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Alimentación

El cerdo desaparece del plato cubano: caída productiva e importaciones récord

La caída de más del 95% de la producción porcina convierte al alimento más tradicional en un bien casi inaccesible.

Madrid
Criadero de cerdos. DDC TV
Un hombre traslada a un cerdo en la ciudad de Camagüey.
Un hombre traslada a un cerdo en la ciudad de Camagüey. Diario de Cuba

"Mira el corral vacío", dice Mariano*, un campesino en el municipio de Baracoa, en la provincia de Guantánamo, y señala el espacio donde durante años crió de dos o tres cerdos. "No hay comida para uno y menos para los animales. No hay pienso, no hay vianda, no hay nada. Aquí lo que se está acabando es el mundo, no se puede criar ya", se queja.

Su historia no es una excepción, sino el retrato del derrumbe de la disponibilidad de una carne que en el pasado era de consumo masivo. Entre 2017 y 2023, según cifras oficiales, la producción porcina en Cuba cayó más de un 95,2%. Es decir, de cada 20 platos de cerdo que se servían en 2017, hoy solo se sirve uno. El alimento que durante décadas fue emblema de celebraciones familiares y eje de la cocina nacional ha pasado a ser una proteína de lujo, inaccesible para la mayoría.

El modelo porcino cubano, sostenido durante años por pequeños y medianos productores que dependían del alimento animal importado por el Estado, colapsó con la crisis de divisas y las deudas con los proveedores. Sin este suministro, miles de criadores abandonaron la actividad y la producción cayó a mínimos históricos, sin que las medidas agrícolas impulsadas por el Gobierno lograran revertir la tendencia.

La escasez ha obligado al país a aumentar las importaciones de carne de cerdo, incluso —y pese al embargo— desde Estados Unidos. En paralelo, la oferta estatal resulta cada vez más limitada. El producto aparece sobre todo en ferias ocasionales o en comercios privados, a precios que requieren una parte significativa del salario medio en la Isla.

Un desplome histórico

Las cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) dibujan una caída en picada: de 355.000 toneladas en 2017, la producción llegó a apenas 17.100 toneladas en 2023. Este decrecimiento ni siquiera se registró en el llamado "Periodo Especial" de los años 90, tras el derrumbe del bloque soviético.

Según los datos de la ONEI, el punto más bajo de esa década se registró en 1991, con 59.200 toneladas de ganado porcino entregado a sacrificio.

Ningún otro rubro agropecuario exhibe una caída tan abrupta. La carne de cerdo encabeza la lista de desplomes productivos en un país donde el abastecimiento de alimentos ya era precario antes de la pandemia y de la Tarea Ordenamiento de 2021, cuyo impactó recogió  la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en un informe.

En 2024, distintas fuentes estatales citadas por el diario oficial Granma estimaron que la producción rondó apenas las 9.000 toneladas, muy lejos incluso de las metas oficiales ya recortadas de 26.000 a 27.000 toneladas y que la propia prensa estatal ha reconocido que no se cumplen.

En su cuenta de la red social X, el economista Pedro Monreal advirtió que, en medio de un "apagón estadístico" —los datos más recientes en la ONEI solamente cubren hasta 2023—, las cifras disponibles indican la "evaporación" de la actividad porcina, algo que el experto calificó de "desgracia nacional".

El fin de un modelo inviable

Durante años, el modelo porcino cubano se sostuvo en una combinación frágil: pequeños y medianos productores privados alimentados con pienso importado por el Estado. En algunos momentos, el Gobierno aportaba hasta el 70% del alimento animal a quienes criaban en patios y fincas.

Ese esquema se vino abajo con la falta de divisas. Las deudas con proveedores externos se acumularon y el Gobierno dejó de importar la comida para el ganado en los volúmenes necesarios. Sin alimento, la producción colapsó.

Las llamadas "63 medidas agropecuarias", anunciadas en abril de 2021 como solución estructural, no lograron revertir la tendencia. Tampoco funcionaron los topes de precios impuestos en varios territorios, como en el municipio de Mayarí donde se generaron protestas de pequeños productores que denunciaron que vender a precios "regulados" los llevaba directamente a la quiebra.

El resultado fue una salida masiva del sector: de unos 14.000 productores activos en 2018 se pasó a alrededor de 6.000 en 2020, según datos ofrecidos por autoridades en un programa oficial Mesa Redonda tras la pandemia. A la fecha, no hay cifras actualizadas.

Criar a contracorriente

Quienes se mantienen criando lo hacen en condiciones extremas. Rey*, otro campesino de Baracoa, Guantánamo, cuenta que pasa el día recogiendo "cáscaras por ahí, hasta en los vertederos", para alimentar a sus animales. "A veces me critican, pero es para poder tener dos o tres puerquitos para sobrevivir. No hay de otra", explica.

