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El arte dominado

El regreso de las damas pródigas (VI)

Una cohabitación compleja con el poder de Cuba de dos figuras femeninas del coleccionismo de arte: sexta parte de una serie de la periodista de investigación Marianela Balbi.

Miami
De izq. a der.: Nina Menocal y Ella Fontanals-Cisneros. Detrás, obras de Arturo Cuenca, José Bedia, Carmen Herrera, René Francisco Rodríguez y Gustavo Pérez Monzón.
De izq. a der.: Nina Menocal y Ella Fontanals-Cisneros. Detrás, obras de Arturo Cuenca, José Bedia, Carmen Herrera, René Francisco Rodríguez y Gustavo Pérez Monzón. DDC

Una cohabitación compleja, marcada por periodos de cercanía, intereses mutuos y, finalmente, rupturas significativas, es la manera de describir la relación de dos figuras femeninas del coleccionismo de arte cubano —la cubana-venezolana Ella Fontanals-Cisneros y la cubana-mexicana Nina Menocal— con el poder en Cuba.

Nacidas ambas en el seno de familias pudientes de la Isla, debieron salir del país cuando los revolucionarios llegaron a La Habana, dejando atrás el abolengo, los recuerdos y las costumbres los clubes selectos habaneros. Las dos se casaron con magnates: una, con un venezolano de origen cubano, Oswaldo Cisneros; la otra, con un mexicano, Joel Rocha. Las dos comparten recorridos similares desde sus exilios por círculos culturales, donde se relacionaban con artistas, coleccionistas y funcionarios del Estado castrista, lo que les permitió a su regreso a la Isla hacer eventos, paseos en yates por las aguas prohibidas para los ciudadanos a pie, cenas con los funcionarios y hasta conversaciones con Fidel Castro.

Nina Menocal, bisnieta de un presidente cubano, fue una figura determinante en el éxodo de artistas cubanos hacia México a finales de los años 80. Allí creó en 1990 la Galería Nina Menocal, ubicada hoy en Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México. Primero se llamó NinArt y estaba en un apartamento en la calle Biarritz de la Zona Rosa de la capital mexicana, donde se convirtió en el primer espacio que recibía a los artistas cubanos. En esa sede hizo las primeras exhibiciones individuales y colectivas de arte cubano, y pasó a representar a los artistas ante los compradores de Ciudad de México, Monterrey y las ferias de arte internacionales.

Su primera gran apuesta fue la exposición colectiva 15 artistas cubanos, que inauguró en el año 1991. Entre los artistas de la exhibición estaban el artista cubanoamericano Félix González Torres, Tomás Sánchez, José Bedia, Arturo Cuenca, Luis Cruz Azaceta, Glexis Novoa, Adriano Buergo, Segundo Planes y Maggi Valdés.

A partir de esta experiencia, su idea de construir un puente entre los artistas cubanos dentro y fuera de Cuba le hizo ganar odios tanto entre los fieles a la Revolución, como en el sector anticastrista. En 1993, el entonces embajador de Cuba en México mostró su irritación porque Menocal mezclara en una exhibición a artistas oficiales con exiliados. A la par, Menocal recibió amenazas telefónicas anónimas desde Miami, en las que se le acusó de representar al Gobierno cubano y le advertían que no instalara un stand con obras de artistas que aún contaran con pasaporte cubano.

"Tomás Sánchez y Arturo Cuenca salieron a México a través mío. Tomás, a la Galería Arvil, donde tuvo una exhibición; y Arturo Cuenca, a la Galería de Arte Mexicano (GAM). Fue así como conocí a Arturo Cuenca y él fue quien me inspiró para que abriéramos una galería. La abrimos con la venta de una obra que vendí de Tomás, que me dio dinero para poder hacer", recuerda Menocal en entrevista realizada en su galería de Ciudad de México para este reportaje.  

Ocurrió 24 años después de que ella hubiera salido de Cuba con su familia, y coincidió con aquel exilio de terciopelo de muchos artistas de la Generación de los 80, como lo han llamado algunos críticos exilio de terciopelo.

"Cuba era mi país de origen y me estaba llamando. Por eso regresé con mi hermano Carlos, quien quiso acompañarme, porque era un país comunista y no quería que fuera sola", dice, a la vez que recuerda a Tomás Sánchez, a quien conoció en 1989 a través de su prima, Fichú Menocal. "Yo pensé que era un jesuita, muy guapo, siempre meditando, hablando de Teilhard de Chardin, una gente muy bonita".

