para Esther María Hernández,
que ama a Italia y el cine
¿Rumba de qué, Saraginha, rumba de qué?
Una lenta tarantela, o a lo más
un mambo bobo,
la que llamóme aquel día hasta ti
en esa espantosa playa,
armado de monedas, no para que mía fueras,
como los chulos de Rímini chotearon,
sino para obligarte a bailar sola, tú,
puta, giganta, tetona, descalza y pelúa,
a todas luces demente, mirada socarrona,
tamal en refajo oscuro tus masas oprimidas,
valkiria o sirena perdida,
clamando entre entusiasta y vengativa,
pródiga en furia y en lascivia,
ávida de espectadores, no de clientes,
coreógrafa de las olas, o bien,
ritual de gran muralla entre chamacos y el mar.
Pero, ¿qué rumba sin tumbadora,
meneo sin beneficio de claves?
Mentira fellinesca para mí tuvo que ser,
tal vez para ilustrarme,
abandonado el niño en la costera,
que Madre Naturaleza puede manifestarse
con cuerpo que a pescado apesta,
como si viese, canto y hechizo,
una película.
Enrico Mario Santí nació en Santiago de Cuba en 1950. Junto a una extensa obra ensayística, ha publicado las más fiables ediciones anotadas o críticas de Octavio Paz, Guillermo Cabrera Infante, Pablo Neruda y Fernando Ortiz. Ha recogido sus poemas en Son peregrino (La Torre de Papel, Miami, 1995) y en Nada contra marea. Poemas 1995-2025 (Ediciones La Mirada, Las Cruces, New Mexico, 2026), al cual pertenece este poema.