Se repite como un mantra: "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho". A 65 años de pronunciadas, las palabras de Fidel Castro aún persiguen a los artistas cubanos. Cada acción, cada gesto, cada tela en blanco, cada fraseo de rap, impacta contra ese precepto. Para los creadores disidentes, despojados de derechos, apenas quedan tres opciones: la cárcel, el ostracismo o el exilio.
Cuando Tania Bruguera escucha el término ostracismo, de inmediato recuerda a Antonia Eiriz, la gran artista del expresionismo a la que en 1967 condenó el crítico oficialista José Antonio Portuondo con este veredicto: su trabajo no era consistente con los principios de la Revolución.
"La silenciaron de una manera tal que la gente no sabía ya ni qué existía. La gente joven no sabía de su existencia, no conocía su obra", cuenta Bruguera. Antonia Eiriz abandonó sus pinceles. Solo después de su muerte en 1995 en Miami, vendrían en Cuba los homenajes oficiales. Recientemente, una exhibición en el Museo de la Diáspora Cubana en Miami ratificó su vigencia artística.
La propia Tania Bruguera debió enfrentar la censura oficial. Optó por asumir su arte como solo podía concebirlo, como una respuesta directa ante el poder. Decidió olvidar los consejos de sus profesores del Instituto Superior de Arte (ISA) para que no hiciera "cosas políticas" y creó la Cátedra de Conducta, y concibió su ARTivismo militante, que le valió la represión y la medida de casa por cárcel por su performance de 2014, El susurro de Tatlin #6. Su renombre como creadora respaldó las acciones del Movimiento San Isidro desde 2018, en protesta por el Decreto Ley 349, que restableció el permiso previo del Estado para las actividades artísticas en Cuba, cuando terminó el breve deshielo con el Gobierno de Barack Obama.
Hoy Bruguera vive en EEUU y enseña en Harvard. Sus obras están en las principales colecciones privadas y los museos más famosos del mundo. "Mi objetivo era hacer algo que fuera una alternativa al tipo de arte apolítico que estaba promocionando el Ministerio de Cultura, un arte no metido en ningún problema social, completamente estetizado y desligado de la población, un arte hecho básicamente para exportar y jugar a la nostalgia del país con la cosa soviética", apunta. "Yo no sentía esa nostalgia ideológica, yo la verdad que no sentía que pertenecía a nada, porque yo me identificaba más con la Generación de los 80, de la que fui una espectadora desde que era jovencita y estaba en la escuela. Yo no me sentía cómoda con los llamados de los 90".
A otro artista, Hamlet Lavastida, el régimen le ofreció el destierro como alternativa; un "billete de ida y no de vuelta", con el costo advertido por sus funcionarios: "Es probable que jamás vuelvas a ver a tu familia". Si rechazaba la oferta, la cárcel sería su siguiente destino.
Hamlet Lavastida fue uno de los alumnos aventajados de la Cátedra de Conducta de Tania Bruguera. Uno que desoyó las advertencias de sus propios compañeros de la Academia de Arte San Alejandro y del ISA donde "la censura no era necesariamente explícita mediante leyes escritas, sino una especie de mitología oral y una atmósfera intuitiva que existe desde antes de que hayas nacido. Sabíamos, sin que nadie nos lo dijera formalmente, que existían límites ideológicos que no debían cruzarse para evitar problemas", rememora.
En la profunda y obsesiva investigación historiográfica de Cuba que alimenta su obra, Hamlet Lavastida se alejaba cada vez más de quienes le recomendaban hacer ese arte que él llama sinflictivo, opuesto al "conflictivo". "Pero fíjate, chico, ¡cuántas denominaciones hay también! Está el artista que pinta paisajes bellamente o desnudos que no son nada conflictivos… Tomás Sánchez por ejemplo o cosas así. Tú puedes hacer ese tipo de trabajo…o algún paisaje, digámoslo", recuerda que le decía un funcionario para persuadirlo de que abandonara la orientación de su trabajo artístico.
