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Arquitectura

La Iglesia de San Francisco de Asís: restauración como lectura de la historia (I)

Aunque hoy sus valores resulten evidentes, no siempre fue así. En 1956, el Plan Piloto de La Habana de la firma Town Planning Associates incluía su demolición.

Madrid
Iglesia de San Francisco de Asís, La Habana Vieja.
Iglesia de San Francisco de Asís, La Habana Vieja. Viajes Cuba

La iglesia y convento de San Francisco de Asís es uno de los edificios patrimoniales más destacados de La Habana. Arquitectónicamente constituye uno de los ejemplos mejor elaborados del barroco dieciochesco por su decoración, empleo de materiales, soluciones estructurales, de distribución de espacios y elementos de circulación; además de sus dimensiones monumentales. Primero en su uso religioso y luego civil, estableció funciones estratégicas para su enclave y en conexión con Latinoamérica, ya fuese como punto de partida de las misiones evangelizadoras, como almacén de depósito de la aduana del puerto o como centro telegráfico y telefónico.

Aunque sus valores hoy resulten evidentes, no siempre fue reconocido en su dimensión patrimonial. En 1956, el Plan Piloto de La Habana realizado por la firma estadounidense Town Planning Associates, del prestigioso urbanista Josep Lluís Sert —y en el que también colaboraron los arquitectos cubanos Nicolás Arroyo y Mario Romañach—, contemplaba su demolición para ampliar la calle Teniente Rey y comunicarla directamente con los muelles.

El arquitecto Daniel Taboada recordaba que, a inicios de la década de 1990, cuando empezó su restauración integral, por dentro del inmueble "circulaban camiones" y que "tenía una intervención nada piadosa con el edificio". A excepción de algunos especialistas como Emilio Roig y Joaquín Weiss, afirmaba que "nadie tenía idea de lo que era, incluso cuando se hace Secretaría de Comunicaciones, en la torre lo que se instala es un gran tanque de agua de planchas de hierro fundido con remaches".

Aprovechar en su sentido funcional los espacios es una práctica habitual, inherente al desarrollo de la ciudad y sus construcciones. En sus cuatro siglos de existencia, la iglesia de San Francisco de Asís ha sido testigo de ello. Afortunadamente, ha logrado sobrevivir con un alto grado de integridad y continuar siendo útil. Para ello fue clave la restauración acometida por el antiguo CENCREM y la Oficina del Historiador, que permitió reinaugurar entre 1994 y 1998, todas las secciones del conjunto arquitectónico. Desde entonces es sede del Museo de Arte Sacro, y la iglesia se ha convertido en una de las principales salas de concierto de la ciudad.

Al frente del proyecto estuvo Daniel Taboada. En una entrevista recogida en el libro Tres arquitectos cubanos, de Roberto Santana, Taboada comenta varios detalles de la restauración que me interesa rescatar, pues repara en elementos que revelan parte de la historia y esencia de este edificio excepcional.

Primero hay que aclarar, que el edificio actual corresponde a la obra realizada entre 1719 y 1757, que reemplazó el templo franciscano primitivo de 1579, de fábrica más sencilla. Ambos fueron situados al borde de una caleta que se abría en el litoral del puerto y que corresponde al espacio que hoy ocupa la plaza. A su alrededor estaban los inmuebles de la Aduana, la Marina, el Gobernador, el Cabildo y la cárcel, que generaron una intensa actividad y un vínculo determinante con el puerto. Esto conllevó que de manera sistemática se cegara la caleta, ampliando la plaza y redefiniendo la línea de costa a partir de la fachada posterior del templo de San Francisco, donde estuvieron los muelles que llevaron su nombre. Así, en su paisaje primitivo, el convento estaba situado junto al agua, y de ello todavía hay huella.

