón, pero ese amigo no era el "valorado" por el "poder" y de alguna manera explicaron que había que repetir las elecciones. El elegido fue "milagrosamente" Carlos Lage Dávila. Por aquella época hubo un conato de insubordinación estudiantil en Girón, y yo creo que los poemas de Padilla inspiraron a muchos de sus participantes. Aquello acabó con unas cuantas expulsiones de la escuela y una depuración en la UJC. En fin, turbulencias sin grandes repercusiones.

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II. A pricipios del año, yo había presentado un libro de poesías en el concurso 13 de Marzo de la Universidad de La Habana. Original y dos o tres copias entregadas al concurso, cuando de repente sale la noticia de que Heberto Padilla estaba preso. Yo, que nunca he sido un héroe, me aterroricé. Mi libro era cuidadosamente y no agresivamente disidente; pero como quiera, las expulsiones de alumnos de mi escuela y la detención de Heberto, me aterraron.
Cuando se produjo la "autocritica" de Heberto, entendí perfectamente su posición. Era desagradable ver aquello, no sólo porque se echaba un cubo de excrementos sobre su cabeza, sino por su delación directa de su esposa y algunos amigos. Desde luego que la Seguridad lo sabía todo. Heberto no le estaba haciendo daño a nadie que ya no estuviera "dañado"; pero la destrucción de su auto-estima debe haber sido tan grande como la de su imagen personal y artística. Simplemente, acabaron con Heberto Padilla.

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III.- Además, enviaron el clarísimo mensaje de que "fuera de la Revolución, nada". Yo aprendí mi lección. Me avisaron de la Universidad que recogiera mi libro y mis copias porque el premio 13 de Marzo había sido declarado desierto. Fui aterrado, los recogí y los guardé en el mismo closet donde mi madre había puesto la Caridad del Cobre casi diez años atrás. Esperé el golpe por muchos meses; pero gracias a Dios, nunca llegó.
Hoy me pregunto por qué no recordar y leer los poemas de Heberto en lugar de recordar y leer su "autocritica". Cuál es el (des)propósito? Supongo que Heberto vivió orgulloso de su obra, pero de ninguna manera le hubiera gustado que recordaran sus palabras. Aquello fue infame, y Heberto se mostró como era: un gran poeta, irónico y cortante, pero sin visos de héroe. Por qué hay que recordar eso? Para decir que fue un proceso stalinista? Eso lo sabe todo el mundo. No hace falta desenterrar esos huesos.

Muy bueno su testimonio. Lo felicito porque logra usted reflejar la conexión e impacto moral entre aquellos sucesos y los intelectuales lejanos al entorno del poeta. Fuí amigo de Heberto, he contado antes muchos detalles de nuestros encuentros, así como de su pasión por la política, que corría pareja con su afición al alcohol y total amor por la poesía. Aunque suponía, no tenía convicción que sus acciones estuvieran influenciando a jóvenes escritores, como usted, en aquellos días. A no dudarlo, Heberto Padilla impactó en nuestra política y cultura de una forma que la Cuba futura no debería olvidar, sino honrar. Gracias amigo Weston por sus comentarios.