Back to top
Arquitectura

Un tramo de costa habanera con mucha historia

La Puntilla revela el impacto urbano de las grandes fortunas de la época en la conformación de una nueva ciudad.

Madrid
Hotel Rosita de Hornedo (1955), hoy Hotel Sierra Maestra, en una postal de la época.
Hotel Rosita de Hornedo (1955), hoy Hotel Sierra Maestra, en una postal de la época. Wikimedia Commons

Del lado oeste de la desembocadura del río Almendares continúa el litoral habanero con otro matiz. El balcón pétreo que serpentea el borde marítimo desde el centro histórico hasta el río, allí se interrumpe, para dar paso a una consecución de edificios modernos que guardan para sí la vista al horizonte marino. Aunque no "mire al mar", Miramar sintetiza el nuevo estándar de vida impregnado en la más absoluta modernidad advenida con la República, y que la arquitectura supo reflejar estupendamente en el magnífico catálogo de palacetes que distinguieron su urbanización desde 1911.

De manera sugerente, el primer tramo costero que inicia en la base de la península de la desembocadura del río, conocida como La Puntilla, revela el impacto urbano de las grandes fortunas de la época en la conformación de una nueva ciudad. 650 metros lineales entre las calles A y 10, contienen cuatro edificios del mismo dueño, que fueron testigo de la actualidad turística, cultural y social republicana. Edificados fundamentalmente en la década de 1950 resumen los modelos de la arquitectura residencial y de ocio de una Habana populosa, moderna y cada vez más urbanita.

Con fachada a la Avenida 1ra, son el Teatro Blanquita (1949) —hoy Karl Marx—, el balneario del Casino Deportivo de La Habana (1935) —hoy Cristino Naranjo—, el Hotel Residencial Rosa de Hornedo (1955) —hoy Sierra Maestra— y el edificio de apartamentos Riomar (1957); todas propiedades de Alfredo Hornedo (1882-1964). Este acaudalado comerciante fue alcalde de La Habana y senador de la República. Edificó su fortuna como concesionario principal del Mercado Único de La Habana, en Cuatro Caminos, que administró entre 1920 y 1950 de manera exclusiva.

Su historia, como de telenovela, se inició de vendedor ambulante y chófer de coches de alquiler, hasta que contrajo matrimonio con una clienta suya, Blanca Maruri, entrando de su mano en la alta sociedad habanera. Con ella vivió en la casona de Carlos III y Castillejo, hoy Casa de Cultura de Centro Habana, en la misma cuadra de la Sociedad Económica de Amigos del País.

Hornedo amplió la fortuna familiar con la explotación del Mercado Único, la inversión inmobiliaria y como propietario de los periódicos El País, Excelsior y El Sol. Sus modestos orígenes y sobre todo su raza mestiza motivaron la construcción del primero de sus inmuebles de Miramar. Al serle negada la posibilidad de afiliarse a prestigiosos clubes sociales como el Habana Yacht Club y el Habana Biltmore Yacht Club, se hizo uno propio ¡con dos sedes!

El Casino Deportivo de La Habana, construido en 1935, se ubicó cerca de Palatino, entre las actuales calles Entrada, La Ceiba, Este y 3ra. Se dice que tenía piscina olímpica, canchas de pelota vasca, pistas de tenis, áreas de baloncesto y voleibol, campos de equitación, de tiro y salones de baile. En 1ra entre 2 y 8, en Miramar, tenía su balneario con salones de baile, restaurantes y áreas deportivas. Ambos recintos tenían hermosas instalaciones de estilo ecléctico muy ornamentadas. Se ha afirmado que la rueda de casino surgió en la década de 1950 en los salones de este balneario de Miramar.

En 1953, Hornedo urbanizó los terrenos inmediatos al sur del Casino Deportivo, nombre que trasladó al reparto residencial. La calle Entrada se llamó así porque era el acceso original al club desde Vento. Asimismo, aunque el resto de las calles asumieron una nomenclatura numérica, la primera paralela a Vento se llamó Blanquita en honor a la esposa de Hornedo. La manzana más amplia e irregular de esta urbanización, que está en su límite norte, fue el terreno ocupado por el club de recreo que, a mediados de esa década, se convirtió en el colegio Nuestra Señora de la Asunción. Hoy solo quedan las canchas.

El balneario de Miramar sí se mantuvo en funcionamiento, y una vez nacionalizado por el Gobierno revolucionario en 1961 se llamó Club Social Cristino Naranjo. Entonces se restringió su acceso solo para trabajadores del Ministerio del Interior.

