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Los profesionales cubanos están 'atrapados entre lo que saben hacer y lo que se les permite ejecutar'

El principal obstáculo para el desarrollo en Cuba es un sistema 'que prioriza el control y la desconfianza hacia la iniciativa privada por encima de la eficiencia y el bienestar colectivo', dice la ingeniera industrial y gestora financiera Elena Pérez Rodríguez.

La Habana
Cartel en una pared de La Habana.
Cartel en una pared de La Habana. Diario de Cuba

La "incoherencia entre la formación técnica avanzada y la capacidad de implementación real" constituye, para Elena Pérez Rodríguez, ingeniera industrial y especialista en gestión financiera, uno de los obstáculos más críticos que frenan el desarrollo económico en Cuba. Con una trayectoria que supera las tres décadas de trabajo, su visión integra el rigor de la ingeniería con la experiencia práctica en los sectores presupuestado, empresarial y de Cooperativa No Agropecuarias (CNA).

Elena inició su camino en la programación de sistemas en 1981, antes de graduarse como Ingeniera Industrial en 1992. Desde entonces, ha complementado su perfil con posgrados en Finanzas y Comercio, desempeñando roles estratégicos en el Ministerio de Transporte y en las tesorerías de entidades como ALCUBA y GBK. Su experiencia abarca la banca nacional e internacional, y en la última década se ha especializado en la gestión y fundación CNA, sector donde lidera actualmente.

En esta entrevista, una colaboración con DIARIO DE CUBA con el proyecto "Cuba: reconstruir y reinventar" del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo 21, Pérez analiza por qué el capital intelectual de la Isla se pierde en una "nube de sueños", la urgencia de dejar de perseguir la riqueza y cómo la tecnología debe servir para flexibilizar la economía en lugar de asfixiarla.

¿Cuáles cree que son los desafíos y prioridades inmediatas que enfrenta el país en su área de especialidad?

El desafío más grave y recurrente es la incoherencia estructural entre una formación técnica de alto nivel y la imposibilidad real de implementar soluciones. Como ingenieros industriales, nos forman para optimizar procesos, reducir costos, mejorar flujos y maximizar eficiencia. Sin embargo, en la práctica, nuestras herramientas de gestión son neutralizadas sistemáticamente por un marco burocrático asfixiante, un legalismo inestable y decisiones centralizadas arbitrarias.

He visto esto durante más de tres décadas: se elaboran estudios detallados de eficiencia en empresas del sector presupuestado o empresarial, se diseñan líneas de desarrollo con proyecciones realistas y, justo cuando el proyecto está a punto de madurar, llega un cambio administrativo repentino desde arriba que lo desarticula todo. El resultado es la destrucción sistemática de valor; se pierden inversiones en tiempo, recursos y, lo más grave, capital intelectual humano. El profesional se frustra, se desmotiva y, en muchos casos, termina emigrando. Ese talento formado con esfuerzo del pueblo cubano se disipa en una "nube de sueños" que nunca se materializa.

En el sector financiero, el problema es aún más agudo. Operamos bajo un sistema de control punitivo en lugar de gestión por calidad y resultados. El banco no actúa como facilitador del crédito ni como motor de la economía, se ha convertido en un órgano de vigilancia estática que paraliza los flujos. La imposibilidad de gestionar con autonomía los ingresos y egresos, la ausencia de una verdadera democratización del crédito y el "miedo regulatorio" a que los actores privados (incluidas las CNA) generen y acumulen capital, asfixian tanto al sector estatal como al emergente.

Esto tiene un costo humano directo, mientras los técnicos diseñamos soluciones para mejorar la cadena de suministros o la tesorería, la burocracia genera cuellos de botella interminables. Las cooperativas no agropecuarias, por ejemplo, enfrentan una tutela financiera permanente. En momentos de crisis de liquidez estatal, sus operaciones se paralizan. No hay acceso real a financiamiento en divisas salvo para unas pocas con perfil exportador, lo que agrava la brecha entre quienes sobreviven y quienes podrían crecer.

El pueblo sufre las consecuencias: escasez persistente, inflación descontrolada y una moneda nacional que pierde valor porque no se permite el movimiento financiero libre y productivo.

Pienso que una prioridad absoluta seria detener esta destrucción de valor y rescatar el capital intelectual antes de que sea irreversible. Sin continuidad operativa y seguridad jurídica mínima, no hay forma de avanzar ni de ayudar efectivamente al pueblo.

