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Sociedad

Cajas de metal bajo el sol del trópico: las 'casas-contenedor' y la crisis de la vivienda en Cuba

Expertos alertan sobre problemas de aislamiento térmico, corrosión y vulnerabilidad ante huracanes, en un país marcado por los apagones y la escasez de materiales.

Madrid
Varias casas-contenedor. DDC TV
Construcción de un barrio de 'casas-contendor' en La Habana.
Construcción de un barrio de 'casas-contendor' en La Habana. Diario de Cuba

La propaganda del régimen cubano esconde siempre segundas lecturas sobre las que vale la pena volver. Tras la presentación de las llamadas "viviendas modulares" o "casas-contenedor", y las inauguraciones de estas que encabeza la plana mayor del castrismo, se esconde una institucionalización definitiva de la precariedad estatal, así como el reconocimiento de que el Gobierno es incapaz de construir. Junto a todo esto, está la muy humana reacción de que "peor es nada".

En cualquier caso, una caja de metal bajo el sol del trópico, teniendo en cuenta las chapuzas constructivas habituales de los contingentes del régimen, destaca más por sus inconvenientes que por la solución que podría significar.

Anatomía del gueto modular

Consultados sobre esta tendencia, arquitectos e ingenieros cubanos coinciden en que la arquitectura de contenedores (cargotectura), aunque válida en ciertos contextos globales, choca con las realidades climáticas y materiales de Cuba. "Un contenedor es, en esencia, una caja de acero", explica bajo condición de anonimato un arquitecto independiente residente en La Habana.

"El acero tiene una conductividad térmica altísima. En un clima tropical húmedo como el de Cuba, con temperaturas que rozan habitualmente los 35°C, el interior de un contenedor sin aislar se convierte literalmente en un horno. Para hacerlo habitable, se requiere un aislamiento termoacústico de altísima calidad (lana de roca, poliuretano inyectado, pladur) y, sobre todo, climatización constante", detalla.

Aquí es donde el diseño deja de ser funcional, teniendo en cuenta la crisis energética nacional. Depender de sistemas de aire acondicionado para que una vivienda no sea un suplicio térmico es una utopía en un país paralizado por apagones de 20 o más horas diarias. Sin electricidad, la "casa contenedor" se vuelve inhabitable.

El mito del bajo costo

La narrativa oficialista y de algunos emprendimientos sugiere que estas casas son "económicas". Los arquitectos cuestionan el mito: lo único que se ahorra es la estructura gruesa (paredes y techo). El verdadero costo de una vivienda digna está en las terminaciones, las redes hidrosanitarias, el aislamiento térmico y la carpintería.

En Cuba, donde los paneles de yeso, las tuberías de PVC y los aislantes estructurales deben ser importados casi en su totalidad (pagados en divisas extranjeras), el costo final por metro cuadrado de un contenedor debidamente acondicionado puede igualar al de una construcción tradicional de mampostería. Aquí está entonces otra de las interrogantes: ¿el bajo costo se debe a las terminaciones deficientes?

Corrosión y vulnerabilidad ciclónica

Cuba es una isla alargada bajo el azote constante del salitre y los huracanes. El acero de los contenedores requiere un mantenimiento riguroso contra la oxidación mediante pinturas epóxicas y tratamientos anticorrosivos especiales, productos que brillan por su ausencia en el mercado minorista nacional.

Además, su ligereza relativa exige cimentaciones de hormigón armado muy bien calculadas y anclajes duraderos para evitar que los vientos de un huracán de gran intensidad los desplacen o deformen. En la Cuba actual, entre las mil carencias y la necesidad de terminar rápido las comunidades de contenedores para utilizarlas como mezquino acto de propaganda, la durabilidad de las casas parece tener los días contados: hasta el próximo ciclón.

El mercado negro y la degradación material

La viabilidad de estas viviendas como política pública también choca con la corrupción estructural que desvía los recursos estatales hacia el mercado informal. En las inmediaciones de las obras en la comunidad de Toledo, Marianao, los materiales destinados al acondicionamiento de los módulos se comercializan de manera clandestina.

Según datos obtenidos en el lugar por DIARIO DE CUBA, un contenedor para una vivienda de una habitación se cotiza "por la izquierda" en 1.400 dólares, mientras que el modelo de dos cuartos alcanza los 1.800. A ello debe sumarse un costo fijo de aproximadamente 1.200 dólares en concepto de adaptaciones interiores, redes hidrosanitarias y mano de obra.

Esta fuga constante de recursos impacta directamente en la calidad técnica de las viviendas entregadas a los sectores vulnerables. Ante el desvío y la reventa de insumos como el cemento blanco, los constructores estatales se ven obligados a emplear cemento puzolánico (PZ), de fraguado lento y menor resistencia, para las terminaciones y el enchape de baños y cocinas.

Expertos en construcción civil advierten que este déficit material provocará el desprendimiento prematuro de las losas y filtraciones estructurales a los pocos meses de su inauguración, acelerando el deterioro de unos habitáculos donde el espacio ya es crítico: los dormitorios principales apenas superan los 2,5 metros cuadrados y las viviendas carecen por completo de áreas destinadas a sala o comedor.

Una mirada sociológica

La sociología urbana ha advertido repetidamente sobre los peligros de crear asentamientos homogéneos basados en la precariedad material. Los propios constructores de las obras en Toledo, Marianao, reconocieron la paradoja en conversación con DIARIO DE CUBA: el anhelo legítimo de poseer un espacio propio tras décadas de vivir albergados los lleva a aceptar viviendas de baja calidad, en barrios con servicios públicos precarios o inexistentes, tendidos eléctricos improvisados y nula planificación social.

En el terreno, tanto operarios como futuros residentes coinciden en un diagnóstico: estos nuevos macroproyectos de metal corren el riesgo latente de convertirse en caldo de cultivo para la exclusión, el auge de economías sumergidas, drogas y delincuencia, como demuestran experiencias similares anteriores.

El drama habitacional más allá de la caja metálica

Las "casas contenedor" en Cuba no son inherentemente malas: son una alternativa tecnológica malograda por el contexto del país. Sin una industria nacional que produzca aislantes térmicos, sin un suministro eléctrico estable que garantice la habitabilidad interna y sin un mercado de materiales liberalizado y accesible para el ciudadano común, la cargotectura en la Isla no es un lujo exótico, sino un peligroso atajo constructivo.

El drama de la vivienda en Cuba no se resolverá importando cajas de metal desechadas por el comercio marítimo internacional para apilarlas en las periferias urbanas. Exige un cambio estructural: la liberación real de las fuerzas productivas, el fin del monopolio estatal sobre la importación de insumos de construcción y el diseño de políticas públicas que entiendan que el derecho a una vivienda digna implica, obligatoriamente, que esta sea habitable bajo el sol del trópico.

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1 comentario

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Solo el garage no climatizado de mi vivienda en USA cerrado alcanza los 100 Fahrenheits grados que convertidos a Celsius de Cuba son 37.7 y el techo es insolado, así que imagínense esos pobres humanos si un ventilador adentro de esos microwaves gigantes y sin disipación térmica....