La reconstrucción de Cuba tras décadas de abandono estatal no es solo una cuestión de cemento y ladrillos; es, ante todo, un desafío humano, financiero y de confianza legal. El colapso habitacional y vial que sufre la Isla obligará a un futuro Gobierno a replantearse desde la raíz cómo se proyecta, se financia y se ejecuta una obra.
Para abordar estas urgencias, DIARIO DE CUBA conversa con el arquitecto cubano Ariel Lema Díaz. Con una sólida trayectoria de más de tres lustros en el sector privado, donde tuvo su propia cooperativa de construcción, Lema Díaz fue el arquitecto principal, por ejemplo, del Hotel Parque Central, en La Habana, así como de varias instalaciones en Varadero.
Con una hoja de ruta en la que incluye servicios tanto para el Gobierno como para diversas firmas extranjeras, Lema Díaz disecciona el estado de parálisis técnica de la Isla y señala las reformas indispensables para que levantar un muro en Cuba deje de ser una odisea burocrática o un sumidero de inversiones perdidas.
Así lo expresa en esta entrevista, parte de una colaboración de DIARIO DE CUBA con el proyecto "Cuba: reconstruir y reinventar", del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo 21, destinado a pensar desde diferentes ámbitos cómo restaurar un país arruinado económica y socialmente, y hacerlo entrar en el siglo XXI.
¿Cuáles crees que son los principales desafíos que el país debe afrontar de inmediato en tu ámbito profesional? ¿Qué prioridades deberían atenderse primero?
"Para mí, la prioridad absoluta hoy es calificar y, antes que eso, incentivar a la fuerza de trabajo", afirma categóricamente y explica que el sector de la construcción en Cuba está sumamente devaluado y "mal pagado", especialmente a nivel estatal. Aunque en el ámbito privado o particular se paga un poco mejor, la pérdida de profesionales y mano de obra hacia otros sectores o hacia la emigración ha dejado un vacío dramático. "Hay que incentivar el pago del trabajo y, de inmediato, calificar a esa fuerza laboral".
El segundo desafío estructural es la alarmante falta de infraestructura industrial básica para sostener cualquier plan de desarrollo. "Hoy el país no tiene un 'bachiplan' (planta de asfalto), no hay bloqueras operativas, las canteras están desbaratadas y con la maquinaria rota", advierte.
Lema Díaz describe un panorama de desmantelamiento total en el Ministerio de la Construcción (MICONS): "El país hoy no cuenta con plantas de prefabricado ni de hormigón; no hay camiones para transportar materiales, no hay buldóceres ni equipamiento de construcción de ningún tipo. Ninguno. Esa es una inversión fuerte y urgente que hay que hacer".
En este contexto, sostiene que, bajo el actual modelo estatal de pretender controlarlo todo, "no se va a construir más nunca". Para Lema Díaz, es imperativo dar paso al emergente sector privado, aunque reconoce que en el escenario actual de inflación y desabastecimiento generalizado, los altos costos de los materiales y la enorme demanda acumulada hacen que edificar sea sumamente difícil.
Al propio tiempo, señala dos requisitos macroeconómicos indispensables sin los cuales ninguna inversión privada o extranjera será viable: el sistema energético y las garantías financieras.
"Nadie viene a invertir en un país donde el sistema energético no funciona. El país tiene que garantizar la energía para incitar cualquier inversión. Y lo otro es la garantía de pago: si no hay un mecanismo que asegure al inversionista extranjero que va a recuperar su inversión y cobrar su dinero, nadie va a meter un dólar en Cuba, por mucho que hablen ahora de arrendar u ofrecer hoteles para que los reparen y los exploten".
Desde tu experiencia, ¿qué marcos legales o regulatorios que afectan a tu área profesional en Cuba habría que crear, modificar o eliminar?
"Invertir en la construcción en Cuba es extremadamente difícil. Ningún inversionista tiene garantías reales de recuperar su inversión", señala. A esta falta de protección legal se suma la carencia de técnicos cualificados, lo que obliga a las empresas a importar personal técnico extranjero.
"Tú puedes traer una tecnología nueva con tus propios asesores para que enseñen a los operarios locales —como me sucedió a mí cuando trabajaba en Varadero con ingenieros canadienses—, pero sin seguridad jurídica básica de que puedes retirar tus dividendos, no hay incentivo".
El arquitecto califica de "tedioso" y "obsoleto" el entramado de trámites que rige la actividad económica en la Isla, destacando tres aspectos críticos que deben ser modificados o eliminados de inmediato.
La constitución de empresas mixtas: "Para conformar una empresa mixta o cooperada en Cuba nos metemos cuatro, cinco años o incluso más. Eso es algo que en cualquier país del mundo se resuelve en cuestión de meses. Es un tabú que frena las contrataciones internacionales".
La homologación de materiales de construcción: "Todo lo que entra al país debe ser homologado por un complejo sistema centralizado. Aunque esto se ha relajado recientemente, no ha sido por un diseño de control eficiente, sino por los altos niveles de corrupción. Es un sistema burocrático que desalienta a los proveedores extranjeros que traen materiales novedosos".
El monopolio de las importadoras estatales: "El sistema de las importadoras del Gobierno es una traba detrás de la otra. Hay que eliminar ese monopolio y permitir la importación directa para agilizar los suministros".
¿Qué nuevas tecnologías podrían ayudar a Cuba a saltar etapas y acelerar la recuperación y el desarrollo en tu sector?
"Para reconstruir el país no es necesario inventar la rueda ni aspirar a tecnologías inalcanzables en una primera etapa. Tecnologías hay muchas, son muy económicas y ya se aplican con éxito en decenas de países en vías de desarrollo", explica Lema Díaz.
El arquitecto descarta que Cuba deba priorizar de inmediato tecnologías de vanguardia como la impresión de casas en 3D. En su lugar, aboga por sistemas constructivos modulares, similares a los empleados por China. "Son sistemas muy económicos, modulares, que consisten en llegar y montar rápidamente. Son sumamente eficientes y dinámicos, y se pueden aplicar perfectamente en Cuba si se incentiva ese tipo de inversión".
Asimismo, enfatiza que la modernización tecnológica debe empezar por las herramientas más básicas del obrero en la obra, sustituyendo métodos casi medievales de trabajo manual que aún imperan en la Isla debido a la escasez.
"No podemos seguir trabajando con tecnologías obsoletas. Hoy existen materiales novedosos que facilitan enormemente la labor del operario. En Cuba ya no se puede seguir abriendo zanjas a base de pico y cincel; para eso existen sierras especializadas. No se puede demoler un muro de hormigón a fuerza de mandarria; se necesitan taladros percutores y martillos neumáticos. Son herramientas que no son caras, que están disponibles en el mercado internacional y que cambiarían por completo el rendimiento y la dignidad del trabajo en nuestras obras".
Díaz concluye que la tecnología y los recursos están listos en el mercado exterior, pero que en el contexto actual cubano la parálisis es total: "Hoy tengo mi propio negocio privado en el sector de la minindustria de alimentos y, al igual que ocurre con las obras de construcción, lo tengo completamente parado por el colapso energético. En Cuba para sobrevivir, hay que estar reinventándose cada día".