Para Araceli
Cuando no hay luz, no sé
por qué me siento más solo.
Las cosas que me acompañan
—paredes, pisos, espejos,
todo lo que he reunido
para amarrar la memoria—
todo desaparece.
Nadie se ve sin luz.
Cuando no hay luz por la noche,
cuando más falta me hace
no sentirme aquí en lo oscuro,
cuando en las sombras tremendas
se mueve lo que he soñado,
despierto, toco mi pecho,
relevo mi ritmo sordo.
Cuando no hay luz y recuerdo
que en la mañana tampoco
falta música en el radio,
fracasan ventiladores,
y el aire se vuelve niebla,
descubro que el viento sopla
la oscuridad de los días,
un tiempo que no cosecha.
Cuando no hay luz y me acosa
el humo de mi quinqué,
y pienso cómo los ciegos
perciben al mundo oscuro,
la vida que es invisible,
el sol me parece luna
que ciega al que no merece.
Cuando no hay luz y resuenan
las tripas de viejas hambres,
oigo campanas quejosas
de madrugada en tinieblas,
y siento que llegas tú
y anuncias mañanas llenas
porque amanecer quisiera
cuando no hay luz.
Claremont, 18 de marzo, 2025
Enrico Mario Santí nació en Santiago de Cuba en 1950. Junto a una extensa obra ensayística, ha publicado las más fiables ediciones anotadas o críticas de Octavio Paz, Guillermo Cabrera Infante, Pablo Neruda y Fernando Ortiz. Recogió sus poemas en Son peregrino (La Torre de Papel, Miami, 1995).