Junto al balneario de Miramar, Hornedo inauguró el 31 de diciembre de 1949 el Teatro Blanquita, que aún continúa siendo el más grande de la capital. Originalmente tenía una capacidad para 6.600 espectadores y era uno de los teatros más modernos de Cuba. A pesar de seguir en su composición arquitectónica la sobriedad funcional del Movimiento Moderno, no renunció a exhibir un interior lujoso en el diseño de su vestíbulo y cafetería con capacidad para 200 personas. Ocasionalmente funcionó una pista de hielo en su interior. Fue diseñado, al igual que el balneario, por el arquitecto Enrique Gil Castellanos.

Como excelente teatro y de gran capacidad, ha tenido una vida cultural intensa y prestigiosa. Resulta interesante la noticia de una función especial que el 15 de febrero de 1959 le dedicara el Ballet Nacional de Cuba al Ejército Rebelde y a la naciente Revolución. En su programa de mano, Alicia Alonso agradecía "a la Orquesta Filarmónica de La Habana y al Sr. Alfredo Hornedo Suárez la desinteresada cooperación brindada para este acto". ¿Quién le diría a Hornedo que un par de años más tarde también le nacionalizarían el teatro, y que el busto de su amada esposa situado en el vestíbulo sería retirado?

En su historia "revolucionaria" el Blanquita pasó a llamarse Chaplin, y a partir de 1975 Karl Marx. Además de su agenda cultural ha sido sede de múltiples eventos políticos lo que, en cierta medida, ha propiciado un mayor mantenimiento comparado con otros teatros de la capital. En 2002 fue restaurado íntegramente, pero desde 2020 está prácticamente sin uso, pendiente de una inversión millonaria que recomponga los desperfectos que, como es habitual, no fueron atendidos a tiempo.

Los otros dos edificios construidos por Hornedo en este tramo de costa fueron el Hotel Rosa de Hornedo, entre las calles 0 y 2; y el edificio de apartamentos Riomar, entre 0 y A. Ambos, construidos por el arquitecto Cristóbal Martínez Márquez, siguen la tendencia de las torres que se multiplicaban en El Vedado, no en Miramar, con lujosos apartamentos, todos los servicios modernos y dos piscinas junto al mar. El hotel tenía diez plantas con 172 apartamentos de entre uno y tres dormitorios; además dos penthouses, uno de las cuales habitó el propio Hornedo con su segunda esposa, Rosa.

El edificio Riomar está conformado por varias torres de 11 niveles dispuestas en U en torno a las piscinas. Tenía un total de 201 apartamentos de amplia superficie, con múltiples servicios en planta baja, tres salones de fiestas y aparcamiento soterrado. Su diseño resulta más macizo que el del hotel, no obstante, ambos representan sendos volúmenes que como cortinas bloquean la comunicación del reparto con el borde costero.  

Los dos edificios responden al gran auge inmobiliario de la década de 1950, a la floreciente sociedad capitalina demandante del máximo confort y modernidad en la vivienda, así como del gran flujo turístico existente. Hoy, en el extremo opuesto, reflejan la imagen más dolorosa de la realidad cubana. El Hotel Rosita, renombrado Sierra Maestra, funcionó como tal durante varias décadas sin acceso al pueblo cubano. En 2000 fue reconvertido en oficinas de CIMEX, una de las tantas corporaciones gubernamentales que desbancan al país. Por su parte, las ruinas de Riomar han sido motivo recurrente de reflexión y ejemplificación sobre la profunda devastación del fondo habitacional cubano. 

Necesitamos tu ayuda: apoya a DIARIO DE CUBA

Archivado en
Más información

4 comentarios

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sesión para comentar.
Profile picture for user Weston

Esa costa habanera me trae muchos recuerdos. Una especie de “nostalgia boba”, como escribió el poeta pinareño Benigno Nieto. Gracias Yaneli, y por favor, mantente en las alturas. Todos sabemos que el comunismo es perverso.

Profile picture for user Ana J. Faya

Gracias por este artículo. Cuando pasen 10 años más, si todo sigue igual en Cuba, todo el esplendor arquitectónico que la isla fue capaz de exhibir habrá desaparecido. Es horrendo que lo que uno recuerda --como el Blanquita-- ya no sea tal.

Por desgracia, "si todo sigue igual", lo que no sean ruinas habrá que terminar de derribarlo para que se pueda reconstruir de forma más o menos "segura".
Si hasta los "nuevos" hoteles de "lujo" dan pena.

Profile picture for user EM

Excelente historia, muy bien contada, como siempre.
Me llamó especialmente la atención esta frase: “una de las tantas corporaciones gubernamentales que desbancan al país”.
Es la primera vez que leo algo así en uno de tus textos. Me sorprendió, pero a la vez me pareció una afirmación valiente y necesaria.