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Economía

El castrismo ha tardado 40 años en aceptar que Vietnam tenía razón

Miguel Díaz-Canel habla ahora de Vietnam como 'referente para todas las transformaciones' que se emprenden en Cuba.

La Habana
Hanoi, capital de Vietnam.
Hanoi, capital de Vietnam. Getty Images

Durante la vista que por estos días ha realizado a Cuba el ministro de Relaciones Exteriores de Vietnam, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel, en un encuentro sostenido con ese funcionario, expresó: "El encuentro de este lunes hace posible que el proceso de construcción socialista en Vietnam definitivamente se convierta en referente para todas las transformaciones que venimos realizando en nuestro país como parte de la actualización de nuestro modelo económico social".

Estas palabras del heredero de los Castro son un reconocimiento por parte de la cúpula castrista del éxito de las reformas económicas pro mercado implementadas en Vietnam, y que son una especie de guía para otros procesos de economía centralizada que aspiran a realizar cambios de ese tipo.

En el año 1986  dos naciones que danzaban a los acordes de la melodía procedente de Moscú, tal vez preocupadas por los aires de la perestroika provenientes de la Unión Soviética, decidieron implementar cambios en la dirección de sus economías. Nos referimos a Vietnam y Cuba.

En la nación asiática se implementó el sistema conocido como el Doi Moi, que comprendía reformas de mercado, con privatizaciones, aligeramiento del aparato gubernamental y una progresiva liberalización de precios. Más recientemente, los vietnamitas han afirmado que el sector privado es el eslabón fundamental de su economía.

En Cuba, por el contrario, los cambios marcharon hacia el antimercado. Se eliminaron las tímidas palancas del mercado adoptadas en el decenio 1975-1985, y apareció la campaña de "rectificación de errores y tendencias negativas",  que centralizó más la economía y retomó en parte la línea económica preconizada por el "Che" Guevara, contraria a las reformas contenidas en el cálculo económico.

Al cabo de cuatro décadas, los resultados de tan distintas estrategias económicas han proporcionado panoramas bien disímiles. Vietnam avanza hacia los primeros planos de la economía internacional, con crecimientos estables de su Producto Interno Bruto, y convertido en potencia productiva de rubros como el arroz, el café y otros.

Mientras tanto, la debacle económica es evidente en nuestra nación, con indicadores negativos en todas las esferas productivas. Ninguna de las políticas concebidas por el castrismo en todo este tiempo, como la denominada "actualización del modelo económico", incluyeron cambios verdaderos, y solo trataron de ganar tiempo y mantener el control total de la jerarquía castrista sobre la economía y la sociedad.

Es indudable que si el castrismo hubiese acometido anteriormente auténticas reformas promercado la situación de la Isla sería hoy diferente. Pero no. La maquinaria del poder nunca ha querido instrumentar cambios que pongan en peligro el control totalitario que ejerce sobre la economía y la sociedad. Es por ello que muchas voces consideran como tardías las reformas anunciadas hace poco por Miguel Díaz-Canel, y no faltan incluso los que opinan que se trata de otra estratagema del castrismo para seguir capeando la situación

El reconocimiento oficial por parte del régimen cubano de la eficacia de las medidas que adoptó Vietnam a partir de 1986, más el hecho de haber pronunciado Díaz-Canel esas palabras ante el enviado especial del líder vietnamita To Lam, casi compulsan esta vez a la dirigencia castrista a marchar adelante con los cambios anunciados.

Sin embargo, la perspectiva general para la sociedad cubana, incluido el ciudadano de a pie, sigue siendo sombría. Las reformas anunciadas no deben juzgarse por las promesas que hacen, sino por el sistema arcaico y totalitario que preservan. No suponen el desmantelamiento del sistema castrista. Son, al parecer, un intento del régimen por sobrevivir cambiando su apariencia.

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