Mucho se ha dicho de las similitudes de los Jardines de La Tropical (1904), en La Habana, con el Parque Güell (1922), de Barcelona. Como es habitual se infiere que el cubano copió soluciones del español, no obstante, nada más alejado de la realidad.
Ambos son parques grandiosos, diseñados para que arte y naturaleza se imbriquen ofreciendo parajes que, cuanto menos, se han calificado de paradisíacos. Son dos obras contemporáneas y afiliadas a una misma corriente estética, el art nouveau, lo que constituye el nexo principal que sustenta sus semejanzas.
Para eliminar toda duda de influencia directa, debe observarse que el parque habanero se terminó diez años antes que la primera fase del de Barcelona. E incluso, primero que los Jardines Artigas (1903-1905), de Bergadá, con los cuales también tiene mucha similitud.
Estos dos parques catalanes fueron obra del genio modernista Antonio Gaudí. Sobre todo, el Parque Güell, reconocido Patrimonio de la Humanidad desde 1984 y muy visitado, se percibe como referente universal de su tipo. Esto a veces demerita la mirada sobre sus homólogos, no evaluados por sus atributos y soluciones únicas, sino en correspondencia con la propuesta barcelonesa.
Los Jardines de La Tropical también fueron realizados por un maestro de obra catalán, Ramón Magriñá, quien probablemente llegó a Cuba a finales del siglo XIX. Trajo consigo la formación profesional y el conocimiento de un estilo constructivo en boga en su tierra, que con éxito supo desarrollar en La Habana. Más allá de la escuela artística común, no existe constancia de que Gaudí y Magriñá visitaran o conocieran los proyectos de jardín que cada cual realizó del otro lado del océano, por lo que resulta improcedente hablar de copia o influencia directa.
¿Qué les conecta? Las directrices de un estilo que concibe el diseño de jardín como un espacio asilvestrado donde la obra humana se muestra discreta, heredera del jardín romántico inglés. La admiración por la belleza natural les llevó a potenciar los elementos locales con el diseño de recorridos en torno a ríos, el uso de la piedra local para el mobiliario, las arcadas y otras estructuras decorativas, así como la reproducción de troncos, ramas, hojas y piedras en obras de cemento que buscan mimetizarse con el entorno, mientras recrean espacios de tránsito o descanso, salones de fiesta, etc.
Por tanto, estos parques se adaptaron a la orografía del terreno y fomentaron la vegetación autóctona del espacio seleccionado. Así se manifiesta una similitud en la disposición de salones con terrazas-mirador, de las escalinatas y paseos que se distribuyen sobre las irregularidades de la superficie. En el caso del Parque Güell que, a diferencia de los Jardines de La Tropical o del Artigas estaban favorecidos por un río, requirió mayor reforestación e irrigación artificial para poblar la entonces conocida como Montaña Pelada.
En los tres parques destaca la proyección de estructuras artificiales. La Tropical y el Parque Güell comparten la concepción de una cueva circular con un pilar al centro, recreada en piedra en la entrada del parque barcelonés y, en el habanero, en hormigón armado bajo una de las torres del Salón Ensueño.
Junto al diseño natural de los parques, sobresalen sus construcciones modernistas. Las de los Jardines de La Tropical extendieron el empleo del hormigón armado y el cemento gris como material decorativo privilegiado. Las del Parque Güell emplearon además el trencadís, técnica que recrea un mosaico de variado cromatismo. Para este trabajo de exquisita delicadeza contó Gaudí con el arquitecto José María Jujol, quien, sin repetir ningún motivo ornamental, recubrió los dos pabellones que guardan la portería, el muro que circunda el parque, la escalinata de acceso a la Sala Hipóstila, su conjunto escultórico central, los plafones que decoran el techo, y el banco ondulado que cierra el nivel superior.
La Sala Hipóstila del Parque Güell y el Salón Ensueño de los Jardines de La Tropical han sido los inmuebles que más han motivado el vínculo entre ambos parques. Esto se debe a que los dos presentan una estructura similar de alto puntal sostenido por columnas. En planta baja, el de La Tropical funcionaba como salón de baile y como mercado el español. En planta alta ambos tienen una amplia terraza con vista panorámica al parque.
