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Vivienda

La Habana, una ciudad que se aterra cuando llueve

El miedo a los derrumbes no es histeria, es memoria de ladrillos cayendo y personas enterradas bajo los escombros.

La Habana
Edificios en ruinas y apuntalados en La Habana.
Edificios en ruinas y apuntalados en La Habana. DIARIO DE CUBA

Quien vive en La Habana aprende a mirar hacia arriba, no para ver el cielo, sino para calcular el peligro. Es un gesto instintivo. Nadie camina distraído, sin levantar la vista cuando pasa frente a uno de los tantos edificios desvencijados, con sus balcones y aleros agrietados que amenazan con caer como bombas de racimo en cualquier instante.

El constante peligro ha llevado a los habitantes de la ciudad a desarrollar ciertos protocolos. Cuando llueve, algunos guardan documentos en bolsas plásticas por si hay que salir corriendo; otros, cansados, se sientan a vigilar el techo, paredes y escaleras como quien vela a un enfermo. El miedo a los derrumbes no es histeria, es memoria de ladrillos cayendo y personas enterradas bajo los escombros.

"Cuando llueve se me olvidan los apagones y la tragedia de conseguir comida todos los días, nada más pienso en ese techo que se quiere ir al piso", cuenta María Elena Artiaga Oñate, una vecina de la calle Corrales en La Habana Vieja. "Si sigue lloviendo como en los últimos días, en cualquier momento nos mata esta armazón de vigas viejas".

Las intensas lluvias agravan el deterioro que durante décadas acumulan los inmuebles. Edificios antiguos con una falta crónica de mantenimiento, aunado a la creciente desinversión del Estado en el fondo habitacional, asientan las bases de cada colapso. Cuando llegan los aguaceros, el agua busca fisuras, añade peso a las losas, oxida el hierro y desprende estructuras.

Se trata de una cadena que se repite cada año, y que en 2025 se exhibe con crudeza. El azar es quien decide si habrá heridos o muertos.

Agosto va dejando una estela de siniestros de este tipo. El más reciente, ocurrido el pasado día 14, costó la vida de un hombre por el derrumbe de la planta alta del edificio donde instalaba un falso techo, ubicado en la esquina de Galiano y San Rafael, en Centro Habana.

En otro inmueble de tres niveles situado en Centro Habana, en la calle Laguna 204, entre Perseverancia y Lealtad, durante la madrugada de la misma jornada colapsó el balcón de la segunda planta y en la caída desprendió el del piso inferior, sin tener que lamentar fallecidos o heridos.

Un día antes, dos personas resultaron lesionadas por el derrumbe parcial de un edificio ubicado en la calle Castillo 216, entre Omoa y San Ramón, municipio Cerro. Una de las personas heridas fue reportada de gravedad, sin que las autoridades se pronuncien hasta el momento sobre su estado de salud.

Una peor suerte corrió el bebé de cinco meses Neimar Francisco Valdés Pérez, quien murió el pasado lunes 11 de agosto en El Cerro, tras el colapso de un muro provocado por las fuertes lluvias. La corriente de agua lo arrastró de los brazos de su madre y fue hallado minutos después por vecinos, que intentaron reanimarlo antes de su traslado al hospital, donde falleció.

Al calor de estos acontecimientos, el miedo a los derrumbes se intensifica con cada aguacero. Adrián Laborde Cáceres, custodio de una panadería en El Cerro, relata que su mujer lo llama varias veces en las noches que le corresponde trabajar y llueve. "No para hablar, solo me pide escuchar el goteo sobre el cubo, y que regrese lo más pronto posible", refiere.

En julio, la muerte de una niña de siete años en La Habana Vieja, aplastada junto a sus padres por una losa que se desprendió del techo mientras la familia dormía, desató un fuerte trauma en la pareja. "Nos marcó mucho porque también tenemos una hija y, en las condiciones de nuestra casa, puede pasarnos la misma tragedia", precisa el custodio.

