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Educación

En la Cuba de mañana, el gran desafío de la enseñanza universitaria será recuperar el personal calificado

Milena Díaz Molina, profesora de la Universidad de La Habana durante 30 años y hasta 2023 vicedecana del Instituto de Farmacia y Alimentos, reflexiona sobre el tema.

Madrid
La doctora en Ciencias Farmacéuticas Milena Díaz Molina.
La doctora en Ciencias Farmacéuticas Milena Díaz Molina. Cortesía de la entrevistada

La "pérdida muy significativa de capital humano altamente calificado" es, para Milena Díaz Molina, el principal desafío de la Educación Superior en Cuba, tanto a nivel de pregrado como de postgrado. Su experiencia de 30 años como profesora titular de Química Orgánica Farmacéutica en el Instituto de Farmacia y Alimentos de la Universidad de La Habana le permite conocer a fondo las interioridades de un sector que, como todo en la Isla, acumula un significativo deterioro.

En dicha entidad fue investigadora y obtuvo su doctorado en Ciencias Farmacéuticas en 2005; dirigió numerosos trabajos de investigación y tesis de grado, maestría y doctorado. Al momento de su salida de Cuba, en 2023, ejercía como vicedecana.

En tantos años de experiencia, Díaz Molina ha convivido con las limitaciones económicas del sector, algo que, a su juicio, podría resolverse a corto plazo, si en la Isla "hay un cambio como todos deseamos". Sin embargo, es menos optimista respecto a lo que considera el gran problema: la parte humana. Así lo expresa en esta entrevista, parte de una colaboración de DIARIO DE CUBA con el proyecto "Cuba: reconstruir y reinventar", del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo 21, destinado a pensar desde diferentes ámbitos cómo restaurar un país arruinado económica y socialmente, y hacerlo entrar en el siglo XXI.

¿Cuáles cree que son los principales desafíos que el país debe afrontar de inmediato en su ámbito profesional? ¿Qué debería atenderse primero?

Si hubiese un cambio inmediato en Cuba, hay varios desafíos en el área de la docencia universitaria. Uno de los más evidentes tiene que ver con la situación económica, que se ha ido agudizando con los años y que indiscutiblemente ha tenido un impacto directo en la calidad de la docencia.

Esto a veces pudiera ser imperceptible si se ve solo a corto plazo, pero cuando uno lleva muchos años en este ámbito se da cuenta de que ha habido una depauperación acumulada, lo que provoca una merma en la calidad profesional de los estudiantes que se van graduando.

En el caso de una carrera de ciencias con un componente práctico muy significativo, como en la que yo he impartido docencia durante casi 30 años, el impacto es aún mayor. La falta de equipamientos, de reactivos y de infraestructura en general limita mucho las prácticas de laboratorio, algo imprescindible en una carrera como la de Ciencias Farmacéuticas.

También hay una limitación de recursos y de oportunidades para el desarrollo de proyectos de investigación. Esto es algo que impide el desarrollo profesional y las posibilidades de intercambios académicos y científicos con otras universidades. Cada vez hay menos opciones en este sentido, a veces incluso hay limitaciones en las autorizaciones para estas becas de intercambio, lo que frena de forma notable la formación de los nuevos profesionales.

Pero ahora mismo yo diría que el desafío más importante que enfrentará la educación universitaria a corto plazo, suponiendo que haya un cambio como todos deseamos, será la pérdida muy significativa de capital humano altamente calificado. Eso es algo que no se resolvería a corto plazo. Suponiendo que de pronto haya un cambio y se produzca el despegue económico, como todos soñaríamos, pues obviamente esa pérdida de capital humano no se puede recuperar tan rápido.

Y eso ya está teniendo consecuencias muy directas sobre la formación, con un personal docente cada vez más envejecido, además de los muchachos jóvenes que se quedan trabajando en la universidad, pero que se irán en cuanto tengan una oportunidad tanto en Cuba como en el extranjero.

Estos son, en suma, los desafíos más importantes: la parte económica, que impacta en todos los sentidos, y la parte del capital humano, que sí es irrecuperable.

Desde su experiencia, ¿qué marcos legales o regulatorios que afectan a su área profesional en Cuba habría que crear, modificar o eliminar?

Con relación a los marcos legales y regulatorios que afectan la docencia universitaria en Cuba, habría que comenzar por un rediseño de los programas de estudio, que es evidente que necesitan otro enfoque. Habría que flexibilizarlos, eliminando toda una serie de asignaturas de corte netamente ideológico, disciplinas de marxismo-leninismo y de preparación para la defensa, que tienen un número elevado de horas dentro de todos los programas e impiden la incorporación de contenidos propios de la especialidad que se cursa y que, desde el punto de vista académico, son importantes. 

Esa actualización incluiría no solo aspectos científicos, sino también aspectos metodológicos que tengan en cuenta las nuevas tendencias pedagógicas y que fomenten la creatividad, la innovación, el emprendimiento, a tono con las nuevas tendencias del mundo moderno.

