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Opinión

Editorial: La batalla por los médicos cubanos en el exterior

Las organizaciones de derechos humanos, los gremios médicos y el activismo independiente deben mantener la denuncia sobre los abusos contractuales allí donde ocurran.

Madrid
Ilustración sobre la explotación de los médicos cubanos enviados a misiones en el exterior.
Ilustración sobre la explotación de los médicos cubanos enviados a misiones en el exterior. Diario de Cuba

El control que el régimen cubano ha ejercido históricamente sobre sus profesionales sanitarios en el exterior muestra fracturas visibles, pero dista de ser un problema resuelto.

A partir de 2025, varios gobiernos que antes sostenían convenios bilaterales comenzaron a admitir irregularidades, cancelaron acuerdos o dieron paso a la contratación directa del personal.

La ruptura del esquema salarial en países como Granada y Jamaica, desde donde reporta DIARIO DE CUBA, asesta un golpe severo a La Habana. En contraste, plazas como Antigua y Barbuda exhiben resistencia al cambio, mientras que Guatemala rescindió su acuerdo bilateral. Por su parte, Dominica adoptó una fórmula en la que, pese al pago nominal directo, persisten mecanismos de coacción para forzar el desvío de ingresos hacia la Isla.

Cualquier salida resultará incompleta si los gobiernos receptores no garantizan al personal médico cubano contratos laborales individuales y un estatus migratorio seguro. El precedente de Brasil demuestra la viabilidad de quebrar la intermediación estatal, siempre que se acompañe de una homologación ágil.

De acuerdo con el "Informe sobre Trata de Personas 2026" del Departamento de Estado de EEUU, el contingente de trabajadores cubanos desplegados en el extranjero cayó de unos 24.000 a principios de 2025 a entre 15.000 y 18.000 en 2026.

Todos los avances constituyen una victoria de la sociedad civil independiente cubana, que ha denunciado durante décadas la semiesclavitud, la incautación de los salarios y las limitaciones de movimiento del personal sanitario y de otros contingentes comercializados como mano de obra cautiva.

La presión de EEUU —sanciones incluidas— y la posición de los nuevos gobiernos latinoamericanos han permitido poner fin a la extorsión en varios países. Sin embargo, el esquema castrista tiene a México como su principal aliado, aunque empiezan a operarse cambios discretos para los 3.000 profesionales.

En Italia, en pleno territorio de la Unión Europea, cientos de médicos continúan sujetos a esquemas opacos que alimentan las arcas del régimen a costa del salario de los propios profesionales. Entretanto, plazas como Catar y Venezuela muestran dinámicas distintas: mientras en Doha se cumplen al pie de la letra las exigencias financieras de La Habana, en Caracas el deterioro institucional y las tensiones diplomáticas sumen a la misión médica en una incertidumbre insostenible a corto plazo.

En cualquier caso, las organizaciones de derechos humanos, los gremios médicos y el activismo independiente deben mantener la denuncia sobre los abusos contractuales allí donde ocurran. Los profesionales no solo merecen una retribución acorde a su preparación y su trabajo, sino la posibilidad real de liberarse de la extorsión sistemática del régimen.

El avance de las demandas judiciales contra entidades cómplices y gobiernos contratantes refuerza la presión sobre el régimen: la impunidad con la que La Habana comercializó a sus médicos durante décadas encontrará su verdadero límite en los tribunales.

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