Un día, en plena pandemia de Covid-19, regresó a Cuba tras culminar una residencia artística en Alemania y, luego de estar seis días confinado por una supuesta cuarentena, lo enviaron a la cárcel de Villa Marista. Era junio de 2021 y estuvo preso cerca de tres meses. Al salir, la Seguridad del Estado lo puso en un avión con destino a Polonia.
Porque, cuando los mecanismos blandos fallan, interviene la Policía política. Con Luis Manuel Otero Alcántara, quien se convirtió en paradigma del artista comprometido, funcionó así: 24 veces fue detenido. Se desnudaba para hablar de la vigilancia y la falta de privacidad en internet, acción que se sumó a muchas de sus performances donde se arropaba con la bandera cubana. Su participación en el boicot contra la oficialista Bienal de la Habana, así como en huelgas de hambre y vigilias, lo puso en la mira de las autoridades. En 2021, a raíz de las protestas del 11 de julio, lo detuvieron y condenaron a cinco años de reclusión por los delitos de "ultraje a los símbolos patrios, desacato y desórdenes públicos". Allanaron su casa, confiscaron sus obras y lo llevaron a la prisión de Guanajay, donde aún permanece recluido bajo duras condiciones.
"En un sistema como el de Cuba, desde cualquier posición que te expongas vas a estar censurado", dijo Luis Manuel Otero Alcántara desde la prisión en notas de voz para este reportaje. "En la cárcel, la libertad se te reduce a tener diez minutos de teléfono, a que puedas ver a tu familia una vez al mes, a que te tienen que pelar la cabeza, a que te dicen cómo te tienes que vestir. Pero un artista como yo, en cuatro años, he producido más de 4.000 pinturas y dibujos. He podido canalizar por ahí mi libertad y he podido ver cosas que no habría podido ver en la calle. No es que la libertad sea relativa, porque yo lo que quiero es estar en mi casa. Pero, aun estando en estas condiciones, que me afectan muchísimo, transformo esta realidad en un ejercicio estético, cultural. Y así pasa a mi alrededor. Hay libertades que se van logrando poco a poco. Cuba no es la misma de hace 60 años, ni la de hace diez, ni la misma de ayer, ni la de cuando salga. Uno aprende a disfrutar cosas, a ir resistiendo".
Pero la práctica de la censura adopta otras múltiples formas en Cuba, que echan mano del hostigamiento, la persecución y la amenaza contra los creadores que se desmarcan del catequismo revolucionario. Testimonios de diversos artistas permiten reconstruir esas modalidades, expuestas a continuación.
1. El destierro como anzuelo y arma
Cuando un artista se vuelve incómodo, el Estado utiliza el permiso de salida como una herramienta para su expulsión definitiva. Ha funcionado así históricamente, como un mecanismo de control, de premio y castigo, que opera bajo una lógica de dependencia paternalista. El Estado decide si viajas o no, y te impone que tu tránsito al extranjero no es un derecho, sino una recompensa proporcional a la fidelidad política o al silencio que el artista profesa. Su objetivo es eliminar físicamente al artista del espacio público de la Isla.
"Pensaba que uno de ahí [de Villa Marista] puede salir bastante desequilibrado o con una larguísima sentencia", ilustra Hamlet Lavastida. "Nunca fue la intención mía salir directamente hacia el exterior. Eso fue voluntad de los servicios secretos de inteligencia cubanos. Me propusieron el trato y yo realmente no sabía ni hacia dónde iba. Pensaba que eso era parte del propio sistema de la dictadura, que era un engaño, pero bueno, eso fue lo que ocurrió".
