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Poesía

'Ricardo III' (I, 1) de William Shakespeare

'Llegó el invierno de mi desagrado/ que el sol de York trocó en triunfal verano,/ y las nubes que agobiaban mi casa/ hoy yacen en el hondo pecho del mar'.

Claremont
Ian McKellen como Ricardo III en la versión fílmica de Richard Loncraine, 1995.
Ian McKellen como Ricardo III en la versión fílmica de Richard Loncraine, 1995. IMDb

 

Llegó el invierno de mi desagrado
que el sol de York trocó en triunfal verano,
y las nubes que agobiaban mi casa
hoy yacen en el hondo pecho del mar. 
Llega mi ceño atado a guirnaldas de victoria,
heridos brazos decoran monumentos,
adustos fragores transformados en verbenas,
temibles marchas en mullidos compases. 
La cejijunta guerra alisó su frente anciana
y en vez de montar corceles pertrechados
para ahuyentar las almas adversarias,
penetra bailoteando alcoba de una dama
al seductor compás de una vihuela.
Pero yo, que para amoríos no fui hecho
O siquiera cortejar primorosos espejos,
yo, defectuoso que soy, queriendo majestad de amor
en pos de pavonear tras ninfas trotacalles,
yo, carente como soy de nobles proporciones,
por Natura engañosa estafado,
deforme, incompleto, nacido antes de tiempo
a este mundo resollante, medio cocido apenas,
tan poco convincente, estrafalario, 
que los perros me atacan cuando paso,
por qué yo, en la paz de esta fértil temporada
ningún placer derivo en pasatiempo
si no es para auscultar mi sombra en lo soleado
o pasar lista a mi deformidad perenne.
Por tanto, no pudiendo ser amante
de apreciar estos días celebrados,
me precio de ostentar mi villanía
y odiar los frívolos placeres de este día.
Intrigas he creado, proyectos peligrosos
a base de beodas profecías, ensueños y calumnias
para que el Rey y mi hermano Clarence 
odiándose terminen mutuamente,
y si el Rey Eduardo fuere tan justo y noble
como yo de sutil y traicionero,
llega el día en que Clarence atrapado fuere 
con una profecía que clame 
que de Eduardo el heredero con la "G"  
devendrá su asesino justiciero. 
            
            

 

Richard III, I, 1 (spoken by Gloucester)
 

Now is the winter of our discontent
Made glorious summer by this sun of York;
And all the clouds that lour'd upon our house
In the deep bosom of the ocean buried.
Now are our brows bound with victorious wreaths;
Our bruised arms hung up for monuments;
Our stern alarums changed to merry meetings,
Our dreadful marches to delightful measures.
Grim-visaged war hath smooth'd his wrinkled front;
And now, instead of mounting barbed steeds
To fright the souls of fearful adversaries,
He capers nimbly in a lady's chamber
To the lascivious pleasing of a lute.
But I, that am not shaped for sportive tricks,
Nor made to court an amorous looking-glass;
I, that am rudely stamp'd, and want love's majesty
To strut before a wanton ambling nymph;
I, that am curtail'd of this fair proportion,
Cheated of feature by dissembling nature,
Deformed, unfinish'd, sent before my time
Into this breathing world, scarce half made up,
And that so lamely and unfashionable
That dogs bark at me as I halt by them;
Why, I, in this weak piping time of peace,
Have no delight to pass away the time,
Unless to spy my shadow in the sun
And descant on mine own deformity:
And therefore, since I cannot prove a lover,
To entertain these fair well-spoken days,
I am determined to prove a villain
And hate the idle pleasures of these days.
Plots have I laid, inductions dangerous,
By drunken prophecies, libels and dreams,
To set my brother Clarence and the king
In deadly hate the one against the other:
And if King Edward be as true and just
As I am subtle, false and treacherous,
This day should Clarence closely be mew'd up,
About a prophecy, which says that 'G'
Of Edward's heirs the murderer shall be.

 


Dice Enrico Mario Santí "Hace años tengo como proyecto traducir algunos soliloquios de Shakespeare a un lenguaje más actual y accesible. El reto, claro, es hacerlo perdiendo lo menos posible la poesía de su lenguaje. Y no es fácil… Para este, he confrontado sobre todo las versiones de Luis Astrana Marín y Ángel-Luis Pujante, ninguna de las cuales me convence como actualización de situación dramática. Los puristas seguramente me acusarán de herejía, de la misma manera en que en su tiempo Shakespeare fue acusado de violar las unidades clásicas. El experimento, con todo, vale la condena". 

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