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Opinión

¿Por qué el ministro de Cultura tiene que recurrir personalmente a la violencia?

Alpidio Alonso no delegó la violencia en ninguno de sus subordinados, la practicó él mismo.

Madrid
El ministro Alpidio Alonso agrede físicamente a miembros del 27N.
El ministro Alpidio Alonso agrede físicamente a miembros del 27N. Transmisiones en Facebook

Ya el viceministro de Cultura Fernando Rojas había dado muestras de que podía resolver a golpes las diferencias. Su inmediato superior, Alpidio Alonso, acaba de ser filmado agrediendo físicamente a un periodista de DIARIO DE CUBA.  

En las imágenes registradas por varios teléfonos a la entrada del Ministerio de Cultura, el ministro Alonso avanza hacia los integrantes del 27N escoltado por quienes parecen guardaespaldas, aunque tal vez sean especialistas culturales. (Con un ministro y un viceministro como esos, cualquier espécimen tiene buró y opiniones allá dentro.)

Ahora esas autoridades se apuran a declarar que ellos invitaron a entrar y dialogar a los del 27N, pero que fueron estos quienes se negaron. "La violencia no es la solución", tuitea Fernando Rojas. Tratan de cambiar el sentido de la agresión y, en breve, la versión oficial dirá que fueron los del 27N quienes agredieron físicamente al ministro Alonso.

Las imágenes muestran que, en efecto, Rojas los invitó a pasar a la sede del ministerio. En tres ocasiones, asegura él. Pero esas mismas imágenes enseñan que los integrantes del 27N se negaron, por encontrarse cercados policialmente. Y preguntaron al viceministro por qué razón estaban metidos ellos dentro de un cerco policial.

De modo que fue con cerco policial y rodeado de guardaespaldas o especialistas en lo que sea, que el ministro Alpidio Alonso se arriesgó a tirar golpes ante los celulares que lo filmaban. Pero, ¿qué razones hacen que un ministro de Cultura se despoje de la hipocresía de su cargo y acuda a la violencia física, a sabiendas de que es filmado?

Podría conjeturarse que lo ha hecho por convicciones propias, por esas convicciones que lo han llevado a ser ministro. Porque la calle —por no hablar de la entrada de un ministerio— es únicamente de los revolucionarios. Y porque contra aquellos que no se sujetan a la verdad del oficialismo, la única medida posible es la violencia, el acto de repudio.

Si estas son las razones del ministro Alonso, su comportamiento deja claro a qué clase de cultura aspira el régimen revolucionario. Sospecho, sin embargo, que la razón principal para su exhibición de violencia ha sido el cerco policial denunciado por los integrantes del 27N. Alpidio Alonso se sintió amenazado, no solo por un grupo de jóvenes, sino también por la policía política que controla el país. Él y Fernando Rojas rinden cuentas ante Seguridad del Estado y, por tanto, ese cerco de fuerzas policiales los señalaba a ambos como un par de inútiles.

Al ministro y al viceministro les tocaba demostrar ante los jefes que no serían tan blandos como para permitir que renacieran a las puertas del Ministerio las protestas ocurridas en noviembre. El 27N no seguiría dando la tángana, porque la tángana es patrimonio exclusivo de los revolucionarios.  

Es por ello que Alpidio Alonso no delegó la violencia en ninguno de sus subordinados y se apuró a practicarla él mismo. Por eso bajó las escaleras acompañado de séquito y se personó en pose combativa. Para dejarse ver ante los jefes que mandan, para hacerse perdonar por los jefes el cerco policial.

Con esa guapería exhibicionista, Alpidio Alonso quedó como el revolucionario combativo que exige su cargo. Y después de esa sobreactuación, ahora toca jimiquear en victimismo y quejarse de haber sido provocado. Se trata, por enésima vez, de esa bipolaridad del castrismo que consiste en agredir para, acto seguido, lamentar los daños que el enemigo ocasiona.

Sea cual sea la hipótesis con que se explique este repugnante espectáculo, ha dejado en evidencia la espiritualidad de esbirro de la que gozan el ministro de Cultura Alpidio Alonso y el viceministro Fernando Rojas. Además, este episodio enseña que, con detenciones previas y cercos y funcionarios que agreden físicamente, el régimen está cada día más sensible a las provocaciones, cada día más desesperado.

