La Parroquial Mayor de San Juan Bautista, en Remedios, tiene mucho que contar sobre la arquitectura cubana de los primeros siglos coloniales, y de las corrientes estéticas que luego camuflaron "lo primitivo" con afanes de gloria. Se ha repetido que es la más antigua de Cuba, sin considerar que su principal valor está en todos los elementos que ganó a lo largo de su historia.
La parroquial remediana es la suma de las obras realizadas en los siglos XVII y XVIII, pero también de la restauración de la década de 1940, que configuró el templo tal y como lo entendemos y admiramos hoy. Por más que alimente el orgullo local, resulta aciago discutir antigüedades en un entorno donde tantas iglesias han sufrido reconstrucciones y ampliaciones, moviendo fechas y haciendo complicado acuñar vestigios suficientes para ganar tal título. En esta situación están también las parroquiales de Bayamo y de Sancti Spíritus.
La actual Parroquia de Remedios ocupa el lote de la primera iglesia que tuvo la ciudad, en 1578, y que marcó junto a la plaza, el inicio y centro del trazado urbano que siguió la octava villa fundada por los conquistadores. Entonces fue, como casi todas las construcciones fundacionales, de factura pobre, con muros de embarrado y techo de guano.
En 1692 se reedificó completamente con muros de ladrillo y mampuesto, y los techos de madera y tejas que hasta hoy constituyen su mayor tesoro. Entonces asumió la planta actual de tres naves, una más amplia al centro y dos laterales, separadas por arcadas de ladrillo enlucido. La nave central tenía 11,50 metros de alto por 7,60 metros de ancho, y terminaba donde hoy se encuentra el arco toral. Las naves laterales tenían un puntal más bajo, por lo que sus techos eran independientes. En realidad, cada una tiene seis pequeños techos de par e hilera correspondientes con los arcos, mientras que la nave principal tiene una enorme estructura de par y nudillo.
Los techos de armadura de pares de la Parroquial Mayor de Remedios la convierten en un fascinante exponente de la arquitectura colonial, fundamentalmente, por su trabajo decorativo. Con colores planos negro, blanco, azul, amarillo y rojo, recrean en toda la superficie hojas y flores muy estilizadas, que en ocasiones se confunden con estrellas. Cada decoración se ciñe a los elementos de la cubierta (vigas, tirantes, tablazón, etc.), reforzando la distribución geométrica que ellos imponen.
Hacia el exterior los techos remataban en un alero de sardinel entre dos filetes. La fachada principal, único objeto de atención decorativa, era diferente de la actual y probablemente más interesante, porque resultaba más coherente con el diseño integral del edificio. Según Francisco Prat Puig el diseño de la misma derivaba de las mudéjares toledanas por los elementos empleados y por su composición general.
La primera fachada de la Iglesia de San Juan Bautista tenía tres cuerpos diferenciados que correspondían con lo que existe en el interior. Es decir, un cuerpo central alto y ancho, y dos laterales estrechos y bajos que terminaban a la altura de las pilastras contrafuertes que hay en cada extremo. Los tres cuerpos terminaban en línea recta, con un alero de sardinel como el que tiene el resto del edificio.
Del diseño original del siglo XVII son las tres puertas con sus platabandas y pilastras adosadas, las pequeñas ventanas cuadradas, la hornacina sin santo y la espadaña. Entonces no tenía escalinata, ni torre. Para Prat Puig los tipos de arcos empleados en esta iglesia, tanto los trilobulados como carpaneles, "constituyen tardías supervivencias de tradiciones artísticas que arrancan del gótico final español, y como otras modalidades artísticas, se perpetúan en Cuba por obra de artífices que emplearon frecuentemente en sus construcciones fórmulas y soluciones de las postrimerías de la Edad Media, interpretándolas siempre de manera sumamente simplificada". Esto sitúa a la iglesia principal de Remedios, como otras contemporáneas de Cuba y América, en una manera de hacer heredera de la alta Edad Media española.