2. La "carta blanca" y los pasaportes oficiales
A partir de los años 90, mientras los ciudadanos comunes tenían restringido viajar fuera de la Isla, el Estado comenzó a otorgar facilidades excepcionales a los artistas. La carta blanca de los pasaportes oficiales favorecía a los cercanos al Gobierno, que recibían un estatus especial bajo la sombrilla del sistema. Estas facilidades permitían a los creadores viajar por el mundo, vender obras y firmar contratos comerciales, siempre y cuando se mantuvieran dentro de la estructura institucional. El miedo a perder este privilegio funcionaba como un freno contra la disidencia.
Para Solveig Font, curadora independiente y activista, hoy exiliada en España, "estos beneficios no eran derechos, sino concesiones estatales diseñadas para que los artistas se sintieran en deuda con el sistema o temerosos de las consecuencias de la disidencia", afirma en entrevista para este reportaje.
El otro filo de esta práctica es la instrumentalización del soft power. El Estado cubano se hizo experto en utilizar los viajes de los artistas para proyectar una imagen internacional de apertura ante sus aliados y públicos interesados, que compraron la idea de la Revolución y la vanguardia del "hombre nuevo". El régimen envía grupos de artistas seleccionados a exposiciones internacionales para utilizar el arte como una herramienta que le lava el rostro a la dictadura en el extranjero. El arte le ayuda a mantener cierta reputación de rebeldía y resistencia, atractiva para diversos públicos globales.
Coco Fusco, artista cubanoamericana, conoce muy bien la red de influencias que el Estado cubano urdió en su exportación de la nostalgia guerrillera para sumar solidaridades automáticas entre la intelectualidad: "Desde el Ministerio de Cultura se diseñan las políticas para blanquear la imagen de la Revolución que utilizan a los intelectuales para promover la utopía de la Revolución. Ellos hacen el trabajo diplomático y Casa de las Américas, por ejemplo, es la punta de lanza".
En abril de 2018 fue el último viaje de Coco Fusco a Cuba. Viajó a La Habana para participar en la 00#Bienal, el evento alternativo organizado por Luis Manuel Otero Alcántara y otros artistas independientes en respuesta a la decisión del Gobierno de posponer la Bienal de La Habana oficial para que no hubiese testigos externos de la revuelta del Movimiento San Isidro y de la represión que le siguió.
Fusco ha seguido de cerca la actuación de la Galería Continua de Italia, con sedes en San Gimignano, su sede inicial, y Roma, en ese mismo país; en Beijing, Les Moulins, París, São Paulo. La tiene por una auténtica, aunque oficiosa, embajada cultural de Cuba.
Y entre los presuntos embajadores de facto, Fusco reconoce a artistas de gran renombre internacional, como Michelangelo Pistoletto, representante del arte povera y autor de las conocidas "pinturas espejos", quien en mayo de 2015 recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de las Artes de La Habana y, en 2016, tuvo una retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes.
También entre los apóstoles artísticos del castrismo —siempre según Fusco— figura el autor y crítico uruguayo, Luis Camnitzer, visitante frecuente de Cuba y quien siempre prodigó argumentos para el poder censurador del régimen. O "la curadora de Arte Latinoamericano del MoMA, desde 2018, la argentina Inés Katzenstein; y el cubano Manuel González, quien fue curador de la Colección del Chase Manhattan Bank y ha representado a Kcho", sigue enumerando.
Pero Fusco destaca, entre todos ellos y de manera especial, a una pareja formada por la estadounidense Jodi Evans, cofundadora del grupo feminista-revolucionario de base, Code Pink, y el millonario Neville Roy Singham, de madre cubana y padre de Sri Lanka, "conocido como un socialista benefactor de causas de extrema izquierda", partidario de Hugo Chávez y del régimen cubano.
3. La "regulación" como castigo
El término "regulado" es un eufemismo utilizado por el régimen cubano para nombrar a los disidentes a los que prohíbe la salida del país y mantiene bajo vigilancia. Pueden ser activistas, periodistas y, por supuesto, artistas, entre otros. Las víctimas de esta arbitrariedad sostienen que se trata de un régimen de semiesclavitud.
