La "obsolescencia tecnológica, la dependencia extrema de herramientas extranjeras y la imposibilidad de actualizar sistemas" constituyen uno de los principales frenos para el desarrollo digital y productivo de Cuba, considera un ingeniero informático con más de 15 años de experiencia.
Con una trayectoria que comenzó en 2010, su visión combina la formación técnica con la realidad diaria de mantener sistemas en funcionamiento bajo condiciones de recursos muy limitados. Ha trabajado en centros claves como Servicios a la Aviación Civil de Cuba (SERVAC) y las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD). En todos estos roles ha atendido el mantenimiento y operación de hardware y software, resolviendo incidencias con equipamiento obsoleto y conectividad inestable.
En esta entrevista, parte de una colaboración de DIARIO DE CUBA con el proyecto "Cuba: reconstruir y reinventar", del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo 21, este ingeniero analiza los desafíos estructurales del sector informático cubano, las reformas legales urgentes que necesita y las tecnologías que podrían permitir al país dar un salto cualitativo.
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¿Cuáles cree que son los desafíos y prioridades inmediatas que tiene que enfrentar el país en su profesión y/o área de especialidad?
Los desafíos que enfrenta Cuba en el sector informático son numerosos, profundos y altamente interconectados. Resolver un problema suele generar nuevos retos, creando un ciclo que dificulta el avance sostenido. Esta interdependencia exige que cualquier estrategia sea integral.
El desafío más grave y estructural es la obsolescencia tecnológica. Gran parte de la infraestructura del país funciona con equipos de diez o 15 años de antigüedad, con procesadores lentos, memorias insuficientes y discos en mal estado. Esto provoca lentitud extrema, caídas frecuentes de sistemas y paralizaciones de servicios completos cuando falla un componente y no hay repuestos disponibles.
Directamente unido a esto está la dependencia extrema de tecnología extranjera. Importamos prácticamente todo, servidores, redes, sistemas operativos y aplicaciones. La imposibilidad de pagar licencias actualizadas agrava la situación. Muchas instituciones operan con antivirus sin licencia o versiones piratas, lo que genera vulnerabilidades graves de seguridad, que pueden comprometer información sensible.
Otro reto fundamental es la preparación insuficiente de los trabajadores. Aunque las universidades forman buenos profesionales, la actualización continua es muy limitada. La mayoría de los informáticos se actualiza de manera autodidacta, mientras que personal de otras áreas, como contadores, médicos o administrativos, dependen cada vez más de herramientas digitales sin recibir entrenamiento adecuado. Esto genera errores constantes y pérdida de productividad.
La tecnología avanza a ritmo vertiginoso. Herramientas que hoy son estándar pueden quedar obsoletas en pocos años. Por eso el estudio constante debe ser una prioridad nacional, pero la falta de internet estable, los recursos limitados y los salarios bajos lo hacen todo muy difícil.
Las prioridades inmediatas pasan por modernizar la infraestructura con visión de sostenibilidad, asegurar acceso legal a software actualizado, implementar formación continua masiva tanto para especialistas como para usuarios de otras profesiones, desarrollar capacidades locales de adaptación tecnológica y mejorar las condiciones de los profesionales para retener los talentos.
Sin abordar estos problemas de forma simultánea, el sector informático no podrá impulsar la modernización del resto de la economía. La informática no es un sector aislado, es la base que habilita el avance en salud, educación, agricultura y turismo. Ignorar esto significa condenar al país a un rezago permanente.
¿Qué marcos legales o regulatorios que afectan su área profesional habría que crear, modificar o eliminar de inmediato?
El marco legal actual representa uno de los principales frenos al desarrollo del sector informático y de la economía digital en Cuba. Muchas normas fueron creadas para otra época y no responden a las exigencias de la transformación tecnológica global.