Este hombre relativamente joven pero curtido por el sol y el trabajo duro cuida a su madre de 99 años con demencia. Tiene electricidad dos horas al día, por eso cuando le llega el servicio, tiene que decidir entre cocinar algo, hacer un café a la anciana o atender a los animales. "No me da tiempo a cocinar. Cuando llego a casa ya se fue la corriente. Y así es que se vive aquí en Cuba", comenta.

El pienso, cuando aparece, supera los 4.000 pesos el saco, afirma. Este gasto representa el 58,57% del salario promedio de un trabajador estatal, hoy estimado en unos 6.830 pesos. "No puedo comprarlo. El dinero que hago es para comer. Ni ropa, ni zapatos, ni nada", confiesa desde su vivienda.

Pavel*, ingeniero pecuario de 67 años y antiguo trabajador del Instituto de Investigaciones Porcinas, recuerda el "Periodo Especial". Entre 1993 y 1995, después de recorrer unos 40 kilómetros diarios en bicicleta para ir y volver del trabajo, practicaba hasta cuatro inseminaciones semanales, realizaba castraciones y desparasitaciones, y atendía partos y urgencias "por la izquierda". 

"En aquel tiempo la gente crió puercos hasta en el baño de los apartamentos de los edificios, en repartos residenciales como el Vedado", recuerda. "En mi casa nunca faltó la carne de cerdo", añade.

Hoy, agrega, "ni en el campo hay para mantener a los animales". La diferencia con los años más duros de los 90 es que entonces había iniciativa y alimento alternativo; ahora ni eso, opina.

En octubre de 2023 la Empresa Porcina de la provincia de Granma debía miles de pesos en moneda libremente convertible (MLC, una divisa inventada por el Gobierno) a productores de carne de cerdo, según informó la prensa oficial. El productor Alejandro Sosa Rodríguez denunció entonces que llevaba esperando nueve meses por el pago de la carne que le vendió a la empresa estatal tras la firma de un contrato. La entidad le propuso pagarle la deuda con el pienso, pero el campesino sabía que ese insumo se encontraba en déficit y declinó la oferta.

De productor a cliente cautivo

El hundimiento interno ha invertido la matriz: Cuba ha pasado de productora relevante a importadora dependiente.

El principal suministrador de carne de cerdo de Cuba en 2022 fue España, de acuerdo con un estudio del Instituto de Comercio Exterior (ICEX) del país ibérico. El documento señala que la carne porcina había sido el producto más exportado de España a Cuba de enero a septiembre de ese año, por delante de Canadá y Brasil, respectivamente, aunque desde Estados Unidos también llegaba y sigue llegando el producto a la Isla.

Entre 2019 y 2023, la Isla importó en general más de 36.700 toneladas de carne de cerdo congelada por unos 145 millones de dólares. En 2025, de acuerdo con un reciente informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, se exportaron desde ese país más de 15.000 toneladas métricas de carne de cerdo y subproductos por un valor de casi 48 millones de dólares, el nivel más alto desde 1970.

El cerdo se ubicó solo por detrás del pollo, cuyas adquisiciones en Estados Unidos ascendieron el año pasado a casi 300 millones de dólares por 236.539 toneladas métricas del alimento, un ascenso del 184% en una década.

El contraste es evidente: mientras el discurso oficial insiste en que el embargo limita el acceso a alimentos, los datos comerciales muestran un flujo constante —y creciente— de compras a proveedores externos, incluido el propio Estados Unidos.

Colas, ausencias y vitrinas selectivas

Para la mayoría de los cubanos, la realidad se resume en mercados vacíos.

En ferias agropecuarias de fin de año, cientos de personas hacen cola por un trozo de cerdo que no alcanza para satisfacer la demanda, a precios que en diciembre de 2025 supusieron otro golpe para el bolsillo proletario.

En provincias orientales como Santiago de Cuba, la carne de cerdo se comercializó entre 700 y 800 pesos la libra, hasta 1.100 si era deshuesada.

Yolanda*, jubilada de 63 años residente en Santiago de Cuba, relató que en diciembre salió a hacer compras con 3.000 pesos en el bolsillo y la expectativa de poder asegurar, al menos, una comida sencilla para la Nochebuena. Al enfrentarse a los precios, dijo que sintió "ganas de llorar".

"El arroz, a más de 250 pesos la libra, el aceite por los 1.000 pesos el litro y el trozo de cerdo que me gustaba pasaba de los 700 pesos. Solo pude adquirir arroz, una cantidad limitada de frijoles y dos tomates. Nada más", afirmó.