Esta figura punitiva se utilizó ampliamente a raíz de la represión contra el Movimiento San Isidro, que surgió en 2018 y resultó especialmente castigado tras las protestas de julio de 2021. El Movimiento San Isidro se organizó como respuesta ante la promulgación del Decreto Ley 349, que oficializó la potestad del Estado para intervenir cualquier actividad creativa sin proceso previo y obliga a los artistas a estar inscritos en instituciones estatales para poder comercializar o exhibir su trabajo.
Yasser Castellanos es un artista que comienza su recorrido artístico en Alamar con los festivales de rap y de Poesía sin fin de Amaury Pacheco, y desarrolla su trabajo plástico marcado por el expresionismo abstracto y se une a las protestas de la #00Bienal y el Movimiento San Isidro. Para él, la regulación "es una etiqueta que tiende a reducir el número de tus relaciones humanas. Al usarla, el poder está advirtiendo que te has convertido en enemigo de la nación y que quien insista en mantener vínculos contigo tendrá problemas. Como experiencia revela cuán auténticos o no son los nexos que has mantenido, a veces, durante décadas. Muchos comienzan a pensar que solo te arriesgas porque obtienes algún provecho económico, pues aceptar que el activismo político está movido por razones éticas los lleva a cuestionarse por qué no están haciendo lo mismo y, si no pueden responder esa pregunta con honestidad, se sentirán incómodos".
4. La fabricación de delitos comunes
La imposición de cargos de delincuencia común es una de las herramientas más efectivas del Estado cubano para controlar, chantajear y deslegitimar a los artistas.
Casi todos los cubanos, incluidos los artistas, desde luego, se ven obligados en algún momento de su precaria cotidianidad a realizar actos ilícitos básicos para subsistir, como trocar cigarros, rones, productos de la bodega y otras mercancías, apelar al mercado negro o incurrir en manejos informales de divisas. El Estado lo sabe. Y lo cobra de manera discrecional. Aplica cualquiera de sus leyes a los rebeldes y les fabrica delitos comunes. Se trata de una conveniente hoja de parra con la que oculta la motivación política de las penas contra disidentes y que, a la vez, sirve para manchar la imagen ética del acusado frente a su familia y a la sociedad.
Como comenta Tania Bruguera, "en Cuba tienes que ser santo para que no te agarren por algo que no sea tu pelea por tu libertad, y obligarlos a reconocer que, si te arrestan, es por activista y no porque te peleaste con el marido de tu hermana o cometiste alguna falta fabricada. Ellos utilizan esas cosas, y muchas veces provocan conflictos, porque tenemos amigos activistas que saben que el Gobierno ha estado detrás de problemas incluso familiares. Lo hacen para desestabilizar. Si haces algo ilegal o cometes un error, te agarran por ahí y luego dicen que en Cuba no hay presos políticos".
5. El chantaje emocional
Es una de las técnicas de censura más sofisticadas y recurrentes en Cuba. Los artistas lo reconocen como un "juego psicológico perverso", dice Tania Bruguera, que busca manipular su conducta a través de la culpa.
Por ejemplo, un burócrata que dice ser amigo y protector empieza a rondarlos; finge una disposición personal a otorgar permisos para una exposición o una obra de teatro, alegando que lo hace porque confía en el proyecto. Todo va muy bien hasta que el artista concreta la obra, que irrita al Estado. Entonces el funcionario amigo apela al vínculo personal para reclamarle directamente: "Yo te di la oportunidad, y ahora me vas a meter en problemas". La culpa asalta al artista transgresor: ha traicionado una confianza personal y expuesto a su "amigo" a una sanción. Se siente responsable y opta por replegarse, por el mutismo, para no perjudicar al peculiar amigo.
6. Descrédito del artista exiliado
Con la partida sin regreso del artista disidente no termina la labor de la burocracia castrista para eliminar su influencia. El Estado cubano pone en marcha enseguida una narrativa oficial que afirma que lo auténticamente cubano es solo lo que se produce dentro de la Isla. Se intenta convencer al mundo de que el artista que sale de Cuba pierde su derecho a hablar por su pueblo y que su expresión, su arte, deja de ser válido.