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18 comentarios

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Alpidio quiso demostrarle a Pamela (que es el verdadero poder), que el es todo un "revolucionario". El tipo tuvo miedo que lo tronaran, y lo mandaran directo al plan pijama, por no tener bien controlados a los artistas, por eso estuvo manoteando nervioso, para no perder su jabita en estos tiempos dificiles. Pamela habra quedado complacida ?.

Respuesta: porque esta cosa es el “ministro” culo, no de cultura.

Cuando uno recurre a la violencia es por que no tiene razón para debatir y siente que perdera un diálogo son todos trogloditas frustrados y de mala entraña , el hombrecito nuevo.

Buen síntoma, parece inminente una revuelta...

Viejos pateticos, frustrados y abusadores porque saben que el poder represivo los ampara.
Cualquier asno barrigon y churrioso ostenta el grado de ministro en Cuba, solo se necesita que sea un incondicional lamebotas de sus jefes.

Profile picture for user Amadeus

„Es la hora de los cambolos, y no ha de verse más que vidrieras rotas“ Joe Marty.

Profile picture for user Peña Tico

Ahora le dan la medalla "Héroe de la Patria"

Profile picture for user Ana J. Faya

La cultura de los funcionarios del régimen es la cultura de la guapería, del más duro, del que más combate a la "contrarrevolución". Ese show del tal Alpidio fue orquestado junto al MININT. Él sabía qué iba a hacer, para provocar, para lograr respuestas violentas de los muchachos, y después acusarlos de organizar disturbios.

Profile picture for user Gualterio Díaz

Quizás sea porque la vez anterior dijeron que no había aparecido. Ahora apareció dando manotazos y dicen que fue porque el régimen está desesperado. Mi humilde opinión: lo hizo porque sabe que la violencia de su bando siempre se justificará con que el otro era contrarrevolucionario y porque sabe que ese otro no tiene fuerza para contrarrestar la "violencia revolucionaria". Así seguirán ganando en el mundo terrenal haciendo lo que les dé la gana y provocando revuelos en el mundo virtual que jamás les quitarán las ganas, porque para quitarselas no hay diálogo que valga. Hay que quitarles el poder y en eso llevamos unos 60 años. Prepárense para la jornada de reafirmación revolucionaria de mañana con Martí por delante.

Porque se cree intocable..y ganar puntos con el pcc/ revolucion..
Acusar x agresion y abuso de poder, realizar mitin repudio/ ola de manifestaciones/ grabaciones enviar a derchos humanos/ e.u./ u.e.etc..

Profile picture for user padre Ignacio

Me voy por la segunda teoría, el vice quiso demostrar a los capos de la banda terrorista del MININT que el si es revolucionario fiel y leal, no solo de consignas. Gozan de impunidad son una casta exclusiva que no se someten a ninguna ley y hacen lo que les sale del forro. Si este es el viceministro de cultura no quiero imaginarme al de justicia. Hablando como los locos extraño aquellas entregas en FB de el diccionario de la lengua suelta que tan feliz me hacian.

Profile picture for user cubano libre

Porque no tiene Cultura......

Profile picture for user Ricardo E. Trelles

// Son unos "revolucionaros" maaaalos... //

Hola Hombre de Pueblo (HdeP). Saludos hijo. Jajajaja jajaja

Profile picture for user Amadeus

Una de las caracterísiticas del patrioterismo castrista es demostrar "la combatividad revolucionaria". Es decir, ante las "provocaciones" hay que reponder dándole un gaznatón al otro, porque eso te deja bien ante los ojos de los personeros y te define como fiel y te da "creditos".

Eso lo hemos visto bien en los eventos deportivos en el extranjero, en los mítines de repudio y en la guapería guarapera de Fernando Camisa Roja, que está siempre dispuesto a fajarse como Cheo Malanga: –No me aguante que lo mato…, (pero si nadie te está aguantando…).

Si tú a un "gusano" no lo empujas o le pegas, no eres revolucionario.

Amadeus, eso que dice, unido al hecho de que a falta de argumentos... pues entonces la violencia como recurso. No tienen más opciones. Se les está trancando el dominó. Ya no saben cómo esquivar los sablazos.