¿Qué marcos legales o regulatorios habría que crear, modificar o eliminar de inmediato para liberar el potencial del sector?

Urge una modernización profunda y definitiva del sistema bancario para que deje de ser un obstáculo y se convierta en la "parte noble" de las transacciones económicas. Hay que eliminar regulaciones obsoletas que pretenden controlar cada detalle administrativo sin mirar los objetivos reales de eficiencia y productividad. Lo más crítico es avanzar hacia la despenalización efectiva de la riqueza. Mientras se mantengan el estigma y las restricciones contra quien genera y gestiona capital de forma transparente, no habrá inversión a largo plazo ni incentivos reales.

Hoy, cualquier intento de acumular recursos para reinvertir se ve con sospecha, lo que desincentiva el emprendimiento y la expansión de las CNA y otros actores. Esto no es un detalle ideológico, es un freno concreto al desarrollo. Sin la posibilidad de que los actores económicos retengan y gestionen sus resultados, el ciclo virtuoso de la empresa (fundación, operación, reinversión, expansión o cierre ordenado) queda roto. Además, es imprescindible rediseñar el sistema de auditorías; deben medir eficiencia real, productividad y uso óptimo de recursos, no solo el cumplimiento formal de trámites burocráticos.

El marco legal actual genera inestabilidad permanente: normas que cambian sin previsibilidad, aprobaciones discrecionales y un exceso de controles que favorece la arbitrariedad sobre la meritocracia técnica. En las CNA que he ayudado a fundar y gestionar, esta inestabilidad se traduce en parálisis operativa. Los socios, que son propietarios en teoría, terminan atados de manos por requisitos excesivos, limitaciones en la comercialización y dependencia de autorizaciones centrales. El resultado es que el potencial de estas cooperativas para generar empleo local, servicios y valor agregado queda severamente limitado. Sin estos cambios (autonomía operativa real, estabilidad jurídica y eliminación del control punitivo), seguiremos desperdiciando el talento formado durante décadas.

¿Qué nuevas tecnologías podrían permitir a Cuba "saltar etapas" y acelerar la recuperación en el sector financiero e industrial?

El salto tecnológico no puede reducirse a comprar computadoras o implementar software de forma cosmética. Debe ser estructural y estar al servicio de la soberanía productiva y la flexibilización real de la economía. Necesitamos recuperar la industria básica y elevar un PIB que sigue peligrosamente estancado, sin depender exclusivamente de importaciones que el país no puede sostener. En lo financiero, una digitalización avanzada de las tesorerías y una banca digital robusta podrían eliminar gran parte de la intermediación burocrática inútil, agilizar cobros y pagos, y reducir los costos de transacción.

La inteligencia de datos y herramientas analíticas permitirían tomar decisiones basadas en evidencia, no en directivas centralizadas. Pero todo esto será inútil si los profesionales que usan estas herramientas siguen sin autonomía en los puestos de decisión. La tecnología debe servir para flexibilizar, no para reforzar el control estricto sobre cada movimiento. Si se usa solo como instrumento de vigilancia adicional, reforzará la asfixia en lugar de liberarla. El talento técnico que Cuba ha formado —ingenieros, programadores, financieros— podría transformar la realidad productiva si se le permite ejecutar con libertad responsable. De lo contrario, seguiremos exportando ese talento a través de la emigración, perdiendo para siempre la capacidad de ayudar al pueblo con soluciones concretas.

Después de más de 30 años diseñando sistemas, gestionando flujos financieros y acompañando la creación de cooperativas, mi conclusión es dolorosa pero clara, el principal obstáculo no es la falta de conocimiento ni de capacidad técnica del cubano. Es un sistema económico que prioriza el control centralizado y la desconfianza hacia la iniciativa privada y cooperativa por encima de la eficiencia y el bienestar colectivo. Esto genera frustración crónica, destrucción de valor y, en última instancia, imposibilita avanzar de forma sostenida.

El pueblo cubano merece que su capital intelectual se traduzca en resultados tangibles: más producción, mejores servicios, estabilidad monetaria y oportunidades reales. Mientras no se libere el movimiento financiero legalmente, se garantice autonomía operativa y se despenalice la generación de riqueza productiva, seguiremos atrapados en la brecha entre lo que sabemos hacer y lo que se nos permite ejecutar

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