La inflación disparada en los pasados cuatro meses en Cuba y el desplome del Producto Interno Bruto (PIB) derivado de la parálisis productiva del país dibujan un panorama terrible para la evolución económica, con consecuencias que los cubanos sufren todos los días.
En un análisis a partir de las cifras del informe "Índice de precios al consumidor", que publicó la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el economista cubano Pedro Monreal concluye que "por cuarto mes consecutivo, el aumento acumulado de los precios al consumidor en julio de 2026 superó el registrado en igual período de 2025: 15,12% frente a 8,79%, casi el doble".
Lo anterior, "sumado al desplome del PIB, (...) confirma la entrada en una espiral de destrucción económica ante la cual la imprecisa política macroeconómica oficial ha quedado ampliamente rebasada".
Advierte Monreal que no existe por ahora evidencia de que el así bautizado "Programa Económico Social del Gobierno 2026" ni el paquete de 176 medidas anunciadas a bombo y platillo en junio pasado para abrir la economía a la inversión privada "puedan ofrecer soluciones ante una desestabilización macroeconómica que limita severamente la efectividad de las transformaciones oficiales propuestas".
"La situación podría ser peor, porque el análisis de la inflación en Cuba debe partir de la cuestionable confiabilidad de su medición oficial. Muchos economistas consideramos que las estadísticas oficiales subestiman la inflación", advierte.
Si bien el incremento interanual de los precios al consumidor reportado oficialmente es del 20,7%, el Hanke Inflation Dashboard, que elabora el economista Steve Hanke, estima que la inflación en Cuba a la altura de julio ronda el 72% interanual, señala Monreal.
"El desequilibrio macroeconómico —expresado en un aumento persistente de precios— tiene causas estructurales, pero en el corto plazo el factor geopolítico es crucial. El endurecimiento de las sanciones de EEUU agrava las insuficiencias de un modelo de planificación centralizada disfuncional", apunta.
Según las cifras oficiales de julio, el efecto sobre los precios del transporte se redujo debido a la grave crisis energética y la casi total paralización de los servicios de traslado estatal de pasajeros de la Isla. Ello, luego de que ese segmento registrara "un aumento excepcional en febrero de 2026 y que se mantuvo elevado durante los dos meses siguientes, reflejando el impacto inicial del 'cerco energético'. Posteriormente, a partir de mayo, ha predominado el mayor efecto tradicional de los precios de la gastronomía y de los alimentos", dice Monreal.
"En julio de 2026, la división de 'alimentos y bebidas no alcohólicas' registró la séptima mayor contribución relativa al aumento general de precios desde enero de 2024. En esencia, el alza general de precios se explica principalmente por el encarecimiento de los alimentos".
Así, en julio hubo incrementos notables en productos que dependen en buena medida de insumos importados, como el aceite comestible, el pan, la leche condensada y los embutidos.
"También crecieron los precios, aunque a un nivel menor, de alimentos que tradicionalmente han sido producidos en Cuba (carne de cerdo y arroz)", señala.
"Conviene anotar que el aumento de precios del aceite comestible fue muy alto (casi 20%), aunque tuvo un efecto relativamente pequeño (2,35%) en el aumento de precios promedio de toda la división de 'alimentos y bebidas no alcohólicas'".
"En cambio, el incremento del precio de la carne de cerdo fue moderado (3,63%), pero, debido al alto volumen de su comercialización, tuvo un efecto muy alto (25,27%) en el aumento general del precio de la división", apunta Monreal.
Las cifras de la ONEI subrayan el incremento interanual en las categorías de restaurantes y hoteles (32,57%), que pocos cubanos se pueden permitir; seguido de alimentos y bebidas no alcohólicas (26,36%); transporte (24,96%); educación (23,32%) y servicios de la vivienda (20,83%).
Recuerda el economista que el hecho de que los salarios y las pensiones vayan siempre a la zaga de la inflación "funciona para el Gobierno como una herramienta antiinflacionaria, al reducir el componente de consumo de los hogares dentro de la demanda agregada".
"Hoy, el empobrecimiento masivo y la contracción del gasto presupuestario real, como porcentaje del PIB, ya no bastan como instrumentos antiinflacionarios. Tampoco es viable el actual programa oficial sin un marco efectivo de inserción internacional y sin medidas prioritarias para aumentar la producción agropecuaria, condiciones necesarias para aplicar un programa eficaz de estabilización macroeconómica", finaliza Monreal.
Todo mal, y están en pleno período de estanflación, previo a una hiper inflación... Días-Contados está trabajando exitosamente para el Departamento de Estado.