La Giraldilla inauguró, en 1633, el amplio y variado catálogo de la escultura monumental habanera. Desde lo alto de la torre del Castillo de la Real Fuerza, se erigió como alegoría de una victoria en defensa de la villa, llegando con el tiempo a convertirse en símbolo de la ciudad. Con una fuerza semántica e iconográfica superior a obras posteriores como la Fuente de la India (1837), se ha incluido hasta en marcas comerciales de puros y rones.
Desde entonces, múltiples personajes han sido colocados en piedra y bronce en nuestras calles, perpetuando su vínculo con la ciudad, la cultura y la política cubana. Estos han sido los tres grandes temas de las esculturas situadas en espacios públicos en los últimos cuatro siglos, sin exclusión de otros no menos significativos.
Por ejemplo, la religión tiene algunos exponentes entre los que destacan la colosal figura de Cristo (1958) en la colina de Casablanca, y la Virgen del Camino (1945), en la confluencia de las vías que comunicaban las poblaciones del sur de la ciudad. Junto a la antigua Basílica de San Francisco, se encuentran además la estatua del fraile misionero Junípero Serra (2005), quien tuvo una breve estancia en La Habana camino de California en el siglo XVIII, y la de María Teresa de Calcuta (2003) a la que se le dedicó un recodo de recogimiento y paz, en su honor y como recuerdo de la visita que efectuó a Cuba en 1986.
También existe en el puerto una escultura del arzobispo Makarios III (2005), primer presidente de Chipre. Este personaje no visitó la Isla, pero su imagen constituye un gesto de amistad entre naciones. Así hay otras en la capital que refuerzan un mensaje político como las de Eva Perón, Simón Bolívar, Benito Juárez, Salvador Allende, Omar Torrijos y Eloy Alfaro.
Antes de 1959, estaban los bustos de William McKinley, Theodore Roosevelt y Leonard Wood junto al monumento a las víctimas de Maine (1925). Sin embargo, en 1961 fueron retirados junto al símbolo del águila y la tarja con la Resolución Conjunta del Congreso de EEUU —"El Pueblo de la Isla de Cuba es y debe ser Libre e Independiente"— para poner en su lugar: "A las víctimas de El Maine que fueron sacrificadas por la voracidad imperialista en su afán de apoderarse de la isla de Cuba".
Personajes de la historia política del país han sido ampliamente representados. Primero estuvieron los reyes de España, Carlos III, Fernando VII e Isabel II, de quien no se conserva la escultura. Luego vinieron los próceres de las guerras independentistas, Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García, Bartolomé Masó y Quintín Banderas. Junto a ellos, José Martí ha sido el más representado, en todos los formatos y materiales, y con estéticas tan diversas como el pensador de Juan José Sicre del Memorial José Martí (1958), el Chac Mool de René Negrín en los jardines de la Unión de Periodistas de Cuba (2007), y el acusador, como salido de un cómic de Marvel, para la Tribuna Antimperialista (2000), del escultor Andrés González.
Engrosando el tema político, se representaron en espacios públicos habaneros los primeros presidentes de la República (Tomás Estrada Palma, José Miguel Gómez y Alfredo Zayas), de los cuales solo el segundo permanece; dos alcaldes, Alejandro Rodríguez y Manuel Fernández Supervielle; y el líder obrero Aracelio Iglesias. Del periodo revolucionario figuran Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos, con los murales escultóricos de la Plaza de la Revolución.
Dentro de este tópico se incluyen las únicas mujeres cubanas inmortalizadas en piedra en la capital cubana: Mariana Grajales, América Arias y Emilia de Córdoba; y más recientemente, Celia Sánchez en el Parque Lenin. Es claro el desbalance entre tanto nombre masculino y lo mucho que queda para rescatar la memoria de las mujeres que han tenido un papel fundamental en la vida del país y diversificar los temas desarrollados.
En este sentido, también vale este panorama para comprobar lo mucho que se muestra de lo ajeno y lo poco de lo propio, cuando lo más racional sería que los personajes fijos en las calles habaneras sean, sobre todo, aquellos que han vivido, pensado y sentido en ellas o tenido una estrecha relación con Cuba. En cambio, hoy las habitan esculturas de Shakespeare, Cervantes, Dante Alighieri y Luis Vas de Camões, en reconocimiento al legado universal de sus obras literarias.
Cervantes tiene dos esculturas de cuerpo entero y sus personajes más icónicos —Quijote y Sancho— a gran escala, cuando Cirilo Villaverde tiene solo un busto en la Plazuela del Ángel, donde también está el único personaje literario cubano llevado al bronce: Cecilia Valdés.
He de añadir que Ernest Hemingway también tiene su escultura, pero tomando daiquirí en El Floridita.
