El Banco Central de Cuba (BCC) intenta convencer a los cubanos de que la entrada en circulación de billetes de 10.000 y 20.000 pesos no implica, por sí misma, más inflación. Sin embargo, sus propias explicaciones reconocen que esas denominaciones se crean para operar en una economía con precios disparados, fuerte demanda de efectivo y una moneda cada vez más desconectada de salarios y pensiones.
La defensa de la medida, publicada por Cubadebate, llega apenas una semana después de que el BCC comenzara a distribuir los mayores billetes de la historia del peso cubano, primero en La Habana y de forma gradual en el resto del país. La entidad presentó la medida como una adaptación del cono monetario a las "condiciones actuales de la economía", en particular a la necesidad de manejar grandes cantidades de efectivo y reducir los costos de trasladarlo y procesarlo.
La explicación oficial
En una serie de infografías, el medio oficial sostiene que "más billetes no necesariamente significa más dinero" y que imprimir un billete de mayor valor "no significa necesariamente crear dinero nuevo".
Según el razonamiento oficial, el dinero no existe únicamente como efectivo, sino también como saldos bancarios. Las imágenes publicadas señalan que los nuevos billetes pueden responder a la necesidad de convertir depósitos en efectivo o a la sustitución de fajos de billetes pequeños por otros de mayor denominación, sin que ello implique, automáticamente, una expansión de la cantidad total de dinero en circulación.
Las tarjetas señalan tres factores detrás de la creciente demanda de efectivo: la inflación, la informalidad económica y las limitaciones tecnológicas. La primera obliga a utilizar mayores sumas para realizar las mismas transacciones; la segunda empuja operaciones fuera del sistema bancario, y la tercera alude a las dificultades de conectividad y uso desigual de pagos electrónicos en el país.
Sin embargo, la propia infografía contiene una admisión difícil de eludir: los billetes de mayor valor pueden ser una respuesta a una inflación ya existente, "no necesariamente su causa". Esa precisión, que pretende desactivar las críticas, confirma justamente que la medida es consecuencia del deterioro del poder adquisitivo del peso cubano.
No se trata, por tanto, de que cada nuevo billete de 10.000 o 20.000 pesos vaya a provocar mecánicamente una subida de precios. El problema es que la necesidad de imprimirlos evidencia el nivel al que han escalado los precios y el volumen de efectivo que exigen las transacciones cotidianas en Cuba.
Una "solución técnica" a la pérdida de valor
El BCC anunció el 16 de septiembre que las nuevas piezas monetarias, con las imágenes de Haydée Santamaría y Vilma Espín, se suman a los billetes de 2.000 y 5.000 CUP emitidos en marzo. Según la institución, todos mantienen su vigencia y no sustituyen las denominaciones anteriores.
La entidad justificó la actualización para "facilitar las transacciones en efectivo", responder a una economía que demanda "altas cantidades de dinero" en esa modalidad y hacer más ágil la operatoria "en los momentos actuales de inflación por la que atraviesa el país".
Esa formulación contrasta con la campaña posterior, que evita establecer una relación directa entre los nuevos billetes y la inflación. El vínculo está reconocido por el propio Banco Central, no como causa inmediata de la inflación, sino como adaptación logística a una economía donde la inflación ya redujo de manera drástica la utilidad de los billetes de menor valor.
El valor nominal de los nuevos billetes ilustra el alcance de esa degradación. Un billete de 10.000 CUP equivale a unos 14 dólares a la tasa informal, mientras que uno de 20.000 CUP ronda los 28 dólares, según los cálculos difundidos el mismo día de su entrada en circulación.
Un billete que supera varios salarios
El economista cubano Pedro Monreal ha advertido que la emisión puede tener una justificación operativa —reducir el número de billetes necesarios para realizar pagos elevados—, pero revela una contradicción mucho más profunda: un solo billete de 20.000 pesos equivale a casi tres salarios estatales medios mensuales.
Con un salario mínimo cercano a 3.210 CUP y un salario estatal promedio que apenas supera los 7.000 CUP, la nueva denominación mayor se sitúa por encima de lo que buena parte de los trabajadores estatales recibe en uno, dos o incluso varios meses. La crítica de Monreal apunta a que el cono monetario parece adaptarse menos a los ingresos derivados del trabajo que a los precios de un mercado crecientemente referenciado al dólar, las remesas y las transacciones informales.
En una economía con moneda estable, el billete de mayor denominación suele facilitar determinadas operaciones sin convertirse en un múltiplo tan elevado del ingreso mensual medio. En Cuba, en cambio, la aparición de un billete de 20.000 CUP expresa que el peso ha perdido capacidad tanto como reserva de valor como unidad de cuenta de los salarios.
Mientras el BCC intenta presentar la medida como un ajuste funcional, los cubanos enfrentan una economía en la que las pensiones y remuneraciones estatales resultan insuficientes frente a los precios de los alimentos, los servicios y las divisas.
En realidad lo que esta haciendo el BCC es "efectivizando" el dinero a partir del fracaso que fue la bancarización forzosa y es que los medios de pago en una economía deben ir de la mano del nivel de desarrollo de las economías, si no me creen miren estadísticas de penetracion de pagos digitales en países como Chad, Honduras, Mauritania y comparen con las de Alemania, Suecia, Noruega etc, es decir el uso de medios de pagos digitales esta ESTRUCTURALMENTE determinado por el nivel de desarrollo de las economías, básicamente porque en países pobres gran parte del consumo se realiza en mercados informales y este tipo de mercados prioriza los pagos en efectivo, o el efectivo como medio de pago. El BCC esta reculando una decisión que desde el principio estuvo errada.
El gobierno cubano está anticipando mucha inflación. Sin embargo, los comerciantes cubanos necesitan una denominación alta para mover los miles de pesos que recaudan.
El peso ha perdido tanto poder adquisitivo que el sistema necesita billetes cada vez mayores para funcionar.