El Acuerdo 10247/2025 del Consejo de Ministros, publicado tras el paso del huracán Melissa, dispone que el Estado cubano financie el 50% del costo de los materiales de construcción para los damnificados en Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín y Las Tunas. Sobre el papel, la medida parece un alivio para miles de familias cuyas viviendas fueron destruidas o severamente dañadas. En la práctica, sin embargo, el decreto ilustra la distancia entre las promesas oficiales y la capacidad real del Estado para cumplirlas.
Al cierre de marzo de 2025, el déficit habitacional en Cuba ascendía a 805.583 viviendas, de las cuales 398.364 requieren rehabilitación y 407.219 deben construirse desde cero.
En los primeros tres meses del año, apenas 2.728 nuevos hogares fueron levantados en todo el país, un crecimiento del 0,1% respecto al año anterior. En ese mismo período, el plan estatal de construcción solo se cumplió al 12%, según informes del Ministerio de la Construcción (MICONS).
El problema, más que presupuestario, es estructural. La industria nacional de materiales de construcción —cemento, acero, elementos de pared y carpintería— está muy por debajo de su capacidad, y las importaciones, sujetas a una aguda falta de divisas, son insuficientes. En este contexto, prometer materiales subsidiados equivale a prometer algo que no existe.
El nuevo acuerdo autoriza además créditos bancarios y subsidios para quienes no puedan pagar la mitad del costo, y ordena al Estado asumir el diferencial de las tasas de interés. También asigna responsabilidades a los ministerios de Finanzas y Precios y de Comercio Interior, así como a los gobernadores provinciales. Pero nada de esto modifica la raíz del problema: el país no produce lo necesario para construir ni siquiera una fracción de lo que debe.
El subsidio del 50% parte de un supuesto irreal: que hay materiales disponibles en cantidad y precio regulado. "Pero las tiendas están vacías, las fábricas no cumplen los planes y las familias terminan en el mercado informal, donde todo cuesta diez veces más", lamenta Rafa, un vecino de La Habana que sigue con su casita a medio hacer a falta de materiales y solvencia para buscarlos en divisas o a sobreprecio.
Hace seis años, poco después de que un tornado azotara varias localidades de La Habana como el barrio de Luyanó, en el municipio Diez de Octubre (27 de enero de 2019), varios damnificados dijeron a DIARIO DE CUBA que la recuperación sería "eterna". No estuvieron lejos de la realidad. En agosto, los residentes de una ciudadela en Calzada de Luyanó, entre Luco y Villanueva, seguían esperando que el Gobierno provincial ejecutara las acciones prometidas, y permanecían en un estado "entre la decepción y cierta esperanza aún", según publicó el diario oficial Juventud Rebelde.
Ahora, tras Melissa, la situación se repite con la agudización de la crisis de abastecimiento generalizada. El resultado, en la práctica, será la desigualdad: quienes tengan ingresos podrán reconstruir parcialmente sus hogares; quienes no, quedarán a la espera de un sistema que se paraliza en los anuncios.
El déficit habitacional cubano no es nuevo, pero el paso del huracán Melissa ha vuelto a mostrar la fragilidad del modelo estatal de vivienda. Desde 2019, el Gobierno ha aprobado sucesivos planes y "estrategias integrales" que rara vez superan el 30% de ejecución. La vivienda, uno de los derechos más postergados del país, se mantiene en el centro de una crisis estructural que mezcla ineficiencia, falta de inversión y dependencia externa.
El Acuerdo 10247/2025 puede aliviar la situación de algunas familias, pero su alcance es muy limitado. Mientras el Estado continúe subsidiando materiales que no produce y prometiendo casas que no puede construir, la política habitacional seguirá siendo lo que ha sido durante décadas: una promesa incumplida.
El problema de la falta de viviendas en Cuba NUNCA lo ha resuelto ese régimen, desde la década de los 60 hasta hoy, y cada vez peor. Ni con "recursos propios", ni microbrigadas, ni con ningún invento. Ese es un problema cada vez más grave en Cuba.