El Centro Histórico de La Habana, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, es uno de los espacios urbanos más valiosos del Caribe por su densidad patrimonial, su historia y su vida social. Sin embargo, detrás de la imagen restaurada que se exhibe al turismo —y que ya también se va resquebrajando— se extiende una de las crisis habitacionales más profundas de Cuba.
En La Habana Vieja, la conservación del patrimonio convive con un parque residencial envejecido, sobreocupado y sometido a un deterioro estructural que pone en riesgo tanto la vida de sus habitantes como la integridad misma de la ciudad histórica.
Un fondo habitacional al borde que colapsa
La mayor parte de las edificaciones de La Habana Vieja fue construida entre los siglos XVIII y principios del XX. Décadas de subdivisiones improvisadas, sobrecarga estructural y ausencia de mantenimiento han provocado un deterioro acumulativo que ya no puede considerarse excepcional, sino estructural. Como reconoce el propio Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, "aunque se han realizado acciones constructivas promovidas estatalmente y otras tantas acometidas por esfuerzo propio, apenas una cuarta parte del fondo residencial clasifica en buen estado".
El diagnóstico institucional confirma la magnitud del problema: en el área de acción del Plan Maestro existen alrededor de 3.500 inmuebles, en su mayoría de arquitectura colonial y republicana, de los cuales solo un tercio se encuentra en buen estado, mientras el deterioro avanza de forma acelerada.
El informe registra además 21.241 viviendas, muchas ubicadas en ciudadelas o cuarterías, con graves problemas estructurales, alta densidad y elevada compacidad urbana (grado de concentración, continuidad y eficiencia espacial de una ciudad, que en este caso no equivale a calidad de vida), donde predominan patios interiores y portales tradicionales hoy profundamente degradados.
El propio documento admite que las condiciones más críticas se concentran en esas ciudadelas y en antiguos locales comerciales o de servicios reconvertidos en viviendas, espacios donde abundan la falta de iluminación y ventilación natural.
Derrumbes, miedo y desplazamiento: la vida cotidiana bajo riesgo
"Aquí nadie duerme tranquilo", cuenta a DIARIO DE CUBA Adela, residente en un solar de La Habana Vieja. "Cuando llueve fuerte o pasa un camión pesado, una siente cómo cruje todo. Vivo con mis dos hijos en un cuarto que antes era un almacén, sin ventanas. Sabemos que es peligroso, pero ¿a dónde vamos? La Habana Vieja se ve muy bonita para el turista, pero la gente que vive adentro está aguantando con miedo".
La mayoría de las viviendas del Centro Histórico no cumple condiciones mínimas de habitabilidad y una parte significativa continúa ocupada pese a estar técnicamente en riesgo. Esa realidad se hace visible, de forma brutal, cada vez que ocurre un derrumbe.
En menos de 24 horas, dos colapsos parciales recientes volvieron a evidenciar el estado crítico del fondo habitacional del municipio. La noche del lunes 12 de enero se desplomó parte del baño de una vivienda en un inmueble de Aguiar y Muralla. No hubo víctimas porque una joven que reside allí había decidido pasar la noche fuera con su hija, por temor a un derrumbe propiciado por las lluvias. El edificio ya había sido identificado en 2018 como una construcción en estado crítico, sin que las reiteradas denuncias vecinales derivaran en soluciones, según recogió CubaNet.
El segundo incidente ocurrió la mañana del martes 13 en Teniente Rey, entre Aguacate y Villegas, cuando colapsó el alero de la azotea de otro edificio, poniendo en riesgo directo a varias viviendas. Aunque acudieron los bomberos, vecinos denunciaron la ausencia de funcionarios del Gobierno local o de Vivienda. Estos hechos se suman a una cadena de colapsos parciales y totales que han marcado la vida cotidiana de La Habana Vieja durante décadas.
