El sistema sanitario de Cuba debe mantener su alcance y su gratuidad, pero modificando su infraestructura para poder garantizar un mejor modelo, sostiene el doctor Alexander Ciria, graduado de Medicina General en la Isla y especialista en Alergia e Inmunología Pediátrica.
"Cuba necesita modelos con un alcance y una visión duraderas para poder hacer frente a las epidemias que existen y a las enfermedades emergentes que hoy golpean a una población con un sistema inmunológico envejecido y sin tolerancia", afirma el máster en Enfermedades Infecciosas y doctor en Ciencias de la Salud en esta entrevista, que forma parte de una colaboración de DIARIO DE CUBA con el proyecto "Cuba: reconstruir y reinventar", del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo 21.
Alexander Ciria, quien actualmente se desempeña como pediatra en el Centro de Atención Primaria del área Maresme y la Selva, en Girona, España, aborda los desafíos que enfrenta el sistema de salud pública de Cuba y las renovaciones que requiere para revertir su profundo deterioro.
¿Cuáles cree son los desafíos y prioridades inmediatas que tiene que enfrentar el país en su profesión y/o área de especialidad?
Pudiéramos resumir que el principal desafío que enfrenta hoy la salud pública cubana es cambiar inmediatamente su modelo económico. Considero que los programas, en su esencia, están bien instaurados, pero su funcionamiento está apagado porque depende de la economía estatal.
Cuba necesita un cambio de modelo económico. Me atrevería a decir que necesitamos una economía libre de mercado con participación nacional y ayudas extranjeras o modelos de inversión extranjera, para que funcionen muchos de los ministerios.
Con esto no quiero decir que se cambie el sistema sanitario de atención, porque a mi entender debe mantener su alcance, su gratuidad, pero modificando su infraestructura para poder garantizar un mejor modelo en cuanto a la prestación de los servicios, que hoy prácticamente es nula.
La primera situación grave es la escasez severa de medicamentos, que afecta un 70%, según los datos estadísticos (oficiales). Yo me atrevería a decir que, si no está cerca del 100%, estaremos en un 80% o 90% de escasez de los insumos esenciales que se necesitan para mantener el estado óptimo de salud, pero sobre todo para garantizar programas que son esenciales y que hoy están en balance crítico.
Segundo, para nadie es un secreto la falta de personal sanitario, que es decisivo en los diferentes sectores que deben ser priorizados. El sistema primario de atención o del médico y la enfermera de la familia debe representar el primer eslabón bien fuerte, íntegro, para que de ahí salgan los demás sistemas. No podemos tener un sistema secundario, a nivel de hospitales, ni terciario, que funcione eficazmente a nivel de institutos, si el nivel primario no funciona.
Con esto me refiero a diferentes programas que hoy, a raíz de esta gran crisis que atraviesa el país, se han visto afectados y no se están cumpliendo al 100%, como el programa de enfermedades crónicas no transmisibles. Me detengo en el cáncer: no es que estemos teniendo mayor incidencia de cáncer, sino que no lo estamos detectando a tiempo. No lo estamos clasificando, no lo podemos tratar y, sobre todo, no podemos prevenir sus complicaciones.
Hablamos del programa materno infantil, programa por excelencia, porque de él dependen una serie de elementos en la cadena de la vida, que, si no los previenes, el desencadenamiento a futuro va a ser peor.
Lo otro muy importante, y que considero que hoy por hoy debe ser una de las prioridades, es el programa del adulto mayor. Una de las cosas más importantes es el envejecimiento poblacional sin garantías que está aconteciendo hoy en Cuba.
Hablamos de la compleja situación epidemiológica. Hoy Cuba se enfrenta a una situación epidemiológica que yo creo es la más adversa y la más compleja en años.
Esto evidentemente es directamente proporcional a la grave situación económica, que se traduce en la falta de recursos, de insumos, de prevención y que, por supuesto, repercute en la salud de la población a nivel individual y colectivo. La consecuencia de un país agotado en recursos es una epidemiología pudiéramos decir nula, no solo en vigilancia, sino a nivel de respuesta.
Esto lo vimos recientemente con los diversos tipos de arbovirosis, que ya emergieron como situación basal y repercuten cada año. Cada año que pasa es peor, porque si no vas a la raíz del asunto, a la epidemiología, no creo que podamos resolverlo.
Y para eso el primer problema es el modelo económico, que no es capaz de garantizar salud a nivel individual ni colectivo. Hay que recordar que el ser humano es un ser biopsicosocial.
Otra cosa importante, que viene también de ese modelo económico, es la crisis energética que afecta a la infraestructura hospitalaria. No podemos dar cumplimiento a una salud pública integral y de alcance, si no tenemos energía, porque todo depende de la misma base.