Para José Bedia, otro de sus protegidos, Nina Menocal fue fundamental. "Era una señora muy fina y preparada, con educación cubana, que tuvo la idea de formar un grupo y hacer una galería. Atendía que nosotros hubiéramos llegado como inmigrantes a una especie de limbo legal; promovió nuestro arte y hubo una situación favorable promoviendo un arte que buscaba evitar ser propiedad exclusiva de un programa ideológico".

A la vez, y con el tiempo, la relación de Nina Menocal con Cuba se consolidó a través de sus Ninart-Havana Tours. "Sí, era una parte de la galería que llevaba a coleccionistas extranjeros, americanos y europeos a Cuba a conocer el arte cubano allá, y muchas veces compraban arte de los artistas y lo llevaban a museos en el extranjero", relata ella en entrevista para este reportaje.

Nina Menocal ha desarrollado estrechos vínculos con instituciones americanas como The Rockefeller Brothers Foundation, el Museo del Barrio de Nueva York, Museum of Latin American Art de Los Ángeles, Center for the Fine Arts de Colorado Springs, entre otros. También conecta a los artistas cubanos con centros de arte en España y Alemania.

De hecho, Menocal se convirtió en la embajadora natural de la cultura cubana en México, aunque a menudo se encontrara atrapada entre el fuego cruzado de quienes por un lado decían que ella procuraba divisas para el régimen y, por otro lado, que era un agente del capitalismo que reclutaba a los artistas para emigrar.

Los vínculos entre Cuba y México han estado signados por la mutua lealtad, siempre incólume ante las adversidades, y traducida durante los gobiernos del partido MORENA en México en el envío de petróleo a cambio de médicos. El Gobierno de México obsequió recientemente a Cuba una sede para el Centro Cultural México-Cuba Benny Moré, regentado por el Ministerio de Cultura de Cuba. La iniciativa cristalizó gracias a la estrecha amistad de los cubanos con Gabriel Osorio, un artista de Veracruz que trabaja con la fotografía, el dibujo y la instalación y forma parte de la galería Kurimanzutto, creada durante los años 90 en Nueva York por él, Mónica Manzutto y José Kuri. El Centro Benny Moré fue inaugurado el 26 de agosto de 2025 y tiene al frente al escritor Miguel Barnet, una ficha clave del oficialismo cubano.

En noviembre de 2024, Nina Menocal lamentaba en su blog las condiciones en las que debió realizarse la XV Bienal de La Habana, a la que asistió, celebrada en medio de la decadencia de las condiciones materiales de vida en la capital y la profunda crisis que padece la Isla, hasta el punto en que la muestra se inauguró bajo las tinieblas de un apagón más.

Más allá de un inconveniente con su pasaporte cubano, que la mantuvo varada unas semanas, relata: "No tuve muchos problemas. Salvo el asunto del pasaporte, que no lo tenía porque lo mandé a rehacer y no llegaba. Entonces me dijeron que me tenía que quedar en la Isla y, finalmente, un militar llegó y me lo entregó. Yo creo que ya pensaban que era mejor que yo me fuera de Cuba".

Desde hacía ya un tiempo, su vínculo se reducía a llevar artistas cubanos a Cuba, como el caso de Duvier del Dago, expuesto en su galería a finales de 2025. "Es un gran artista, un profesor del  Instituto Superior de Arte (ISA), tiene un currículo aclamado mundialmente y está en los museos del mundo. Y vino y pusimos una exhibición de él. Yo no sé si los artistas cubanos son más valorados cuando están en Cuba. La verdad que no sé. Los artistas que están en Cuba, muchos se han ido ya y ahora están en España. Tienen una colonia allá, con René Francisco Rodríguez, y ahí están. Y otros siguen en Cuba, que son los que yo voy a ver ahora en diciembre [de 2025], los que siguen en Cuba".

La agenda de Nina Menocal para un reciente viaje a La Habana incluía visitar y conocer a los artistas emergentes de la mano de Laura Arañó, curadora del Museo Nacional de Bellas Artes. "Me gusta ver sus talleres, qué están haciendo en el ISA, conocer a los nuevos, visitar también la Escuela Nacional de Arte (ENA) y la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Hay museos allá, está el LAM (Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam), que es buenísimo, y muchas galerías importantes".