Echando mano a su red de aliados y corresponsales culturales, el Estado presiona a instituciones extranjeras, festivales y bienales globales para que no exhiban a artistas independientes cubanos, amenazando con retirar las obras oficiales. Y así a menudo logra persuadir a otros en el exterior de que los exiliados son mercenarios que no merecen ni respeto ni atención. Mientras, en el interior, la campaña sirve para advertir a sus antiguos amigos y allegados de que, de mantener contacto con sus colegas en el exterior, pueden correr la misma suerte.
7. El aislamiento social y emocional
Siguiendo guiones propios de la Stasi y la KGB, los cuerpos de seguridad cubanos instrumentalizan un chisme o rumor para intimidar a disidentes o destruir sus vínculos afectivos. Lanzan acusaciones falsas contra un artista calificándolo de "mercenario", "agente de la CIA", "ladrón", "gay" o "puta", con el fin de que sus allegados y hasta su propia familia pongan en duda la integridad ética del señalado. Esto los obliga a elegir entre la lealtad al familiar o amigo, y su propia reputación social. Después, el chisme llega hasta los artistas que permanecen en Cuba y los disuade de mantener contacto con ellos, incluso si están en el exterior, por miedo a ser "metidos en el mismo saco".
De nuevo lo ilustra Tania Bruguera: "Antes de censurarte te aíslan. Es un ataque personal. Te descapitalizan porque te botan del trabajo, crean problemas familiares, presionan a tu mamá, papá, hermano, suegro o cuñado. Les meten miedo en sus trabajos para que te culpen a ti. Luego suelen crear algún suceso para asustar a tu entorno. Inventan historias verosímiles para que el resto se aleje de ti. El aparato represivo provoca que el entorno social se aleje, dejando al artista en una situación de aislamiento emocional".
8. La promesa de limpiar el expediente
Un infiltrado que obedece al Estado y se hace amigo del artista, se acerca a la familia de este. Sabe dónde trabaja cada uno de sus miembros, con quiénes se relacionan, quiénes son parejas o amantes, desde cuándo están juntos. Cuando el artista cruza la línea permitida, saca a relucir su método: generar dinámicas familiares tensas. Primero, presiona a los padres, al hermano, a la esposa, al hijo en sus centros de trabajo y les advierte que podrían ser despedidos por culpa de las cosas de su artista. La familia, por miedo a perder su sustento, termina suplicando al verdugo que "le limpie el expediente", y al artista que abandone su trabajo.
La Seguridad del Estado genera un conflicto familiar diseñado para desestabilizar emocionalmente al artista y forzarlo a detener su activismo. Solo espera que el artista cometa una falta (una pelea doméstica puede ser suficiente) y así tener una base legal para arrestarlo. Ya no solo le teme a la represión directa, ahora también se sienta moralmente responsable de la desgracia de sus seres queridos o conocidos, forzándolo así a la autocensura.
9. El largo brazo de la represión
Los tentáculos del Estado cubano se extienden más allá de sus costas. Activan mecanismos de censura transnacional que funcionan con la intervención diplomática directa. Así, por ejemplo, funcionarios de alto rango, como el mismísimo viceministro de Relaciones Exteriores, han visitado instituciones extranjeras para dar órdenes de no exhibir a ciertos artistas críticos. En la Bienal de Venecia, por ejemplo, Cuba posee un pabellón designado y se asegura de que solo los artistas alineados con el sistema tengan voz, cerrando las puertas del mundo a los creadores independientes o alternativos.
Una de las víctimas de esta política persecutoria fue la artista y curadora Sandra Ceballos, creadora en 1994 del Espacio Aglutinador y quien, por mantenerse firme en su decisión de dejar abierto su espacio, fue difamada y atacada en 2008 por el propio Consejo Nacional de las Artes Visuales de Cuba, en aquel momento al mando de Rubén del Valle, hijo.