Taboada hace mención a unas grietas que están documentadas desde el siglo XIX, y que "son tan grandes que hasta los grabadores las ponen en sus dibujos". Estas grietas responden a problemas de cimentación por la ubicación del templo al borde del litoral. Algo difícil de imaginar si no consideramos que gran parte de la plaza, la Avenida del Puerto y el edificio de la Aduana están sobre zonas de relleno.

Sobre ello comentó Taboada: "Poniendo la cosa muy mala, la fachada entera que da a la plaza tenía tendencias históricas a desprenderse hacia la plaza, pero la fachada principal que da a la calle de los Oficios tenía tendencia histórica a desprenderse hacia la calle de los Oficios y ¿dónde rajaría? En la torre. La torre se partiría en dos, a lo mejor quedaba parte de la torre. Eso sería una visión, digamos, como para no dormir, terrorífica, pero hasta ahora se ha seguido vigilando y no tiene problema. El edificio está vivo, o sea, tiene algunos movimientos, imperceptibles, pero tiene, porque está muy al borde del agua y contra eso no hay quien luche".

Otro elemento que lo conecta con el espacio natural es el material constructivo. Para garantizar su perdurabilidad por su significación como inmueble religioso, se hizo en piedra de Jaimanitas. Incluso la iglesia tiene bóvedas de piedra, lo que subraya su relevancia y recursos destinados frente a otras construcciones con cubiertas de madera.

Varios historiadores han referido que el uso de esta piedra marina llena de fósiles, limitó que el barroco cubano se cargara de decoración y detalles escultóricos. No obstante, a nivel compositivo las fachadas de San Francisco transmiten la magnificencia y volumetría del barroco universal. Según Taboada tiene todo el "recetario de soluciones": "las columnas, el esviaje, el óculo central de entrada, los óculos de ventilación y luz, las bolas características de Juan de Herrera, los pináculos, las volutas jesuíticas que apoyan el cuerpo central, aplastadas, no son circulares como las de la Catedral, los frontones abiertos… Aquí tenemos un caso único que viene una cornisa y de pronto se convierte como en un nicho para albergar una imagen. Eso es un rompimiento de una cornisa que debió haber sido toda horizontal para provocar un efecto barroco. Entonces eso se modula con el arco gigantesco a escala monumental, abocinado para ir reduciendo proporciones y llegar a la puerta. Es una puerta que te atrae, te invita a entrar, que es lo que tiene que hacer una construcción de programa religioso, ¡entra!, luego hablamos, pero primero entra".

Durante esta restauración se confirmó que la fachada de San Francisco estaba enlucida. En una zona inaccesible de lo alto de la torre se encontraron restos del revoque que fue retirado en la intervención de 1941, y que habitualmente cubría los muros de piedra de nuestros edificios coloniales. En este sentido Taboada hace una distinción: "La Catedral es excepcional porque nunca llegaron a recubrirla tras la expulsión de los jesuitas, pero San Francisco sí fue enlucido y luego se hizo el despiezo".

Otros elementos que han sido estudiados a raíz de la intervención fueron las marcas de cantero, en las que los muros de San Francisco son pródigos. Estas marcas son trazos o signos que el picapedrero grababa en el bloque como firma, lo que auxiliaba a contabilizar su trabajo. Hoy constituye un vestigio valioso asociado a la práctica de un oficio tradicional. Otras marcas interesantes que recuerdo que Taboada siempre hacía notar, enriqueciendo la mirada sobre la tecnología del pasado, son los mechinales. Estos son los orificios cuadrados que se observan en la fachada exterior. Eran empleados para el anclaje de los andamios de madera durante la construcción, y se dejaban descubiertos para futuras obras de reparación o mantenimiento.

La próxima semana abordaremos algunos elementos incorporados en la restauración, que ayudan a desentrañar la historia del sitio.

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1 comentario

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Profile picture for user Rodolfo J de la Fuente

Se agradecen esyos articuklos spbnre a arquitecira cibana. Conocer el pasado nos ilustra el entorno presente