Una publicación del periodista oficialista Henry Omar Pérez en Facebook desató una oleada de críticas y preguntas incómodas sobre la política salarial en la Salud Pública, tras anunciar una "oportunidad de empleo" en el Hospital Arnaldo Milián Castro, de Villa Clara, con un salario mínimo de 8.500 pesos mensuales para labores de higiene.
Según el anuncio, la contratación no sería directa del hospital, sino a través de la MIPYME privada SermaVCom, "especializada en servicios de higiene", que asegura "condiciones de trabajo que garantizan tu protección e higiene".
El salario ofrecido supera ampliamente el ingreso de numerosos profesionales del propio sector sanitario, una realidad que los comentarios no tardaron en subrayar.
"Me sirve, yo gano la mitad y estudié toda una vida", escribió una usuaria, acompañando su reacción con emojis de burla y tristeza. Otra comentarista ironizó: "Con ese salario solo hay que rezar porque los médicos no se quiten la bata blanca y se vayan a limpiar el hospital", subrayando lo que ya es una realidad en el MINSAP: la sangría de profesionales de los últimos años en el sector y los bajos salarios del personal médico sometido a condiciones precarias.
Cuba ha perdido más de 30.000 médicos en apenas tres años, según datos oficiales de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). En 2024, había en Cuba 75.364 médicos, 5.399 menos que en 2023 (80.763) y 10.199 menos que en 2014 (85.563). La reducción se traduce en que la proporción de habitantes por médico pasó de 104 a 131, un retroceso equivalente a más de una década de pérdida de cobertura sanitaria.
La comparación con los salarios médicos fue recurrente. "¿Ya preguntaron cuánto gana un médico residente que tiene guardia cada tres días?", cuestionó un usuario. Lisbet Pineda, identificada como especialista de segundo grado en Periodoncia en la Clínica Dental Celia Sánchez, respondió con resignación: "Qué tristeza. Así estamos muchos profesionales de la salud". Otro comentario fue más directo: "Mientras tanto, el salario básico de un médico especialista es de 5.560 pesos".
Más allá de la brecha salarial, varias reacciones apuntaron al origen del dinero. "¿Y de dónde sale el presupuesto para contratar a esa MIPYME?", preguntó Ana Steel. "¿No sería más factible subir los salarios a las empleadas de limpieza, que pagarle a un particular para que haga ese servicio?". En la misma línea, Santos Díaz Humbe resumió el malestar: "Hay dinero para contratar un servicio particular y no hay para aumentar el salario".
Algunos intentaron matizar el debate. Rafael Pérez León señaló que la limpieza hospitalaria es una tarea "difícil y contaminante" y defendió que se pague bien a quienes la realizan, incluso extendiendo la reflexión a los trabajadores de Comunales. Sin embargo, incluso en ese comentario aparece una pregunta clave que queda sin respuesta: ¿cuánto se les paga realmente a esos otros trabajadores esenciales?
Otmara Bartumeut volvió al punto neurálgico: "Qué bueno que una MIPYME puede pagar ese salario y garantizar la protección e higiene, ¿y quién le va a pagar a esa MIPYME?". Teresa Infante respondió que el dinero presuntamente "sale del presupuesto del propio hospital asignado al pago de trabajo por cuenta propia (TCP) y MIPYMES", y añadió una sospecha que tampoco se aclara: "Imagino la tajada que se lleva esa MIPYME".
Las reacciones revelan un malestar profundo que va más allá de una oferta puntual de empleo. ¿Por qué una entidad privada puede pagar más que el Estado a médicos y especialistas? ¿Cuál es el costo real del contrato con la MIPYME y cómo se compara con un aumento salarial directo a los trabajadores del hospital? ¿Quién decidió priorizar la externalización del servicio en lugar de mejorar las condiciones del personal existente? ¿Existen datos públicos sobre esos contratos y sus márgenes de ganancia?
Ninguna de esas preguntas encuentra respuesta en la publicación original. Lo que sí queda claro es que, lejos de ser celebrada como un logro, la oferta de 8.500 pesos para limpiar un hospital volvió a poner en evidencia las distorsiones que marcan no solo el sistema de salud pública en Cuba, sino la economía en general.