"Además", recuerda Ceballos en una conversación para este reportaje, "Helmo Hernández, el director de la oficialista Fundación Ludwig, saboteó y censuró mi proyecto La punta del compás, donde convoqué a artistas coreanos. También me saboteó becas y proyectos internacionales como la residencia de Art in General en 1996 en Nueva York y el evento colectivo La dirección de la mirada en 1998, organizado por el curador cubano Eugenio Valdés y la curadora suiza de Pro Helvetia, Inés Anselmi. No logró sus objetivos gracias a la integridad de los curadores y organizadores de las diferentes instituciones de EEUU y Suiza".
Le ocurrió también a Tania Bruguera. El Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), en Santiago de Chile, invitó a la artista a un acto por la conmemoración de los 50 años del cruento golpe de Estado de Augusto Pinochet. La presión política no tardó en manifestarse. Sectores alineados con el Partido Comunista Chileno (PCCh), que mantiene una relación de "hermandad y confianza" histórica con el Partido Comunista de Cuba, obligaron a aplazar la inauguración y descartar la promoción en medios de comunicación. Organizaciones chilenas publicaron manifiestos de repudio acusando a Bruguera de "reaccionaria" y de utilizar el museo como lanzadera de ataques contra la Revolución Cubana. El alcalde de Recoleta, un distrito de la capital chilena, la calificó de "agente norteamericana disfrazada de artista", mientras la familia Allende exigía la suspensión inmediata de la muestra y un acto de reparación hacia los artistas cubanos revolucionarios que habían donado obras al museo. Pablo Sepúlveda Allende, médico, nieto de Salvador Allende, afirmó que se trataba de una "grotesca provocación" e "insolente agravio" a la memoria y el legado de su abuelo.
"La campaña de descrédito que yo he sufrido ha sido nacional e internacional… ¡Impresionante!", aún se asombra Bruguera. "Porque la censura en Cuba no es solo dentro de Cuba. La censura en Cuba es exportada a otros lugares. No te dejan participar. Yo he tenido exposiciones donde ha venido el director de la Bienal a decir que no me den la exposición".
Esa capacidad de incidencia extorsiva alcanza hasta EEUU, y ha conseguido poner en pausa eventos de artistas de renombre, como fue el caso de Luis Manuel Otero Alcántara en Florida.
En diciembre de 2025, el Doral Contemporary Art Museum, en la ciudad homónima del oeste del condado de Miami-Dade, anunció en su página web y en las redes sociales la apertura de la exposición Poéticas de la violencia. Su curadora, Claudia Genlui, destacó que por primera vez se reunía un conjunto de ocho esculturas, dibujos y obras visuales de Otero, algunas pertenecientes a la colección del magnate Jorge M. Pérez y otras a la Fundación Michael Fox, "surgidas durante su huelga de hambre y sed de 2021 y las realizadas antes de su actual reclusión en la prisión de máxima seguridad de Guanajay". Incluía una réplica de la Estatua de la Libertad de 2013, que se montó en el Malecón de La Habana y el Gobierno destruyó, relata Genlui. Pero un día antes de la inauguración de la muestra, el espacio privado, regentado por Marcelo Llobell, la suspendió. Después de estar trabajando durante seis meses en la exposición, apareció en el último minuto un trámite administrativo que debían haber gestionado ante la alcaldía de la ciudad de Doral. La muestra, que se ofrecía como "un llamado a decir no al silencio y sí al arte, a la verdad y a la vida", nunca pudo realizarse.
"No me dijeron que la suspensión era por la obra de Luis Manuel", admite Claudia Genlui, "pero uno inevitablemente piensa lo peor. ¿Por qué no me informaron que faltaba un permiso de la alcaldía de la ciudad de Doral? Esto no me había pasado ni en Cuba…No puedo decir 'Me censuraron', pero fue un shock, fue difícil de asimilar. Creemos que hay algo por detrás, un telón de fondo.