Del ámbito de la danza y la música hay en localizaciones privilegiadas esculturas de Antonio Gades, Agustín Lara, John Lennon, Frédéric Chopin y, hace unos años, Richard Strauss, cuya "brillante" figura fue vandalizada en El Vedado. De ellos, solo los dos primeros conocieron la Isla. Mientras que, entre los tantos talentos que Cuba atesora en estas artes, solo Alicia Alonso y Bola de Nieve han sido representados, aunque en espacios interiores del Gran Teatro de La Habana y del Museo de Guanabacoa.
Esta presencia mínima guarda bastante relación con la exigua historia cultural que se transmite y enseña en los colegios y en los medios de prensa de Cuba, en favor de la historia política, manipulada y maniquea. En sintonía, la escultura monumental habanera ha dejado muy poco espacio a la cultura nacional, la ciencia y nada al deporte. Entre los que han recibido honores apenas faltaría nombrar a Carlos J. Finlay (médico), Francisco de Albear (ingeniero), José de la Luz y Caballero (pedagogo) y Eusebio Leal (historiador).
Es por eso más grande la extrañeza cuando entre los inmortales La Habana honra a un samurái y a un almirante canadiense que, en 1614 y en 1706, estuvieron en su puerto, y hoy son detalle diplomático entre gobiernos. No obstante, sería injusto decir que ha faltado atención sobre ciertos personajes que retratan nuestra heterogénea sociedad. Están El Caballero de París (2001) y Enriqueta Fávez (2020), ambos emigrantes con una historia recordada en Cuba.
El primero, gallego, llegó a La Habana en las primeras décadas del siglo XX, y perdida la cordura por su encarcelamiento ante un robo del que se declaró inocente, transitó las calles como mendigo convirtiéndose en leyenda. La segunda, suiza, también sufrió cárcel en La Habana por lo que en el siglo XIX se consideraba "sodomía femenina". Hoy se la recuerda por haber roto todas las barreras impuestas a su género, consiguiendo titularse de cirujano en La Sorbona, servir en el ejército de Napoleón, ejercer con reputación y fortuna en la ciudad de Baracoa, y engañar a la Iglesia Católica con su matrimonio con la cubana Juana de León.
Fávez consiguió todo lo que le era prohibido vestida de hombre y por ello la encarcelaron. Hoy tiene dos esculturas en Cuba: la de La Habana, donde cumplió condena y desde donde fue desterrada en 1824; y una copia situada este verano en Baracoa, donde vivió entre 1819 y 1823.
Todo esto recuerda que al bronce pueden y deben llegar muchas historias y que, aunque no lo parezca, en las calles de La Habana hay de todo como en botica.
Bah , comentario muy sutil y wake, siempre soltando el veneno del feminazismo,nadie prohíbe hacer esculturas femeninas.Es más bien parte de un jineterismo cultural sobre todo con figuras europeas del arte, la música, letras política. Se sabe perfectamente del mecenazgo de instituciones diplomáticas europeas con artistas del patio .Por cierto señorita ,en el mural de la calles mercaderes ,está representada Gertrudis Gómez de Avellaneda ,fue realizado por Andrés Carrillo escultor y pintor ruso cubano.El le podrá informar de las grandes dificultades para conseguir bronce, fundirlo y sobre todo instalar las obras debido a burocracia y piñatas o "piñitas"de elegidos....
Muy bueno el artículo, como siempre. Los liberales solo cuentan la estatuas derrumbadas que les convienen. No cuentan el derribo de las estatuas de Colón, y todas las estatuas que representan a supuestos “racistas” en los Estados Unidos. Desde mediados de la década de 2010 —y especialmente tras las protestas de 2020 contra el “racismo sistémico”—, cientos de estatuas y monumentos dedicados a oficiales y figuras de la Confederación (el “sur” en la Guerra Civil de EE.UU.) han sido removidos en todo Estados Unidos.
Cuando los talibanes en Afganistán derrumbaron las milenarias estatuas de Buda, ya el régimen cubano se les había adelantado con el derribo de las estatuas de los presidentes de la república. Lamentablemente, eso de derrumbar estatuas de figuras públicas, en los últimos años ha devenido práctica en varios países democráticos. Siempre me ha parecido una muy innecesaria expresión de extremismo. Como bien dice la autora, faltan homenajes tallados a cubanos que han dejado su huella en la historia cubana, y sin embargo se celebra a personalidades que poco tienen que ver con la isla. En las artes, bien merecerían una escultura Brindis de Salas, Lecuona o Sindo Garay, antes que Chopin; o Dulce María Loynaz y Julián del Casal, antes que Luis Vas de Camões.