El miércoles 17 de junio el presidente Miguel Díaz-Canel anunció la implementación de una serie de medidas que en el pasado fueron líneas rojas que el régimen nunca se atrevió a pasar. Para justificar la lista de medidas expresó: "Vamos a corregir una política que no dio los resultados esperados".
El anuncio llega cuando el régimen cubano ha sentido con fuerza la presión que ha ejercido la Administración Trump sobre su cuello. Esto no es un anuncio por voluntad propia, ni mucho menos por convicción política de que hay que hay que hacer profundos cambios en la economía del país. En realidad, es una estrategia de urgencia de última hora para tratar de sobrevivir a la presión estadounidense.
En su discurso, Díaz-Canel se contradice a sí mismo al expresar: "Las transformaciones que estamos presentando son para avanzar en la defensa del socialismo, para apoyar y ampliar la justicia social, para crear riqueza económica y distribuirla con equidad. Si no hay riqueza no hay nada que distribuir, estaríamos hablando de una justicia social en abstracto".
La realidad práctica del escenario político-económico cubano muestra otra cosa. Las riquezas del país están muy bien controladas por GAESA, el holding de la familia Castro y los oligarcas cercanos a ella. Su voraz apetito ha dejado sin recursos al Estado que mediocremente dirige Díaz-Canel y su séquito de burócratas ineficientes. GAESA ha devorado las riquezas del país con toda impunidad y una opacidad nunca vista en la historia del país, y Miguel Díaz-Canel ha sido cómplice de estos hechos. Cómplice de todos los mecanismos de corrupción que han enriquecido a la familia Castro y a los oligarcas de GAESA. Siendo presidente del país y primer secretario del PCC, lo ha permitido y lo ha encubierto sin reparo alguno.
¿De qué justicia social habla Díaz-Canel ahora? ¿De la misma justicia social que prometió Fidel Castro y que nunca cumplió cuando expropió a extranjeros y cubanos cuando llegó al poder en 1959? ¿Qué hay de novedoso en este nuevo intento de reforma? ¿Qué real esperanza puede tener el pueblo cubano antes estos anuncios de último minuto?
Los anuncios de Miguel Díaz-Canel son más de lo mismo. El sistema recicla el discurso para dar sentido de voluntad de cambio a la situación caótica que vive el país. Una vez más el régimen cubano se disfraza de víctima del imperialismo y se autocritica con problemas internos que no ha podido resolver, mostrando una falsa voluntad de cambio, del cambio que siempre pregona hacer cuando las crisis llegan al extremo, pero que nunca puede cumplir en la práctica porque en realidad no le interesa que los cubanos prosperen. Lo único que le interesa es aferrarse al poder.
Las medidas anunciadas por Miguel Díaz-Canel no son novedosas, llevan más de una década engavetadas en los armarios de la cúpula del poder. Han sido discutidas una y otra vez por años, han sido puestas sobre la mesa en infinidad de ocasiones, pero nunca se han implementado.
Podemos mencionar algunas: ofrecer activos para para pagar deuda y tratar de ganar la confianza de los acreedores para volver tener acceso a líneas de créditos; permitir a los exiliados cubanos invertir en la Isla; dar más autonomía a las empresas estatales; eliminar la intermediación del Estado en los procesos de contratación de la fuerza laboral; dar más autonomía a las empresas estatales; reducir el aparato estatal; reducir subsidios; atraer más inversión extranjera, ya no con una carpeta preelaborada de proyectos, sino con la libertad de invertir en lo que quieran; otorgar más tierras a los agricultores, eliminar Acopio; y un largo etc.
¿Por qué se anuncian ahora? ¿Era necesario la presión norteamericana para hacerlo? ¿Por qué no se implementaron cuando el deshielo con Obama, cuando este presidente norteamericano les dio todo a cambio de nada? Ese era el momento perfecto para implementarlas. Era la oportunidad para conectarse con el mundo real. Sin embargo, prefirieron mantener al país sumido en la pobreza, el subdesarrollo y la esclavitud eterna. En realidad, no había voluntad política para el cambio. El propio Díaz-Canel calificó el deshielo de Obama como un caballo de Troya. GAESA vio amenazado su poder económico por el rápido crecimiento del emprendimiento, por eso trancaron las reformas, llegaron los ataques sónicos y ya es historia todo lo que vino después.
Por supuesto que el país tiene que cambiar, pero no con ellos. El país lo que necesita es un cambio político urgente, no una reforma más con ellos en el poder. Ellos son políticamente incompetentes y técnicamente mediocres para llevar a cabo lo que el país necesita.
Han tenido 67 años para probar todo tipo de fórmulas y los han tirado por la borda. En ese periodo alrededor de cuatro millones de cubanos se han largado del país, buscando libertad y prosperidad en otras tierras, porque en la suya no les fue permitido. La mayoría de esos cubanos han encontrado el éxito y han sido capaces de reconstruir sus vidas en democracias que se lo han permitido. Con el régimen castrista en el poder los cubanos solo pueden ser exitosos en tierra ajena, no en la suya propia.
La credibilidad del régimen es nula. Ya pasó su hora de implementar reformas, se le fue el tren. Es hora de que las autoridades de ese régimen entreguen el poder y den paso a una transición pacífica. El pueblo cubano no las quiere ni las necesita para hacer el cambio. Es hora ya que dejen a otros reconstruir el país.
Como vocero oficial, Miguel Díaz-Canel acude al lenguaje para aparentar movimiento de cambio. Busca ganar tiempo para demorar las estrategias de demolición norteamericanas, para evitar lo que más teme: la intervención que ponga fin a este maligno comunismo.
Ni acreedores, ni inversionistas, ni exiliados, ni cubanos residentes en la Isla creen en las nuevas propuestas anunciadas por Miguel Díaz-Canel. Tampoco sus socios y aliados políticos. El régimen cubano ha quebrado a lo largo de los años la confianza de todos, tiene un abultado expediente de extorsión, chantaje y de mal cumplidor de acuerdos.
Cuba lo que necesita es un cambio político que sepulte este sistema y dé paso a una democracia con separación de poderes, con libre empresa, libre mercado y libertad de pensamiento. Cuba lo que necesita es un cambio político que garantice la seguridad jurídica, que reconozca la propiedad privada, que permita la transformación económica del país a partir del esfuerzo de sus ciudadanos, y donde estos puedan generar riquezas sin trabas políticas ni restricciones jurídicas.
En la Cuba revolucionaria nunca ha habido riqueza porque el sistema económico basado en el soviético, donde no existe la libre empresa, la economía de la oferta y la demanda y mercado, sencillamente no funciona y no genera riqueza como lo probó el derrumbe de la URSS. Cuba sobrevivió porque los soviéticos financiaron el protectorado que tenían frente a USA, más por intereses geopolíticos que por convicción. Pero hoy los tiempos son otros, ya no hay paganinis y la realidad demuestra el rotundo fracaso del socialismo en Cuba que sin "sponsors" no camina. Y eso no es buen ejemplo para ningún país que quiera seguir y defender la ilusión de la "Revolución Cubana".
Mientras esta gente sigan chapoteando en el pantano de la fórmula centralista de la economía, solo para preservar su propio bienestar, se van hundiendo lentamente. No hay confianza ni credibilidad en el régimen, ni fuera ni dentro del país. El cáncer no se cura ni con curitas o cataplasmas, sino con una terapia agresiva.