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Reformas

¿Qué queda del socialismo en Cuba tras el paquete de 176 medidas anunciado por el régimen?

El economista Mauricio de Miranda, el ensayista Omar López Montenegro y el abogado Edel González Jiménez ofrecen distintas visiones al respecto en DIARIO DE CUBA.

La Habana
Ilustración.
Ilustración. Diario de Cuba

El paquete de 176 medidas que presentó el régimen cubano el 18 de junio ante la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), supuestamente para frenar el hundimiento de la economía, lleva a preguntarse si es posible continuar afirmando que existe socialismo en la Isla. 

Posiblemente teniendo esa inevitable duda en cuenta, Miguel Díaz-Canel dedicó buena parte de sus dos intervenciones en el XXII Congreso de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC) a convencer a la población de que en Cuba se sigue construyendo el socialismo, a pesar de reconocer que no sabe —como tampoco lo sabía el difunto dictador Fidel Castro— cómo es que se construye ese sistema.

DIARIO DE CUBA pidió a tres expertos cubanos sus consideraciones sobre qué queda del socialismo en la Isla tras el anuncio de las reformas. También les preguntamos si, de estar desmontando el sistema, estaría el régimen violando el Artículo 4 de la Constitución, que declara irreversible el socialismo en Cuba y llama a enfrentar, incluso mediante "la lucha armada", a "cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido".

Nunca hubo socialismo en Cuba

Para el economista Mauricio de Miranda, profesor de la Universidad Javeriana de Cali, Colombia, lo primero que habría que preguntarse es "si alguna vez ha habido socialismo en Cuba o en cualquier otro país autoproclamado socialista".

Su respuesta es un "no" rotundo. "La tan cacareada propiedad social sobre los medios de producción no se ha realizado como tal, porque al tomar la forma de propiedad estatal en un Estado autoritario y, por tanto, no democrático, la burocracia ha usufructuado esa propiedad supuestamente de todo el pueblo y este no ha tenido opción alguna de controlar esa gestión", argumenta.

"En realidad, la propiedad estatal no ha sido una propiedad social, porque la clase burocrática dispone de ella sin control social alguno", subraya.

Respecto a la posible violación del artículo de la Carta Magna que establece la irreversibilidad del socialismo en Cuba, el economista sostiene que "la Constitución cubana es violada cotidianamente por el régimen, cuando detiene, encausa y condena a ciudadanos por expresarse contrariamente a los postulados del Gobierno".

"Ha violado todos y cada uno de los artículos que garantizan los derechos ciudadanos. No me extraña que se violen otros. No obstante, afirman que estas medidas son para salvar el socialismo, pero eso solo es retórica. Lo único que realmente les importa es conservar el poder y ahora añadir a esto la captura de los activos públicos por familiares de dirigentes, 'nuevos empresarios' con conexiones gubernamentales. Lo que sucede es que carecen de toda credibilidad", critica.

Lo único que ha sucedido es una metamorfosis

El ensayista y activista Omar López Montenegro considera que la primera pregunta "abriría un debate más amplio a qué cosa es el socialismo" y señala que, "teóricamente, el socialismo es la propiedad estatal sobre los medios de producción".

"Además, socialismo es la dictadura del proletariado, definido así por ellos mismos. Eso por lo tanto es una dictadura, pues quien dicta hace lo que quiere", añade.

Dicho lo anterior, el fundador del Movimiento Cubano Pro Derechos Humanos en Cuba y promotor de la lucha no violenta no ve "una contradicción (entre las medidas) y la definición propia del socialismo, porque en realidad los medios de producción siguen estando en manos del Estado. Lo único que el Estado ahora se ha metamorfoseado en GAESA, que es una corporación semiestatal o paraestatal".

"Así que, contestando directamente la pregunta, sí queda el socialismo", sostiene. "Lo único que ha sucedido es una metamorfosis, una transformación. Algunos le dan en llamar a esto capitalismo de Estado. Yo prefiero llamarlo un socialismo capitalizado; es al revés, porque todavía sigue mandando el Partido Comunista en Cuba", señala.

Respecto a si el régimen cubano estaría violando su propia Constitución, el ensayista opina que no, precisamente porque continúa gobernando el PCC, como sucede en China, "un país con relaciones comerciales y modo de producción capitalista, donde, sin embargo, hay solo partido permitido, el Partido Comunista, y el Partido Comunista es el que determina esa actividad económica".