Desde 2020, más de una decena de personas han muerto por derrumbes en el municipio, entre ellas cuatro menores de edad, y decenas de familias han sido desplazadas. El Plan Maestro reconoce que, en un contexto marcado por el fuerte peso del turismo —con 25 hoteles y más de 1.400 habitaciones que permanecen actualmente casi vacíos, además del crecimiento de restaurantes y comercios privados—, el 46% de las edificaciones requiere acciones de emergencia, el 21% rehabilitación, el 3% demolición y el 30% mantenimiento.
Las cifras históricas confirman que no se trata de episodios aislados. Entre los años 2000 y 2013 se reportaron 3.856 derrumbes de distintas magnitudes, lo que equivale a un promedio de 0,96 derrumbes diarios. Durante más de una década, casi cada día ocurrió al menos un colapso en La Habana Vieja. Son números del mismo Plan Maestro y detrás de cada uno hay familias que perdieron su vivienda y una presión creciente sobre un sistema habitacional.
"Después del derrumbe nos llevaron a un albergue 'por unos meses'. Ya van casi tres años", relata Lídice. "Vivimos hacinados, sin privacidad, y cada vez que preguntamos por la vivienda nos dicen que no hay materiales ni presupuesto. Perdimos la casa y también el barrio, la escuela de los niños, la vida que teníamos. Eso no sale cuando enseñan las calles restauradas".
La explosión del hotel Saratoga en mayo de 2022 agravó esta realidad: edificios colindantes quedaron dañados y numerosas familias fueron enviadas a albergues o casas de familiares, en soluciones temporales que amenazan con ser permanentes. Lo mismo ocurre tras cada derrumbe o evacuación forzada: el deterioro constructivo produce no solo ruinas, sino desplazamiento residencial crónico.
Patrimonio y abandono residencial
La Oficina del Historiador ha desarrollado uno de los programas de rehabilitación patrimonial más reconocidos de América Latina. Sin embargo, incluso desde dentro del sistema se reconoce una tensión estructural.
"Sabemos qué edificios están mal, porque los vemos todos los días", dice un obrero vinculado a labores de conservación y emergencias tras ajustar un andamio. No quiere hablar "más de la cuenta". Una vecina que le brinda un refresco opina: "Solo se hacen reparaciones mínimas para aguantar un poco más. Se prioriza lo que da imagen o función institucional, y las viviendas ahí quedan para después. El problema es que ese 'después' nunca llega", lamenta.
Mientras se restauran inmuebles para uso turístico, cultural o institucional —como el Tribunal Supremo Popular, situado en calle Aguiar número 367 entre Obrapía y Obispo—, miles de residentes continúan viviendo en edificaciones en riesgo, atrapados entre la protección del patrimonio y la ausencia de una política habitacional capaz de garantizar su permanencia en condiciones dignas.
Una familia entrevistada por el influencer español Dalmau para su canal de YouTube es otro ejemplo de lo que ocurre a cientos de personas en el centro de la capital cubana. En la casa vive un anciano que participó en la guerra de Angola, actualmente muy enfermo y en el abandono. Su habitación tiene las paredes "cayéndose a pedazos", con "soportes para que no se caiga" y techos de zinc que filtran la lluvia. Parte del balcón ya se ha desprendido, y el inmueble "en cualquier momento puede venirse abajo".
El deterioro se debe a un incendio que ocurrió hace años. Los materiales para la reparación "no aparecieron", explica una mujer. Las condiciones son insalubres, con el baño inutilizado, lo que los obliga a defecar en un cubo. La única ducha está en un cuarto de otra familia que también tiene la cocina, así que se bañan "en cubetas". La situación es extremadamente precaria, pero se resisten a la idea de irse a un albergue.
La crisis de la vivienda en La Habana Vieja no es un problema técnico ni coyuntural: es una cuestión estructural de derechos humanos, seguridad urbana y justicia social. La ciudad histórica hoy se sostiene sobre una población que vive literalmente bajo la amenaza constante del derrumbe.
La hija de Ulises Rosales del Toro utiliza los fondos de restauración que su Oficina del Historiador de la Ciudad dispone para comprar a precios baratos inmuebles en buen estado para tener un fondo inmobiliario para vender en caso de cambio fraude.....