La cohabitación con el Estado cubano no representa un problema para ella, aunque deja en claro que no tiene vínculos con el régimen. "Yo no tengo ninguna relación con el Estado, yo sencillamente soy cubana, voy a Cuba. Cuando hay una Bienal voy y cuando he podido llevar coleccionistas los he llevado. En la última Bienal llevé a una coleccionista, compró piezas de artistas cubanos. Al Estado le interesan las bienales porque atraen gente y turismo".

Su enlace, subraya, es con los artistas, "quienes son libres porque han llevado dinero a Cuba. El primero que llevó dinero fue Tomás Sánchez. Cuando llegó a México, a exponer en la Arvil, pues vendió todos sus cuadros, y ese dinero se lo llevó el Gobierno cubano. Claro, Tomás Sánchez se salió de Cuba por eso".

Ella, la caraqueña

La segunda dama del arte cubano es Ella Fontanals-Cisneros, quien creó Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO) en 2002 y mantuvo en Miami el Espacio de Arte CIFO, dedicado al arte latinoamericano, donde construyó una referencia para artistas emergentes y de mediana carrera.

Comenzó su colección en los años 70, primero muy focalizada en arte geométrico y cinético venezolano y latinoamericano. Sin embargo, en 1996 decidió abrirse para ampliar su radio de acción a Europa y ofrecer sus conexiones a jóvenes latinoamericanos. El programa de becas y residencias, desarrollado desde 2004, ha llegado a más de 250 artistas, cuyas obras forman parte de la colección de Ella Fontanals-Cisneros.

Personajes relevantes del ambiente artístico cubano forman parte de su fundación, como el artista Carlos Garaicoa, miembro de su junta directiva; y mantiene un estrecho vínculo con expertos curadores, como René Francisco —Premio Nacional de Bellas Artes de Cuba en 2010, profesor del ISA desde los años 90, y reconocido fuera de Cuba— y el crítico Gerardo Mosquera, uno de los fundadores de la Bienal de La Habana, quien vive entre La Habana y Madrid.

Para una importante exposición de arte cubano, concebida para el Museo de Bellas Artes de Houston y el Walker Center de Minneapolis, Fontanals-Cisneros invitó a Mosquera, a Francisco y también a Elsa Vega, curadora de arte cubano en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) desde 1993 y miembro de la Comisión Nacional del Patrimonio de Cuba. Crearon Adiós Utopía: sueños y decepciones en el arte cubano desde 1950, que reunió 100 piezas de más de 50 artistas. Todos ellos formaron parte del siguiente proyecto expositivo sobre arte cubano de los 50-90 que incluiría buena parte de las obras de la colección de Ella Fontanals-Cisneros.

En ese entonces, el director de CIFO era Eugenio Valdés Figueroa, de origen cubano y con una trayectoria en la institución suiza Casa Daros Latinoamérica, con sede en Brasil, y donde había trabajado con artistas fundamentales de la plástica en la región como Ernesto Neto, Carlos Cruz-Diez, Julio Le Parc, Oscar Muñoz, Juan Manuel Echavarría, Vik Muniz, Betsabeé Romero y Pablo Helguera, entre muchos otros. En sus primeros tiempos cubanos, Valdés Figueroa también había sido curador de arte contemporáneo internacional en el Centro Wifredo Lam de La Habana y cocurador de la Bienal de La Habana.

Ella Fontanals-Cisneros necesitaba justo una persona que irradiara su trabajo a una esfera internacional y que, a la vez, mantuviese vínculos frescos y cercanos con La Habana. Ella tiene en su haber como coleccionista de arte y filántropa haber llegado a Carmen Herrera cuando muy pocos en Cuba valoraban su talento como artista precursora del arte geométrico y del lenguaje minimalista, inmersa más en el abstraccionismo y muy lejos de las formas realistas, figurativas y telúricas de la tradición cubana de entonces.

No le faltaban conexiones para construir sólidas bases para su enclave artístico en La Habana, tan solo necesitaba un instante con Fidel Castro. En su libro, Ella por Ella, narra su encuentro con él, años después de haber salido con sus padres y hermanas hacia el exilio en Caracas. La reunión tuvo, según cuenta en el libro, una motivación tanto personal como profesional. Por un lado, Fontanals-Cisneros buscaba obtener información sobre el paradero y destino de uno de sus hermanos, quien en un principio había servido fielmente a la Revolución pero que luego cayó en desgracia. Por otro lado, deseaba expresarle a Castro su interés genuino por el arte cubano y su intención de ayudar en su promoción internacional.