En cuanto al diseño decorativo, cada uno guarda gran originalidad. Mientras el Salón Ensueño reproduce con cemento troncos y ramas de árboles en columnas, vigas y balaustres, la Sala Hipóstila se exhibe como una especie de templo dórico reinterpretado al estilo gaudiniano. Sus columnas elaboradas en piedra y trencadís crean un efecto donde los capiteles parecen clavarse en un techo esponjoso, cerrado por un banco ondulado. En la parte inferior, ambos techos son cielos: el de La Tropical cubierto por estrellas marinas de cemento; el del Parque Güell por plafones de trencadís que con soles representa las cuatro estaciones del año y los ciclos de la luna. Aunque de modo distinto, las dos soluciones tienen igual referente: la naturaleza, respondiendo a uno de los preceptos básicos del estilo artístico. En este punto vuelvo a acotar que, cuando el Salón Ensueño estaba concluido, la Sala Hipóstila del Parque Güell no existía, y solo estaban terminadas las obras de los pabellones de entrada y la red de viaductos.
Las apropiaciones neohistoricistas propias del modernismo catalán fueron elementos que también enlazaron la visualidad de los parques. En La Tropical se manifiesta con el castillo neonazarí, los elementos neogóticos de la capilla, y en los motivos mesopotámicos del friso de la barra de cerveza del Salón Mamoncillo. En el Parque Güell se concentra en las almenas que bordean la escalinata principal y en la concepción misma de su sala-templo.
Entre sus analogías aparece un detalle curioso: así como sus arquitectos, los propietarios eran españoles, y el capital empleado en la construcción de los dos sitios fue consolidado en Cuba. El de La Habana pertenecía a la familia Herrera, procedente de Cantabria, propietaria de la fábrica de cerveza La Tropical que colinda con el parque. El de Barcelona era de la familia Güell, heredera de la fortuna amasada en Cuba por Joan Güell Ferrer, entre 1816 y 1833, donde se desarrolló como político y economista.
A pesar de los valores compartidos, los dos parques no han corrido la misma suerte en cuanto a conservación y reconocimiento. El Parque Güell nunca ha sido abandonado y ha tenido la gestión del Ayuntamiento de Barcelona y de la Asociación de Amigos de Gaudí. Se ha restaurado en varias ocasiones, la más importante en 1995 y la última está en curso. El parque fue reconocido como Monumento Histórico Artístico de la Ciudad de Barcelona (1969) y Patrimonio Cultural de la Humanidad (1984). Actualmente es visitado por millones de personas que lo identifican como arquetipo de los parques urbanos modernistas.
Después de ser expropiados en 1960, los Jardines de La Tropical han sufrido largos periodos de abandono y nunca han recibido una rehabilitación integral consecuente. La falta sostenida de mantenimiento y el mal manejo del espacio ha provocado el estado lamentable en que permanece, a lo que se suma la reducción de su superficie, demoliciones y pérdida de elementos identificativos. Todo ello a pesar de ser Bien Cultural de la nación, una condición que no le protege lo suficiente, pero tampoco dimensiona su trascendencia como obra pionera y excepcional del art nouveau en Cuba.
El de La Tropical no lo conozco. El Güell tuve la suerte de disfrutarlo cuando era un parque abierto frecuentado básicamente por los vecinos de la ciudad, antes de que esta se convirtiera en un gigantesco parque temático para los millones de turistas que la asolan. Hoy ni loco me acerco por allí.
Es una pena el abandono de los Jardines de la Tropical. En los años 50 era tan bonito que recuerdo se organizaban excursiones escolares para visitarlo. Del parque Güell solo conozco fotos.
Gracias, Yaneli. Siendo más chico, el Parque Güell luce mucho más grande de lo que es gracias a las panorámicas que ofrece. Hay también mucho más color en el de Barcelona y no solo porque el cubano esté abandonado y el otro muy bien atendido; fueron concebidos de esa manera.