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Opinión

Rescatar la ciudad para reconectar nuestro mundo

'Hoy en Cuba se hace evidente una mirada desolada y desoladora sobre un paisaje amado desde el dolor, que puede resultar agresivo, inhóspito, ajeno, y que deshace el vínculo afectivo con la ciudad.'

Madrid
Lanchita de Regla y, al fondo, La Habana.
Lanchita de Regla y, al fondo, La Habana. AméricaTV

¿Por qué hablar de patrimonio cuando todo está tan mal y tantos asuntos esenciales reclaman solución urgente? ¿Por qué dirigir recursos y energía a la conservación de un pasado, o de muchos pasados, si es tan crítico el presente? Para muchos pudiera parecer un asunto secundario, prorrogable. Sin embargo, la correcta gestión del patrimonio ha comprobado ser la base fundamental de exitosos proyectos de desarrollo económico, social y cultural. Sí, el patrimonio puede ser también un activo económico, sustentable y efectivo si se cuida bien su integridad y autenticidad, y para eso hay que conocerlo primero.

En este sentido, me refiero a la competencia que deben alcanzar los especialistas implicados, y también quienes dirigen o tienen poder de decisión en instituciones estatales a distintos niveles. Asimismo es importante una educación patrimonial que llegue a toda la población para ser conscientes de aquellos elementos que, a fin de cuentas, definen nuestra identidad más allá del escudo, la bandera y el maniqueo discurso político. Por eso hay que hablar de patrimonio en todas sus facetas, ya sea para reconectarnos con nuestro espacio de vida como para descubrir distintos elementos de oportunidad y crecimiento desde lo que nos hace diferentes.

El arquitecto Alejandro García Hermida escribió: "Tendemos a definir nuestra propia identidad no solo con nosotros mismos, sino también a través de nuestros vínculos sociales y de nuestros lazos con determinados lugares (…) al tiempo que el ser humano ha ido olvidando progresivamente sus tradiciones y renunciando a sus principales referencias locales, ha surgido en él un creciente temor a la pérdida de su identidad, tanto colectiva como individual (…). Los entornos que conservan su condición de lugares se convierten por ello en uno de los más importantes recursos para fundamentar esa solidez, ese arraigo".

Por eso es importante rescatar las ciudades para reconectar nuestro mundo, mejorar la calidad de vida a la par que se reaviva la "esencia del lugar". Este concepto, también conocido como genius loci, según Christian Norberg-Schulz "encuentra dos funciones psicológicas fundamentales: orientación e identificación, la primera con un significado puramente topológico, la necesidad de saber dónde se está, y la segunda como capacidad para definir la identidad de la persona a través de su identificación con determinados lugares".

La relación emocional y de empatía establecida con el paisaje, que aún nos conecta en la distancia, asienta su significado para la sociedad; y lo enlaza al concepto de topofilia definido por el geógrafo chino Yi-Fu Tuan. Esta relación afectiva, tiene un gran valor y efecto movilizador para la gestión del patrimonio y forma parte de una estrategia global de resiliencia socioecológica.

Por eso, entre todas las lecturas que visualizan los conflictos de una ciudad degradada, donde los problemas de la infraestructura urbana agravan la delicada situación social de un país subdesarrollado, entre las posturas de extrañamiento y enajenación, los estudios del patrimonio se abren paso en la búsqueda del sustrato histórico y cultural que permita reconectar hombre y ciudad, y afianzar sus afectos y sentido de pertenencia. De la apreciación aislada de monumentos se ha pasado a la valoración del conjunto, lo que ofrece una percepción integral de la riqueza y variedad del patrimonio mueble, inmueble e inmaterial que nos rodea.

Es un hecho que, por ejemplo, el centro histórico de La Habana Vieja guarda una atracción magnética, condensada en la riqueza de su fondo construido parcialmente rehabilitado, y en su compacta ocupación territorial delimitada por la línea invisible de la antigua muralla. Las urbanizaciones de Regla y Casablanca, en cambio, tienen la sencillez del pueblo obrero y de la arquitectura vernácula, acompañada por las ruinas de un pasado industrial con el cual comparten el deterioro físico y funcional. Esto impresiona de manera muy negativa en la imagen de la rada y en su relación con la sociedad. Algo parecido sucede con el resto de los barrios de la capital.

El desgaste del fondo construido y del espacio urbano, la contaminación, la desarticulación de las funciones que dieron vida a la industria y al comercio, a muchas actividades culturales, etc. atentan contra la integridad y autenticidad del patrimonio, y acrecientan la vulnerabilidad del conjunto edilicio, de la infraestructura tecnológica, de los modos de organización y del conocimiento revelado de cada sistema, influyendo finalmente en la identidad urbana. A esto se suma el riesgo que supone la inadecuada ocupación de territorios clave y con amplia superficie reurbanizable con nuevas inserciones. El cuidado de los bienes culturales se complejiza y amplía ante la necesidad de protegerlos de las intensas transformaciones y tendencias mercantiles consecuentes de la globalización, la cual impone el riesgo de homogenización de los aspectos culturales.

Hoy en Cuba se hace evidente una mirada desolada y desoladora sobre un paisaje amado desde el dolor, que puede resultar agresivo, inhóspito, ajeno, y que deshace el vínculo afectivo con la ciudad, pues mucho se identifica con el espíritu de abatimiento y pérdida manifiesto tras años de crisis económica. No obstante, si se dirige la mirada hacia otros aspectos se comprenderá que fuertes vínculos también permanecen a pesar del impacto negativo de las últimas décadas.

Ambas miradas coexisten sin que se invaliden mutuamente. Una tiene la fuerza de la coyuntura actual, donde el individuo debe hallarse y sobrevivir; la otra tiene el poder del significado histórico, interpretable a partir de lo que representan los elementos de su herencia cultural y que construyen el espíritu del lugar. Por esa razón, la identificación y concienciación del patrimonio que existe, así como su preservación, son imprescindibles para la regeneración de los sentimientos identitarios, y en la gestión del mismo como recurso para fundamentar el arraigo y propiciar una armoniosa evolución de la ciudad de cara al futuro. 

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1 comentario

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Profile picture for user Ana J. Faya

Muchas gracias a la autora por estas entregas de domingo.