Otra cosa que considero que sería sumamente importante es que habría que pensar en una dirección universitaria con autonomía, así como en mecanismos transparentes y democráticos para la elección de rectores y decanos. Además, dichos mecanismos deberían tener más en cuenta los méritos académicos, como se hace en muchas universidades, donde la elección de la dirección viene respaldada por una decisión de las personas con más méritos científicos. Yo creo que eso es muy importante y sería parte del reclamo general del personal docente universitario.

Habría que modificar los reglamentos de acceso a la universidad, y los que rigen la vida universitaria y que parten incluso de la Constitución de la República, porque sería inevitable la aparición de universidades privadas que competirían por el acceso, los estudiantes y el financiamiento.

También habría que buscar mecanismos para atraer al personal docente calificado que se ha perdido y que sería clave para la recuperación de la calidad que se requiere. Esto también implicaría, obviamente, modificaciones de las certificaciones que acompañan el proceso docente, tanto de pregrado como de postgrado.

Habría que diseñar nuevos programas también para la enseñanza de postgrado, un intercambio mayor con universidades del resto del mundo, intercambio tanto de personal docente como de estudiantes. Habría que modificar muchos mecanismos y reglamentos que están basados política e ideológicamente en un único partido y en sus conceptos dogmáticos.

¿Qué nuevas tecnologías podrían ayudar a Cuba a saltar etapas y acelerar la recuperación y el desarrollo en su sector?

Hay una extraordinaria, gigante, exagerada carencia de recursos materiales. Disponer de ellos potenciaría de forma acelerada ese salto que se necesita. El equipamiento que hay es en su mayoría obsoleto, y no hablo solo de computadoras, sino de todos recursos que habitualmente se emplean en la enseñanza universitaria.

Además, hay un acceso limitado a internet de alta calidad que se requiere para una docencia acorde al siglo XXI. Si uno pretende participar en eventos en modalidad virtual, se necesita una infraestructura de la que la universidad no dispone. O, si dispone de ella, es muy limitada, con un control estricto para poder acceder.

También, cuando hablamos de nuevas tecnologías, ya es inevitable hablar de la inteligencia artificial, de todos los recursos educativos y docentes que se pueden desarrollar. Habría que formar al personal en este sentido. Es algo que se podría lograr en un corto plazo.

Asimismo, disponer de la tecnología que permita flexibilizar programas, flexibilizar modalidades de enseñanza, pasar a la semipresencialidad o a la enseñanza a distancia, facilitaría también el desarrollo de las competencias necesarias, fundamentales para ponerse a la altura de lo que se requiere.

Coletilla

La experiencia de Díaz Molina deja entrever el marcado deterioro de las universidades cubanas, en las que merma la calidad de la enseñanza y la ausencia de futuro es transversal a todas las disciplinas.

En la Cuba de mañana, tras una transición que se antoja inminente, la universidad tendrá que repensarse a sí misma sin la bota del castrismo y recuperar la calidad que tuvo una vez, esa que el resquebrajamiento de la sociedad cubana se llevó con él.

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6 comentarios

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Muy buen comentario ha hecho la Dra Molina, pero recordar que para alcanzar ese mañana las generaciones que hoy sufren tendrán que soportar cambios fuertes, contradicciones y mucho más hasta ir desapareciendo y esa es la realidad

Indudablemente la educación, tanto la elemental como la profesional son el fundamento para cualquier sociedad civilizada. Desgraciadamente nuestro país ha retrocedido tanto, que algo tan importante , tendrá que quedar en los asuntos pendientes, el día que se termine la desgracia que nos tocó como sociedad.
Nos cuesta mucho entender que hemos pasado de ser un país que a pesar de sus desigualdades era de los más avanzados del continente e incluso con niveles iguales y hasta superiores en algunos aspectos con países europeos, a ser comparable con los países más pobres de África y Haití. Soñar con educación universitaria del primer mundo, tendrá que quedar como una quimera, después que se pueda lograr satisfacer las necesidades básicas de un ser humano, como son tener agua potable asequible, energía eléctrica estable, alimentos y medicamentos y sólo entonces podremos pensar en un tema tan importante como este, pero no prioritario en condiciones de miseria.

Habrá muchos desafíos pedagógicos y didácticos. Pasan por los que abre la Inteligencia Artificial, aún en el campo de las Humanidades, mal llamadas Ciencias Sociales, aunque no son ni ciencias ni sociales. La eliminación del adoctrinamiento, de la UJC y demás lacras del castro.comunismo, se incluyen en los desafíos científicos, en la calidad de la educación terciaria. De acuerdo con Milena... No será fácil atraer profesores.

Gracias a Cuba Siglo XXI por esta entrevista a la Dr. Molina. Creo que es un tema que requiere una mayor profundidad y análisis. Se queda muy en la superficie en muchos puntos necesarios. Aún así, se agradece que se comience a debatir en cómo vemos y pensamos en una educación superior post-castrismo.