"Hay una perdida total de fe en el título universitario", dice Jorge Rondón, estudiante de Física Nuclear en el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas (INSTEC), de la Universidad de La Habana. "El título no garantiza una vida digna, y para los que logran graduarse solo quedan dos vías: irse al sector privado, donde los puestos de trabajo rara vez tienen relación con lo que se estudió, u optar por becas que permitan la salida al exterior", explica.
Su desaliento es compartido por muchos alumnos de Educación Superior en la Isla. En un país marcado por la crisis económica, los apagones, la escasez y el colapso de los servicios básicos, cada vez menos jóvenes ven en la universidad una vía de realización personal o profesional.
La mayoría de los jóvenes que está estudiando lo hace "solo con la esperanza de algún día ejercer la profesión fuera de Cuba", dice Amaury Cabreja, estudiante de primer año de Rehabilitación de Salud en la Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey.
"El desánimo no es solo económico: es político, social, humano", añade Cabreja. "La juventud siente que no tiene voz, y eso genera impotencia y desinterés".
A las carencias y el altísimo costo de la vida, las dificultades con el transporte público y los constantes cortes de electricidad, se suman la percepción de censura, represión, y la corrupción política, que producen hastío.
"Los factores que ocasionan la desmotivación no pueden verse aislados", dice Cabreja. "El primer factor es el político, y de ahí, como fichas de dominó, vienen todos los demás".
"En un país dónde hemos tenido tantos problemas políticos por tanto tiempo, la juventud, en especial, siente que no se le escucha, y eso ha creado una impotencia que se puede ver en una ausencia de sentido de pertenencia, cada vez menos compromiso y más desinterés en todos los procesos", añade.
La suma desemboca en la peor crisis que haya atravesado la universidad cubana en décadas. A pesar de que el Ministerio de Educación Superior desde hace algunos años ha venido relajando los requisitos de ingreso a las carreras universitarias, cada vez son menos los estudiantes que eligen ese camino.
Estudiar con la esperanza de ejercer fuera de Cuba
En el año 2021 ingresaban a las universidades cubanas más de 173.000 estudiantes. En el curso 2025-2026 las autoridades no publicaron cifras de ingreso, pero las plazas ofertadas eran poco más de 100.000.
La caída de la matrícula, influenciada también por la emigración y la baja tasa de natalidad de las últimas décadas, ha obligado a las autoridades a reconocer que hay una pérdida de interés de los jóvenes en los estudios universitarios.
"Muchos estudiantes ven como sus padres no pueden costear los gastos indirectos propios de la vida universitaria, como la comida y el transporte; tampoco, los materiales indispensables para la educación, como computadoras o libretas. Esto hace que busquen trabajos que, en algunos casos, coinciden con el horario académico", explica Jorge Rondón.
"Los apagones también son un factor notable; afectan el principal horario de autoestudio. A esto hay que sumarle la situación de un transporte público casi inexistente, con ómnibus abarrotados hasta lo inhumano y largas colas. Ante el colapso estatal, la solución que queda es el sector informal, con precios altísimos", añade el estudiante de Física Nuclear.
Por otra parte, la compleja situación que se vive en las residencias estudiantiles desestimula a los jóvenes que tienen que abandonar sus lugares de residencia para estudiar una carrera. La escasa y mala alimentación, y las pésimas condiciones constructivas y de higiene de las becas, son algunos de los elementos que enfrentan los estudiantes.
Mientras las autoridades del país siguen culpando al "bloqueo de Estados Unidos" y a una sumatoria de causas desconocidas que producen inestabilidad económica, la realidad es que, la cada vez menor presencia de jóvenes matriculando en la universidad —y permaneciendo en ella— es signo inequívoco de un país totalmente colapsado.
"Si sigo el curso natural de un graduado universitario veo un futuro terrible", dice Amaury Cabreja. "Los que se visualizan en Cuba, en realidad creo que lo hacen sin ningún entusiasmo, más allá de colgar su título en la pared".