Paralelo a los colapsos y las inundaciones, el presidente Miguel Díaz-Canel y autoridades provinciales realizaron recorridos por sitios de interés estatal en la capital, con énfasis en espacios históricos, recreativos y sociales.  En las visitas, se subrecorridos por sitios de interés estatal en la capitarayó la "vida política y cultural" de los espacios, la recuperación de instalaciones y cambios de gestión para "mejorar servicios" durante el verano.

El itinerario de visitas y mensajes se difundieron en la prensa estatal el jueves 14, en simultáneo con reportes de derrumbes e inundaciones en municipios como Centro Habana, Cerro y Regla, días donde los vecinos lidiaban con perdidas y riesgos inmediatos.

"Quieren tapar el problema a base de consignas y la gente está cansada de una presidencia que no resuelve nada al pueblo. Cuando tu vida corre peligro, porque una llovizna hace crujir al techo, no te importa escuchar más mentiras", acota Daniel Pérez Quesada, joven que reside en uno de los maltrechos edificios de la calle Belascoaín, en Centro Habana.

Situada en una zona baja de la Calzada de Monte, donde se deposita el escurrimiento de varias calles aledañas, basta menos de media hora de lluvias intensas para que el agua penetre en la vivienda de Iván Díaz Sarmientos. El edificio colindante, de tres niveles, en 2022 sufrió un derrumbe parcial —cuenta— y no ha terminado de caer por unos puntales de madera que lo sostienen.

"En cualquier momento se va del parque [se derrumba]. Cuando pase se va a llevar la pared que comparte con mi casa, que está agrietada de arriba hasta abajo. Lo más seguro es que nos tire el techo arriba", refleja Díaz, quien argumenta que la opción más lógica para quienes viven en condiciones de riesgo, sería cambiar de domicilio hacia una construcción más segura.

Sin embargo, descarta que esa sea una posibilidad real para familias con bajos ingresos. "El que se compre una casa ahora mismo es porque recibe dinero del exterior, tiene un buen negocio o le roba al Estado. La gente trabajadora, los que viven del salario, no pueden reunir dinero y comprarse una casa. Apenas ganan para comer unos días", puntualiza.

Su argumento también lo sostiene la crisis habitacional de la ciudad. Según datos oficiales de 2021, citados por el sitio oficialista Cubadebate, en la capital existen 185.348 inmuebles en mal estado, 83.878 requieren reparaciones parciales y 46.158 una reforma capital. Además, para damnificados ubicados en albergues se necesitan construir 43.854 nuevos hogares, más otras 11.458 viviendas para dedicar al crecimiento poblacional.

"Cuando el techo se descascara, le hablo bajito a mi cuartico, como si entendiera", dice Yudit Vargas la Osa, madre de una niña asmática en Jesús María. "Le prometo que mañana busco madera para apuntalar, que no la voy a dejar sola. He intentado, pero Vivienda no transa, no ha querido ayudarme con materiales para arreglar esto un poco".

Los testimonios repiten el miedo y resignación de los habaneros, que no visualizan una solución al final del túnel. Aún así, la vida sigue. Se friega con un cubo en la sala para contener la filtración; se cocina con la olla alejada del goteo y se conversa en voz baja, midiendo el peso de las nubes.

Cada aguacero aterra cuando sabes que tu casa puede no aguantarlo. No es la lluvia: es la desgracia que anuncia.

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UNA SUBLEVACIÓN NACIONAL ES NECESARIA YA. MUERTE A RAÚL CASTRO MUERTE A RAMIRO VALDÉS MUERTE A LÓPEZ MIERDA.-------
CUBANO, no esperes a que el tiempo los mate, adelántate al tiempo. Si eres policía o militar no uses tu arma contra tu pueblo, úsala a su favor y serás un héroe. ESOS VIEJOS NO SON HUMANOS, SON DEMONIOS, ASESINOS Y VENDEPATRIAS.