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Cine

El Festival de Cine de La Habana y la irrelevancia: sin 'un cine libre y anárquico que acabe con miedos y tabúes'

DIARIO DE CUBA conversa con el director cubano Fabien Pisani, cuya película 'Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés' fue excluida del evento.

Madrid
 Fabien Pisani.
Fabien Pisani. Casa de América

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana pervive en la irrelevancia. Es un panorama que se ha acrecentado con los años, como parte de una estrategia gubernamental —con el comisario cultural Alexis Triana, presidente del ICAIC, al frente— que pretende reconfigurar el cuerpo audiovisual de la nación y elevar el sesgo ideológico del evento. Así, la 46 edición del evento, programada entre el 4 y el 14 de diciembre, en medio de un país a oscuras, excluyó el documental Para vivir, el implacable tiempo de Pablo Milanés.

En un contexto marcado por un enfrentamiento entre las instituciones culturales del régimen y el cine independiente cubano, despojado de voz en el festival, el director de dicha película, Fabien Pisani, conversa con DIARIO DE CUBA y afirma que, "en este contexto tan particular, lo que hubiera imaginado es que se le diera un lugar digno a un documental sobre uno de los artistas y personajes más importantes del último siglo en Cuba, y que no impidieran que la gente tuviera ese reencuentro con uno de sus artistas más queridos".

"Sencillamente lo que cualquiera esperaría es que nuestras instituciones asuman nuestra historia con todos sus matices y dejen de manipularla como si fuéramos niños", enfatiza.

Tras la exclusión del documental del festival habanero, Pisani escribió que "el silencio confirma que en Cuba el cine sigue siendo un territorio vigilado". Ahora, al hablar de las posibles estrategias para cambiar dicho panorama, el creador responde que "ninguna", lo que confirma la ausencia de diálogo y la exclusión como política cultural del ICAIC, que premia los proyectos políticamente correctos (aun con menor calidad artística) y desprecia los que presentan un matiz crítico.

En tal sentido, Pisani imagina para Cuba "un cine libre y anárquico que, si no nos quita el hambre, por lo menos acabe con todos los miedos y los tabúes. Un cine con la fiereza creativa de un país desesperado que tiene que reinventarse ya, que tiene que buscarse nuevas coartadas culturales, económicas, políticas, comunitarias y espirituales para salvarse".

El cineasta habla, asimismo, de un país al que "le urge inventarse un cuento nuevo. Y eso quiere decir nuevas formas de contar, sin respeto por los dogmas y mucho menos por las órdenes y por la historia. Si la historia nos trajo a este impasse en el que estamos, entonces hay que saltársela y pervertirla, o precisamente inventarse una nueva".

Pero es en esa historia que impide avanzar en la que viven ancladas las instituciones culturales del régimen, que, con sus políticas sectarias, han provocado que buena parte de los cineastas cubanos contemporáneos, como la sociedad toda, haya emigrado.

Para vivir: un documental muy íntimo

Una obra con intimidad y tono confesional, eso es la película de Pisani, para quien Pablo Milanés fue su padre adoptivo desde que tenía dos años.

En tal sentido, afirma: "No estoy seguro de que la objetividad fuera una preocupación para mí al hacer esta película. La objetividad con la que pueda haberla o no abordado tiene más que ver con el rigor que pueda tener mi trabajo que con el hecho de querer ser objetivo respecto a mi relación filial y amorosa con el protagonista".

"Lo que sí fue un desafío grande fue entender mi rol en la película y de qué manera iba a estar yo presente en ella. Quería hacer una película personal, pero no quería ponerme en el medio", agrega, al tiempo que sostiene que "muchas veces soy yo quien lo filma y se escucha mi voz fuera de cuadro mientras converso con él. Fue una elección que pensé mucho, pero que al final resultó bastante natural dado nuestro vínculo".

Este vínculo, esta exploración en la personalidad de Milanés, este homenaje a uno de los artistas cubanos más grandes, no estará en su espacio natural de los cines de La Habana, y Pisani sospecha que no se trata de una decisión curatorial, sino de "la larga tradición de censura hacia el cine independiente cubano".

"¿De quién y desde dónde, en el opaco meandro de la burocracia cubana, vino esa decisión? ¿O acaso fue una falta de decisión porque nadie se atrevió a poner a Pablo Milanés en un cine de La Habana?", enfatizó en noviembre, al anunciar la exclusión.

En la caliente: una obra de Pisani en La Habana

Si bien el Festival de Cine habanero vetó la presencia de Para vivir, sí aceptó En la caliente, cuentos de un guerrero del reguetón, un documental dirigido por Pisani que "explora los efectos perversos de la burocracia cuando ejerce un control absoluto sobre los medios de producción y distribución cultural de todo un país".

Se trata, entonces, de una obra "más abiertamente política", lo que se traduce en que a las instituciones culturales del régimen lo que les molesta es Pablo Milanés y el fervor que sigue despertando en miles de cubanos.

Sobre esta obra, Pisani subraya que su fortaleza es "no editorializar la realidad y ser lo más fiel posible a los personajes, a su empeño y a su drama personal al encarar la vida desde el lugar y en las condiciones en los que se encuentran".

"Cuando salimos de la Isla, muchas veces incorporamos una nueva forma de hablar, una sintaxis impostada que ya no representa el lugar donde crecimos, especialmente cuando hablamos de Cuba", afirma y sostiene que ese sentimiento, llevado a la película, "quiere decir tratar de entender la realidad sin imponerle un lenguaje que no tiene sentido dentro de esa realidad. Es conversar con las cosas como si uno estuviera ahí mismo, en el lío, y tratando también de hacer las paces con ello".

Hacer las paces es precisamente lo que no hace el Festival de Cine de La Habana, marcado por la falta de libertades y las carencias de la Isla, que lo han convertido en una mala caricatura de lo que fue una vez, cuando La Habana estaba en el panorama del cine mundial, cuando el resquebrajamiento integral de la sociedad cubana no se había tragado todo empeño cultural, aun con sus luces y sombras.

En este contexto, Pisani enfatiza que lo que le interesa es "pensar y contar Cuba, que en definitiva es su gente y sus historias". Historias que, si se salen de la égida de lo políticamente correcto para los comisarios culturales cubanos, el Festival de Cine de La Habana ya se encargará de censurar.

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