10. Confinar el arte
Un capítulo especial merece la criminalización del activismo y su confinamiento en determinados espacios estancos. O del ARTtivismo, como lo bautizó Tania Bruguera. El arte puede estar, cuando mucho, en las galerías, en Galería Habana, La Acacia, la Servando… Los eventos oficiales… Hasta en el Museo Nacional de Bellas Artes. Pero nunca en la calle, y menos de manera organizada.
Quienes reprimieron al Movimiento San Isidro y al 27N (por el pronunciamiento público del 27 de noviembre de 2021) tomaron las lecciones de quienes contuvieron y dispersaron los movimientos de los años 80 y 90, como aquellos legendarios Volumen Uno, El Castillo de la Fuerza, la Generación de los 80 y Omni Zona Franca, este último, creado por el poeta Amaury Pacheco y la actriz y activista performática Iris Ruiz.
El mecanismo consiste en desmembrar esos movimientos a través de la fragmentación de las generaciones de artistas. Al obligar a los líderes a exiliarse, el régimen rompe la continuidad de esos movimientos de protesta y los desarticula, evitando que la resistencia creativa logre una continuidad histórica.
Cada tanto, resulta efectivo para el Estado cubano emprender una purga diseñada para quebrar la fuerza colectiva de los creadores independientes. Así, la generación que le sigue se ve obligada a empezar de cero y el Estado garantiza que no haya una transmisión de experiencias hacia los creadores más jóvenes.
"La historia del arte independiente cubano está llena de lagunas", coinciden Tania Bruguera y Hamlet Lavastida. Las interrupciones sirven para que los nuevos artistas no tengan referentes cercanos y sean más fáciles de manipular o cooptar. Que el régimen permita florecer a los movimientos artísticos por una temporada, antes de cortarlos de raíz, ofrece la oportunidad de lucir bien ante públicos extranjeros mientras saca provecho a una nueva camada de artistas que reavivan el mercado, hasta que estos también pasen inevitablemente a ser críticos y el ciclo represivo se repita.
El mecanismo se perfecciona cuando se logra la ruptura de los vínculos cívicos y afectivos. Quedan seres fragmentados, en el exilio, en la cárcel, "regulados", cooptados, en un absoluto aislamiento psicológico, tanto para el artista como para el movimiento que dejaron atrás, lo que erosiona la conexión directa del arte con "la calle" y la ciudadanía, que es donde el régimen considera que el arte se vuelve verdaderamente peligroso.
"Tania Bruguera fue mi alumna. Ella intentó una performance en la Plaza de la Revolución y no la dejaron (...) No te van a dejar. En Cuba, las instituciones te dejan hacer las cosas mientras no sea en la calle ni esté visible para el público", señala José Bedia.
Tania Bruguera lo reafirma: "Antes hubo lo de Amaury Pacheco, que era un proyecto sólido. Yo admiraba lo que hacían porque los veo como un eslabón en este proceso. Yo creo que todo esto detona lo demás. De alguna manera se desenmascara al sistema, porque siempre se ha sabido que hay una línea no discutida de que el arte y los disidentes no se unen. Pero con todo lo que hicimos comenzó a venir gente que yo ni sabía quiénes eran. Eso quitó la careta porque todas estas artimañas que tenía la cultura para aparentar, para ser y aparentar, se revelan. Cuando pasó lo de la Plaza [de la Revolución], mandaron directamente a la Seguridad del Estado, o sea, ya ahí se ve que la solución con ese arte va a ser la Seguridad del Estado. Y yo estoy muy orgullosa de haberle quitado esa máscara. Cuando cerraron Omni Zona Franca, eso lo hacía el Ministerio de Cultura. Ahora no, mandaron a la Seguridad del Estado".
De esas fuentes bebió el Movimiento San Isidro de 2018, que representaría un quiebre tectónico en las relaciones entre la Revolución y los colectivos artísticos. Precisamente porque lo que llevó a cabo salió a la calle.
