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Transporte

Ruina del transporte cubano: solo se cumplió el 35% del plan de ómnibus locales

El ministro admite que el sistema sigue la tendencia de años anteriores: menos servicios, más deterioro y mayores insatisfacciones populares, con transporte marítimo y ferroviario hundidos.

La Habana
Eduardo Rodríguez Dávila en la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Eduardo Rodríguez Dávila en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Cubadebate

El sistema de transporte en Cuba atraviesa una crisis estructural que ni el Gobierno ni la Asamblea Nacional pudieron maquillar en su reciente sesión. Un informe fruto de un "ejercicio de alta fiscalización" al Ministerio, presentado a los diputados, confirmó que el país apenas logró un cumplimiento del 35% en el transporte urbano local, con caídas similares en los servicios interprovinciales, ferroviarios y de carga.

El documento, elaborado tras meses de inspección, reveló que persisten serias dificultades organizativas, falta de planificación estratégica y una pérdida constante de capacidades operativas en todos los niveles. Se identificaron más de 90 rutas urbanas interrumpidas en La Habana, provincias donde el transporte público estatal casi ha desaparecido, y una red vial que sufre un deterioro sin precedentes.

Entre los datos más preocupantes, el informe indicó que solo se cumplió el 68% del plan de transportación de pasajeros, lo que dejó a 412 millones de personas sin el servicio previsto. En el caso del transporte local en ómnibus, esencial para la movilidad diaria de la población, apenas se cumplió el plan en un 65%, con las rutas rurales y de difícil acceso cumpliendo apenas el 26% y el 19% respectivamente. Granma, Las Tunas y Cienfuegos fueron las provincias más afectadas, con cifras inferiores incluso al 25% del cumplimiento.

Según el documento, la infraestructura ferroviaria se encuentra en estado crítico, con solo una parte mínima del parque de locomotoras y coches operativos, frecuentes averías y servicios suspendidos. Entre las rutas interrumpidas destacan los trenes Santa Clara–Nuevitas y Cienfuegos–La Habana, que aún no han sido reactivados plenamente.

En materia de transporte interprovincial por carretera, la oferta cubre solo una fracción de la demanda. El informe destacó las constantes quejas de la población sobre la aplicación estatal Viajando, en la que la falta de pasajes es aprovechada por redes informales para revender boletos a precios especulativos. Aunque el ministro, Eduardo Rodríguez Dávila, anunció medidas para enfrentar el fenómeno, el informe subrayó la falta de controles efectivos y soluciones estructurales reales.

La fiscalización también abordó la crítica situación del transporte aéreo y marítimo. En el caso de la aviación civil, y en particular la estatal Cubana de Aviación, se mantiene una alta dependencia de aeronaves arrendadas y una limitada conectividad nacional. Mientras, en el transporte marítimo, solo una parte de los catamaranes que cubren la ruta Batabanó–Isla de la Juventud se encuentran operativos, y las reparaciones avanzan con lentitud.

Uno de los puntos más alarmantes fue la incapacidad del sector para garantizar el suministro básico de insumos. La falta de neumáticos, baterías, piezas de repuesto y combustible es generalizada, lo que provoca la paralización de vehículos y retrasa la operación de rutas. A ello se suma la mala gestión de los recursos asignados, con denuncias de uso ineficiente y falta de fiscalización interna.

El informe también abordó la gestión de la carga y la logística, señalando como deficiencia clave la baja utilización del transporte ferroviario para mercancías, el colapso del cabotaje nacional y la debilidad crónica de la flota mercante, cuya reactivación sigue dependiendo de fondos externos.

En términos de vialidad, los fiscalizadores alertaron sobre el deterioro progresivo de las carreteras, especialmente en zonas rurales, donde se reportan tramos intransitables, ausencia de señalización y abandono del mantenimiento básico. Este estado crítico está directamente relacionado con los altos índices de accidentalidad y la mortalidad resultante, que el propio informe cifra en más de 600 muertes al año.

Pese a este panorama desolador, la Asamblea se limitó a escuchar, aprobar el informe y a emitir algunas recomendaciones sin exigir responsabilidades políticas concretas ni proponer reestructuraciones. 

El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, calificó al sector como "una gran empresa" con "un objetivo común: satisfacer al pueblo", y prometió atender las recomendaciones sin ofrecer detalles al respecto.

Habrá que ver si la fiscalización conducirá a un camino hacia la corrección de errores o termina diluida por el discurso oficial, que vuelve a prometer planes graduales, transición energética, "innovación nacional" y electro ómnibus sin que hasta ahora esas iniciativas hayan cambiado la realidad del transporte en Cuba.

Mientras, la población sigue enfrentando horas de espera, rutas canceladas, trenes inoperantes y pasajes imposibles de conseguir, en un país donde el transporte estatal dejó de ser un servicio y pasó a ser una ruina.

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