"Así que, en esencia, sí sigue el socialismo", reitera, "porque bajo el socialismo el concepto fundamental es la economía política. La economía está subordinada a la política. Lo que está haciendo es dictando políticas para reformar, reestructurar, recalibrar, como le quieran llamar, al ordenamiento económico en Cuba".

"O sea, continúa el control del Partido Comunista sobre las decisiones y el funcionamiento de la economía cubana. Por tanto, sí sigue; es un socialismo mutado, transformado, pero siguen las mismas personas en el poder. Por tanto, no hay violación del Artículo 4. Ni tampoco se está destruyendo el socialismo en Cuba", insiste.

El elemento a preservar nunca fue "la planificación, ni la propiedad estatal, ni el socialismo entendido como doctrina económica"

El abogado cubano Edel González Jiménez, experto de DIARIO DE CUBA, llama la atención sobre la insistencia con la que el discurso oficial cubano ha sostenido durante décadas que el país es un Estado socialista de Derecho.

"La Constitución de 2019 no solo incorporó esa formulación, sino que la presentó como una de las principales novedades del nuevo texto constitucional", recuerda González Jiménez.

Para  el jurista, el anuncio de las 176 medidas económicas "vuelve a plantear una cuestión de fondo: Si la Constitución continúa definiendo un modelo económico socialista basado en la planificación estatal y en la primacía de la propiedad socialista sobre los medios fundamentales de producción, ¿cómo explicar que sea el propio Estado cubano el que impulse reformas que desplazan progresivamente el centro de gravedad de la economía hacia mecanismos de mercado, nuevas formas de propiedad y una creciente iniciativa privada?".

"La respuesta habitual es que la Constitución permite esas adaptaciones. Sin embargo, no basta que exista una Constitución. Es necesario que quienes gobiernan también se encuentren sometidos a ella", subraya.

En Cuba "formalmente existían Constitución, Asamblea Nacional, Consejo de Estado, Consejo de Ministros, tribunales, Fiscalía y un amplio entramado institucional".

"Materialmente, el verdadero centro de decisión permanecía fuera de ese diseño constitucional. Las decisiones fundamentales del país no nacían ni nacen del juego ordinario de las instituciones. Respondían y responden a un núcleo político situado por encima de ellas", recapitula el abogado.

"Durante décadas ese núcleo estuvo organizado alrededor del liderazgo de Fidel Castro y, posteriormente, de Raúl Castro. Pero reducir el problema a dos personas sería simplificar en exceso la realidad", apunta.

"Con el paso del tiempo terminaron consolidando/compartiendo por necesidad objetiva de supervivencia política, una arquitectura del poder integrada por el Partido Comunista, la alta dirección del Estado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio del Interior y los órganos de inteligencia y contrainteligencia, capaces de orientar las decisiones fundamentales del país con independencia del funcionamiento ordinario de las instituciones constitucionales".

"Desde esa perspectiva, la Constitución cumplía una función principalmente legitimadora. Organizaba —como ahora—formalmente el Estado. Pero no agotaba el lugar donde residía el poder".

Por todo lo anterior, González Jiménez sostiene que las nuevas reformas económicas "no producen la contradicción constitucional que aparentemente podría suponerse".

"Pienso que no debemos desgastarnos los juristas y expertos en encontrar el precepto o los preceptos violados, ya que las 176 medidas evidentemente no se pueden conciliar con la retórica económica y constitucional que durante décadas acompañó al discurso oficialista cubano", opina.

"En realidad, ninguna de las 176 medidas altera el verdadero fundamento del sistema. Por el contrario, cataliza un deseo de no perder, en un eventual escenario de transición, el poder económico y los privilegios que han venido manteniendo, base necesaria para hacerse oír en la nueva nación", afirma.

"El elemento cuya preservación siempre resultó esencial no fue la planificación económica. Tampoco la propiedad estatal. Ni siquiera el socialismo entendido como doctrina económica", señala el jurista.

"El elemento verdaderamente irreversible fue otro: la conservación del modelo de poder construido por el castrismo", sostiene. Añade que "la principal lección que ofrecen las 176 medidas es que el modelo económico está cambiando para su exclusivo beneficio (del régimen) y, mucho más importante, que el contenido económico del discurso oficial podía modificarse siempre que permaneciera intacta la arquitectura real del poder".

El abogado concluye con una pregunta que probablemente resultaría difícil de responder para las autoridades de Cuba: "¿Si pudieron aprobar las 176 medidas ahora, por qué no lo hicieron hace 30 años, cuando se cayó el bloque socialista, ni hace 20 años, ni después de la pandemia de Covid-19?

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