No se puede olvidar al recordar a este movimiento , a sus fundadores insignias ,los que estuvieron junto a Osorbo,a Alcantara como Iliana ,como Omara isabel Ruiz ,como Iamelis y otros ,en la casita" de Luis Manuel ,en la Habana vieja y su enfrentamiento a las hordas de la tiranía cubana que sembraron ,con tal actitud ,el inicio de muchas protestas de la población cubana y que fue un hito en nuestra querida isla plagada de "chivatientes" y "rosaditos" enmascarados en estos movimientos de "pseudo artistas" "sobre todo en el sector de la cultura y el arte y que en el transcurso de los años , han mantenido su actitud contestataria firmes .Por ello no entiendo como sus nombres no salen en este artículo pues ellos si son los verdaderos fundadores de este movimiento que inclusive le prohiben entrar en la patria. "Honor a quien honor merece".Todo el fuego ,hasta el arte para alimentar la hoguera.J.Martí.
Muchos recuerdos... Los escritores también hemos sufrido las represiones burdas y sutiles que aquí se enuncian. Gracias a la autora por el recuento.
Valdría extender el tema a escritores y artistas en general, armar un libro, muy necesario.
Tal vez en el campo cultural sea donde el régimen haya mostrado su lado más perverso. Me vienen a la mente la película alemana "La vida de los otros", y el ensañamiento de Silvio Rodríguez contra Mike Porcel.
“La vida de los otros” es una muestra de cómo la seguridad del estado ha mantenido la vigilancia sobre los artistas e intelectuales en Cuba también. La lista de abusos es larga, desde que consideraron la obra de Lecuona como burguesa, el castigo en campos de trabajo de Walterio Carbonell, el cierre del Caimán Barbudo, el cierre del Dpto de Filosofía, el ostracismo de los implicados en el caso Padilla, el cierre de Pensamiento Crítico, más la desaparición de la radio, TV y publicaciones de innumerables artistas y autores considerados contestatarios, los periodistas y escritores de la Primavera Negra y un etcétera muy grande, hasta hoy.
Gracias Ana por tu aporte. Tu memoria es prodigiosa. Y es que hoy más que nunca hay que mantener el recuerdo de estas miserias, que en la mayoría de los casos, tienen nombre y apellido de comisarios políticos.
Un detallito que dejo aqui : la famosa frase de la reunion intimidatoria está tomada de un sujeto el que FC admiraba desde joven con deslumbramiento de quinceañera ante estrella de rock. Benititico Mussolini, Il Duce, dijo en 1920: "tutto nello Stato, niente al di fuori dello Stato, nulla contro lo Stato".¨ ( "Todo dentro del estado, nada fuera del estado, nada en contra del estado."=) Como ñapa ; la frase ¨la historia me absolverᨠla dijo Hitler ante los jueces cuando fue juzgado luego en noviembre de 1923. En el juicio Hitler dijo: ""Aun cuando los jueces de este Estado puedan condenar nuestra acción, la historia, diosa de la verdad y de la ley, habrá de sonreír cuando anule el veredicto de este juicio y me me declare libre de culpas"
Si algo ha sido constante y efectiva bajo ese régimen, ha sido la represión. Y hacia los artistas e intelectuales ha sido, además, muy especial, porque es un sector al que le temen, al ser un sector que por su naturaleza promueve ideas.
Gracias a la autora por este artículo, y por los anteriores, que ilustran bien el panorama de las artes plásticas en Cuba.
El artículo es muy bueno y revelador y es un gran testimonio para las nuevas generaciones de cubanos que necesitan una memoria descriptiva de una época que el régimen quiere borrar. Para unos cuantos aquí que vivimos y sufrimos aquellas épocas de la cultura cubana y la persecución de las ideas, nos resulta familiar y a la vez triste, pero con tanto que ver, vivir, comer y disfrutar, los malos recuerdos se olvidan.