Es urgente abrir mayor libertad de trabajo con el exterior. Los profesionales y pequeñas empresas cubanas de software deberían poder firmar contratos internacionales, recibir pagos en divisas y colaborar con entidades extranjeras de manera ágil y transparente. Los trámites burocráticos, restricciones cambiarias y controles excesivos actuales desincentivan esta actividad, que podría generar ingresos importantes para el país.
Hoy el profesional cubano parte en clara desventaja cuando surgen conflictos por contratos, propiedad intelectual o pagos. Se requieren leyes específicas para el comercio electrónico, contratos digitales y resolución ágil de controversias, incluyendo arbitraje internacional. Deben eliminarse o flexibilizarse regulaciones excesivamente restrictivas que complican la creación y operación de pequeñas empresas tecnológicas. Registrar una startup de software debería ser un proceso simple, rápido y económico.
También hace falta una ley moderna de propiedad intelectual que proteja realmente al creador cubano y estimule la innovación. Es imprescindible regular el teletrabajo y el trabajo remoto internacional con normas claras sobre derechos, impuestos y protección social. Asimismo, urge crear un marco legal inteligente para criptoactivos, blockchain y finanzas digitales. Ignorar o prohibir estas tecnologías no las detiene, solo las empuja a la informalidad. Regularlas permitiría atraer inversión, facilitar remesas y abrir nuevos servicios.
Finalmente, se necesita una ley integral de ciberseguridad y protección de datos que defina responsabilidades sin asfixiar la innovación. Cuba debe pasar de un marco restrictivo y centralizado a uno flexible, protector y facilitador. Solo así los profesionales informáticos podrán desplegar su potencial y contribuir de forma decisiva al desarrollo económico del país.
¿Qué nuevas tecnologías podrían permitir a Cuba "saltar etapas" y acelerar la recuperación y desarrollo en su sector?
Para lograr un verdadero salto tecnológico, Cuba no debe copiar modelos tradicionales de infraestructura pesada y costosa. La vía correcta es adoptar tecnologías descentralizadas, ligeras, escalables y de alta eficiencia que superen las limitaciones actuales de hardware, conectividad y recursos financieros.
La conectividad satelital de baja órbita, como los sistemas Starlink y equivalentes, representa una oportunidad histórica. En vez de invertir sumas enormes en fibra óptica y torres terrestres, se podría lograr cobertura nacional de internet de alta velocidad en pocos años, incluso en zonas rurales y de difícil acceso, con mayor resistencia ante huracanes y desastres. El Edge Computing permite procesar datos cerca de donde se generan, reduciendo la dependencia de la nube internacional y el consumo de ancho de banda limitado. La Inteligencia Artificial Generativa, junto a plataformas Low-Code y No-Code, constituyen una de las mayores oportunidades, permiten crear aplicaciones complejas rápidamente e incluso con conocimientos técnicos básicos, formando en poco tiempo a miles de desarrolladores.
La automatización de servicios con IA podría digitalizar y agilizar la burocracia estatal y los trámites ciudadanos de forma mucho más rápida que el desarrollo convencional de software. Las nuevas tecnologías ofrecen alternativas reales al sistema financiero internacional, facilitando remesas seguras, micro pagos, comercio transfronterizo y registros inmutables de propiedad y títulos académicos.
Las arquitecturas en la nube y micro servicios permiten escalar según la demanda real, pagando solo por lo consumido y evitando inversiones en hardware que pronto queda obsoleto.
Para que estas tecnologías funcionen como motor de aceleración se necesitan marcos regulatorios flexibles, una política decidida de exportación de servicios de software y la integración de energías renovables, especialmente micro redes solares, para garantizar sostenibilidad energética. Adicionalmente, es vital invertir en ciberseguridad desde el diseño y en la formación masiva de talento.
Solo combinando estas herramientas con reformas profundas en infraestructura, salarios y regulación, Cuba podrá comprimir décadas de desarrollo en pocos años. El talento y la creatividad de los ingenieros informáticos cubanos existen. Lo que falta es eliminar las trabas que los atan.