Eso acarrea problemas con el suministro de medicamentos, con la implementación de programas, de diagnósticos, de investigaciones, etc.
Esta crisis energética afecta no solo el entorno individual y poblacional, sino el entorno ministerial. No se puede dar cumplimiento a esos programas que son prioritarios para que la población tenga un nivel de seguridad en salud pública.
Necesitamos inmediatamente un modelo económico que sea eficaz, de largo alcance y que sea duradero en el tiempo. No necesitamos medidas parche.
Hoy nos enfrentamos a una población con un sistema inmune, pudiéramos decir, con una pobre tolerancia para las epidemias. Pero también tenemos tuberculosis nuevamente, porque es directamente proporcional a las condiciones de vida.
Tenemos enfermedades que emergen cuando ya estaban abolidas o silenciadas, como son enfermedades de piel, infecciosas, rubéola, sarampión, que no solo se están viendo en Cuba, sino también en otros países con modelos similares.
¿Qué marcos legales o regulatorios que afectan su área profesional habría que crear o eliminar de inmediato?
Creo que necesitamos reestructurar los marcos legales que existen hace muchísimo tiempo y deben ser reescritos con nuevas normas complementarias, sobre todo en el tema de protocolos y guías de buenas prácticas en salud para poder regular los nuevos derechos del paciente, porque la salud pública avanza constantemente. Pero no solo reescribir los derechos del paciente, sino también los de nosotros como profesionales de la salud.
Hablamos, por ejemplo, del consentimiento informado que regula explícitamente el derecho del paciente a conocer y ser informado sobre sus diagnósticos y sus tratamientos. Sobre todo, a ser más autónomo y poder decidir sobre dichos tratamientos. Algo muy importante, que hoy en Cuba es muy complicado, es el derecho a tener una muerte digna.
Esto debe ser apoyado desde un marco legal y jurídico, que se debe estudiar a profundidad, porque es una de las etapas más importantes como ser humano y a la que hay que prestar atención. También, al derecho a asistir y a acompañar en este proceso de la muerte.
Debe haber también una regulación en cuanto a los servicios digitales y la telemedicina, algo que en Cuba es imposible por el contexto de crisis energética. Por tanto, nos quedamos muy atrás en lo que se llama el movimiento de la medicina avanzada.
Esto mejoraría ampliamente la gestión sanitaria, reduciría los traslados y las estadías hospitalarias, a veces innecesarias.
Me centraría también en las regulaciones que nos limitan como profesionales de la salud, por ejemplo, para el trabajo por cuenta propia en muchas esferas dentro de la salud pública. Aunque se debe conservar la característica de sanidad pública, el trabajo por cuenta propia lograría aliviar en estos momentos servicios que el Estado por diversas razones no puede ofertar con una calidad óptima a la población.
Por supuesto, esto tiene que ser bien pensado, con garantías legales y debe estar regulado, como lo está en el mundo entero, donde existen múltiples sistemas de salud y todo se complementa y contribuye al mejoramiento y a la optimización de recursos y garantías de salud.
Se deben evaluar las restricciones migratorias que limitan la libertad de movimiento. No te puedes mover a ningún lugar, a no ser que te vayas de misión internacionalista, porque sales automáticamente del sistema sanitario.
También se deben revisar las o sanciones a aquellos profesionales que abandonan misiones, que son conocidas como destierro administrativo.
Para finalizar, creo que deberían volver a diseñarse los reglamentos de los estudiantes de Medicina, para que la formación esté enfocada en los estatutos médicos, la práctica profesional y la optimización de los servicios de salud a la población, no en el patriotismo.
¿Qué nuevas tecnologías podrían ayudar a Cuba a saltar etapas y acelerar la recuperación en cuanto al desarrollo del sistema de la salud pública?
Creo que lo más importante sería insertarse en la actual transformación digital e informatización de la medicina, o la llamada telemedicina, para empezar a implementar los recursos sanitarios en función del desarrollo tecnológico y el uso de registros médicos electrónicos, donde se integra la información del paciente.
La inversión en plataformas dedicadas a la salud nos daría soberanía tecnológica en cuanto al diagnóstico, que es muy necesario para el enfrentamiento de enfermedades, como las enfermedades cardiovasculares y las crónicas no transmisibles. Sobre todo, es importante la ayuda que nos brindan todos estos diagnósticos para prevenir malformaciones, enfermedades, etc.
Me quedo con las ganas de saber qué propuesta de nuevo modelo de salud pública habría para el país, una vez que cambie el sistema de gobernanza. ¿Más médicos de familia, o sobran? ¿Prioridades a la instalación de policlínicas? ¿A nivel municipal? ¿Qué especialidades pudieran pasar a la llamada medicina privada?
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