Fontanals-Cisneros utilizó este acercamiento para que se comprendiera que su interés no era político, sino artístico, lo que facilitó de entrada sus gestiones para adquirir obras y organizar exhibiciones. Regresar como una exiliada de alto perfil y lograr una audiencia con el mandatario remarcó la posición única que llegó a ocupar en la escena cultural de Cuba.

"Yo sabía que si quería trabajar con el arte en Cuba no me quedaba más remedio que interactuar con la gente en el poder, interactuar con los funcionarios cubanos en esa especie de cohabitación compleja. El Gobierno permitía ciertas libertades porque el arte se traducía en fama para Cuba. Sin embargo, esto requería que navegara constantes investigaciones del Ministerio del Interior, que vigilaba que las exposiciones no incluyeran contenido contrarrevolucionario", recuerda Ella Fontanals-Cisneros en conversación para este trabajo.

Luego de varios años disfrutando de esa estrecha cercanía con la alta jerarquía castrista, donde llegó a tener a partir de 2011 una residencia en la exclusiva zona de El Laguito, Ella Fontanals-Cisneros no regresaría más a la Isla. La relación se fracturó sin remedio debido a confiscaciones y presiones de Seguridad del Estado.

Ella Fontanals-Cisneros comenta que la decisión de abandonar Cuba de forma definitiva fue el resultado de una progresiva ruptura de su relación con el Gobierno cubano, marcada ahora por la censura, la vigilancia policial y las trabas institucionales a su labor de coleccionista y promotora del arte cubano.

Uno de los puntos de quiebre ocurrió cuando las autoridades cubanas impidieron que el archivo de José Veigas saliera de la Isla. Se trataba de una valiosa colección hemerográfica y documental que ella había adquirido y que planeaba llevar a España, pues en Cuba no la dejaban importar ni siquiera los materiales necesarios para conservar ese patrimonio hemerográfico.

Luego ocurrió un episodio con varias obras del artista Hamlet Lavastida. El Gobierno cubano confiscó las obras que había comprado la coleccionista en Madrid, alegando que su contenido era una "afrenta a los principios del socialismo y a los héroes de la Revolución".

Hamlet Lavastida relata en entrevista para este reportaje que Ella Fontanals-Cisneros tenía los permisos en regla para llevar sus obras a Miami a bordo del yate que tenía en La Habana, pero las autoridades intervinieron, citando que Patrimonio debía revisar de nuevo el cargamento. "Al llegar a la Aduana, los funcionarios alegaron que los permisos de exportación eran falsos. De un grupo de 34 obras que me había comprado, el Gobierno cubano confiscó entre 13 y 14 obras".

"Las autoridades registraron durante tres días el barco y confiscaron libros de la exposición Adiós Utopía de Hamlet", cuenta por su parte Ella Fontanals-Cisneros.

Y agrega: "Comencé a sentir una presión extrema cuando la Policía política empezó a vigilar mi casa, interrogar a los empleados domésticos y a citar a mis amigos para preguntarles sobre mis movimientos. En una ocasión, mientras estaba fuera de Cuba, agentes de la Policía se presentaron en mi residencia para informar a la administradora que tenía prohibido recibir a cualquier artista cubano en mi casa. Me di cuenta de que mi casa ya no podría ser más el centro de reunión y de apoyo para la comunidad artística".

Ante la hostilidad mostrada por el régimen cubano hacia ella, su familia la convenció de evitar complicaciones en un entorno donde ya no era bienvenida como antes. Finalmente, en 2017, decidió dejar su casa en El Laguito y abandonar Cuba para trasladar sus proyectos a España.

Entre los planes actuales de Ella Fontanals-Cisneros está el lograr un acuerdo con alguna comunidad autónoma de España —quizás Asturias— y depositar allí su valiosa colección de arte latinoamericano, así como continuar con sus becas y residencias para artistas.

Nina Menocal y Ella Fontanals-Cisneros constataron que, aunque el Gobierno de Fidel Castro y sus sucesores les permitió la entrada por su capacidad de legitimar y financiar el arte cubano a escala internacional, la relación siempre estuvo mediada por un control político estricto que no toleraba la autonomía de las coleccionistas sobre temas considerados ideológicamente sensibles o patrimoniales. 

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