En La Habana del Este, en otra de estas ferias de fin de año la carne de cerdo se ofertó entre 850 y 1.250 pesos la libra dependiendo del corte y calidad.

"La demanda de carne de cerdo es mayor que la oferta, y en poco tiempo se agota en los mercados agropecuarios", dijo Fran, un habanero que caminó por varios municipios de la capital "en busca del mejor precio". Hoy, en establecimientos de Diez de Octubre, Centro Habana y La Habana Vieja la situación es la misma y algunos permanecen cerrados sin cerdo ni otra alternativa

En contraste, pequeñas y medianas empresas privadas y plataformas online abastecidas con alimentos importados exhiben lomo, bistec, magro y costillas entre su amplio abanico de productos, pero a precios que están fuera del alcance del salario promedio.

En la plataforma Supermarket23, cuatro libras de lomo de cerdo importado de Brasil rondan los 12,21 euros (unos tres euros la libra). Otra oferta, dos libras de lomo sin hueso importado de Estados Unidos, cuesta 6,18 euros.

Al cambio oficial en el Banco Central de Cuba, un euro equivale a 546 pesos cubanos, por lo que estos dos productos costarían 6.667 pesos (el 97,6% del salario medio mensual) y 3.374, pesos (el 49,4% del salario medio mensual), respectivamente.

El cerdo como termómetro de la inflación

Antes de la Tarea Ordenamiento, la libra de cerdo se movía a entre 40 y 50 pesos. En 2021 rondaba los 200. En 2022 y 2023 osciló entre 300 y 450. En 2024 saltó de 600 a 850 pesos en muchas provincias. A finales de ese año ya se hablaba de 800 a 1.200 pesos la libra en mercados particulares. Entre abril y diciembre de 2025, el bistec de cerdo se situó en torno a los 1.400 y 1.500 pesos la libra; el lomo deshuesado alrededor de 1.200 y 1.250, y el lomo con hueso cerca de 1.240 pesos.

Convertidos a dólares según el mercado informal, esos precios colocan al cerdo cubano en niveles comparables —e incluso más altos— a los de países con salarios muy superiores, como España, Estados Unidos o Brasil.

No es casual que la comida explique cerca del 50% de la inflación oficial en Cuba, como ha apuntado el economista Pedro Monreal. Dentro de los alimentos, el cerdo ha sido uno de los productos que más ha empujado al alza el índice de precios, precisó el analista en una publicación en su cuenta de la red social X.

Tradición popular en el recuerdo

En un país donde el lechón asado fue durante décadas el centro de las celebraciones familiares, la carne de cerdo ha pasado de símbolo nacional a lujo ocasional, y a veces ni eso. Los cubanos han tenido que transformar su menú cotidiano y ahora priman productos de escaso valor nutricional.

"A mi familia nos queda el picadillo (de lo que sea) y las salchichas como única opción de proteína. A mí el cardiólogo me los tiene prohibidos, pero yo ya ni pollo puedo comprar a los precios que están, y solo hay en MIPYMES privadas. Me correspondía pollo por dieta médica, pero con eso ya no cuento, ni ningún enfermo de este país. Y yo no tengo familia en el exterior, así que me queda el arroz con frijoles una vez al día", dice Laudelina, una mujer de 64 años, residente en la provincia de Cienfuegos

El colapso productivo, la dependencia de importaciones, la falta de pienso, de combustible, la emigración masiva de productores y la inflación han convertido lo que era cotidiano en excepcional. El corral vacío en Baracoa no es solo la historia de un campesino que dejó de criar. Es la metáfora de un modelo agotado que ya no garantiza ni siquiera la proteína más arraigada en la dieta cubana por décadas.


* Algunos de los nombres en este texto fueron cambiados para proteger a los entrevistados. 
 

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4 comentarios

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El familiango del comandante avetruz son "dueños" de fincas con crianzas de animales, pero supermarket 23 (del que es dueño tambien) no vende produccion local IMPORTA carne de cerdo para exprimir el bolsillo del exilio

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Me comentaban amigos del sector agropecuario que lo único que hay en el campo es marabú. Nadie quiere sembrar ni criar nada, porque el Estado se queda con las ínfimas ganancias.

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Un país que no tiene ni cerdos y donde los hospitales no cuentan siquiera con algo tan elemental como el alcohol, y eso es sólo la puntica del iceberg. Y todavía tiene uno que oír a soberanísimos imbéciles declarando que el capitalismo es malo y el mojón socialista es la solución.

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El socialismo empobrecedor y represivo también hizo desaparecer el arroz, los frijoles, todas las carnes, el pan y el agua potable…