Entre 1735 y 1757 la iglesia fue ampliada en su zona posterior, adicionando el actual presbiterio y la sacristía. Esto conllevó la construcción, en los últimos cinco años, de otras tres cubiertas de armadura: de par e hilera en los laterales, y de par y nudillo al centro. En concordancia con los techos del siglo anterior, los nuevos reprodujeron los mismos tipos de decoraciones pictóricas. Para Alicia García Santana en la ejecución de "nuestra Capilla Sixtina", probablemente trabajó el maestro José Santoyo, muy recurrido por su labor en Villa Clara en esta época.
Durante estas obras, la nave central se alzó 1,28 metros más de altura, conservando la cubierta de par y nudillo original. Hacia el exterior la fachada principal unificó los tres cuerpos, con un remate triangular desde la espadaña, integrándolo todo en un solo lienzo a la manera renacentista. Esta fachada triangular de la Parroquial de Remedios puede observarse en los grabados de Mialhe publicados justo antes de que se construyera la torre campanario (1848-50), por lo que no aparece. Al hacerse en el siglo XIX, por el arquitecto Luis Rolland, es de diseño neoclásico.
Entre 1944 y 1954, la iglesia fue objeto de una restauración capital financiada por Eutimio Falla Bonet y Mario Darna, que la devolvió de la ruina. La obra estuvo a cargo del arquitecto Aquiles Maza, quien además de estudiar la evolución arquitectónica del inmueble y certificar las distintas etapas por las que había transitado, incorporó elementos que desde entonces han definido la imagen exterior e interior de la Parroquia.
Tal vez inspirado en el magnífico artesonado de madera, Maza le imprimió a la iglesia un nuevo aire barroco. Para ello incorporó una escalera de cinco pasos que se pronuncia sobre la acera y transformó el hastial triangular en uno mixtilíneo. Para Prat Puig, esto no benefició el diseño integral de la fachada, al imprimirle un "menguado barroquismo con su ático curvilíneo rematando un conjunto de medievalismos".
En el interior cubrió el pavimento con losas de capellanía y recuperó la cubierta de madera, cuya belleza entonces se desconocía pues desde inicios de siglo se había cubierto con una gruesa capa de cal y luego tapado con un falso techo de tela clavada en los tirantes de madera. Una profunda limpieza con cepillos metálicos lastimó las pinturas a la par que reveló su existencia. Entonces fueron debidamente restauradas por un señor de apellido Jiménez.
Finalmente, el interior del templo fue decorado con retablos barrocos laminados en oro provenientes de distintas iglesias cubanas. Los de la Soledad y el Buen Pastor, por ejemplo, llegaron de la Iglesia de Barreras, aunque originalmente pertenecieron a la Catedral de La Habana; y el de la Inmaculada Concepción, famoso por ser el único en Cuba que representa a la virgen embarazada, provino del Convento de Santa Catalina. El magnífico retablo del altar mayor fue completamente recreado para esta parroquia por Rogelio Atá, con piezas nuevas y antiguas que se encontraban en la Iglesia de San Felipe y Santiago de Bejucal.
De esta manera, se consolidó la imagen de una iglesia que ha sido orgullo de los remedianos, y que sin dudas está unida urbana y arquitectónicamente a la esencia cultural de la ciudad. En 2011 fue incluida por World Monuments Fund en la lista de monumentos históricos en riesgo, junto con la de Nuestra Señora del Buen Viaje, situada en la misma plaza. Aunque imágenes posteriores la muestran repintada, sigue precisando una importante restauración que controle los graves problemas de humedad y filtraciones que se observan hoy en sus muros y en los magníficos techos que le han ganado un lugar en la historia de la arquitectura cubana.
Querrá decir BAJA edad media, no alta.
Mencionar que por ejemplo, la Ermita de Buenviaje, próxima a la Parroquial Mayor y a la Plaza Isabel II por el lado norte se encuentra en un estado de conservación lamentable y ruinoso, próximo a su derrumbe, así como otros edificios patrimoniales del casco histórico de Remedios como el Teatro Villena, el Cine American, la antigua Biblioteca Municipal José Martí y otros, gracias a la desidia y corrupción imperante en el gobierno municipal y en la oficialista Oficina del Conservador de la Ciudad, ocupada en cualquier asunto menos en la gestión y protección del patrimonio tangible de la Octava Villa, que ahora más que nunca, sigue estando atormentada por los demonios.