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Arquitectura

La arquitectura de madera de La Habana

Cedro, ácana, júcaro, caguairán, ocuje, majagua, sabicú, pino: maderas cubanas para levantar casas y edificaciones.

Madrid
Blacón de madera en una casa de la calle Obispo, La Habana Vieja.
Blacón de madera en una casa de la calle Obispo, La Habana Vieja. Excelencias Cuba

Cuando se piensa en arquitectura de madera no suele venir a la mente La Habana, sin embargo, allí también tuvo una presencia fundamental. Enmascaradas o a la vista, hoy subsisten algunas construcciones de madera que son testigo de una práctica que, aún en la década de 1930, era notable en las zonas periféricas.  

Echando la cuenta atrás, se sabe que como material constructivo la madera fue empleada desde tiempos prehispánicos, y que durante el siglo XVI su uso siguió siendo absoluto en la edificación. En esa época el espacio urbanizado estaba definido por una arquitectura de subsistencia que asumió los patrones de la tradición aborigen (el bohío, el caney, el palafito y el vara en tierra). No obstante, desde los primeros tiempos se proyectó como una solución temporal conveniente, que debía ser reemplazada por otros sistemas constructivos y materiales más perdurables, en la medida en que la situación económica y la presencia de una mano de obra especializada lo facilitaran.

Esta intención quedó recogida en las normas que regularon el desarrollo urbano de la capital, en especial las del antiguo municipio La Habana —definido grosso modo por los ríos Almendares, Luyanó, el litoral y San Antonio de las Vegas—. En 1861 ocupa parte importante del capítulo VII "Obras permitidas y obras prohibidas" de las Ordenanzas de construcción municipal. En ellas se prohibía la fabricación o reparación de casas de madera, paja u otro material fácilmente combustible, siempre que no fueran aprobadas para fines militares y con carácter provisional, como fue el Hospital Alfonso XIII (1896), posteriormente Calixto García.

Con ello se impulsaba la asimilación de otras edificaciones que dieran muestra del desarrollo constructivo y belleza de la ciudad. Pero fue una batalla dura de ganar pues, aún en 1903, el gobernador de la ciudad añadía a dichas Ordenanzas un énfasis en la erradicación de este tipo de obras en La Habana Vieja, Centro Habana y la parte más antigua de El Cerro.

La facilidad en cuanto a coste y ejecución, y la disponibilidad del material en el país propiciaban su uso. Durante toda la Colonia se aprovecharon las excelentes maderas cubanas, empleadas muy convenientemente según sus características en diferentes elementos arquitectónicos, también en las construcciones que no eran completamente de madera. Por lo general, para la estructura se empleaba cedro, ácana y júcaro; así como caguairán y ocuje en las letrinas, por su gran durabilidad a la intemperie. En el caso del júcaro, se utilizaba en las vigas por su resistencia mecánica y durabilidad. El ácana se aprovechaba para las columnas por su resistencia a la compresión y capacidad para soportar grandes cargas.  

Para la carpintería general se recurría al cedro, principalmente en los techos, gracias a su ligereza. Desde el siglo XVII también se aprovecharon la caoba, la majagua y la baría; y desde el XVIII, el sabicú, el pino y la bayúa. Por supuesto, en los edificios de mayor distinción (religiosos, militares y aristocráticos) el ácana y la caoba tuvieron preferencia sobre el cedro.

El uso progresivo de la mampostería, el ladrillo y el hierro disminuyeron el empleo de la madera y desplazaron sus construcciones hacia zonas periféricas de la capital, donde se utilizó con gran creatividad y elaboradas decoraciones de fachada con elementos de madera calada y latón repujado.

Con la intervención norteamericana, los inmuebles de madera retomaron popularidad, ya que posibilitaban la construcción expedita de hospitales, escuelas y cuarteles, como los albergues del cuartel Columbia (1903), en Marianao. El prototipo de nave cerrada con delgadas piezas de madera unidas por clavos, y estructura de montantes colocados cada medio metro que soportan de manera uniforme la cubierta, fue adaptada a distintas tipologías.

Paralelamente, la inversión de las compañías norteamericanas en la industrial nacional, impuso la construcción de madera, típica del Caribe anglófono, que determinó en Cuba el diseño de varios pueblos, aplicando el sistema balloon frame en viviendas aisladas de la clase alta, pequeños comerciantes y obreros. También fue frecuente su uso en segundas residencias de veraneo, muchas ubicadas en zonas de playa.  

La fusión de las técnicas cubanas tradicionales de carpintería con las norteamericanas creó un nuevo modo de hacer que intentó ajustarse al requerimiento de los nuevos tiempos. A pesar de estar prohibidas, las viviendas de madera proliferaron en los barrios pobres —y en los no tan pobres—. Un inventario actual pudiera arrojar un número importante, disperso pero aún en pie en Marianao, Playa, Vedado, La Víbora, etc.; lo cual significaría un valioso registro documental antes que, como refiriera Emilio Roig, "el comején, los ciclones y el aire oxidante de nuestro país" acaben con ellas.

Es curioso notar que a inicios del XX también hubo una tendencia a ocultar o enmascarar la madera para darle realce al inmueble. Algunas viviendas sustituyeron la estructura del portal por techos planos y columnas de cemento, lo que se conoció como "portal de azotea". Otras llegaron a revestir toda la fachada con mortero de cemento y malla metálica, una técnica norteamericana que se introdujo por la Isla de la Juventud, y que tuvo en La Habana ejemplos tan distinguidos como el Gran Casino Nacional (1919), en Marianao.

Finalmente, en la década de 1920, las casas prefabricadas de madera tuvieron mucho auge. Ha trascendido la importancia que alcanzó el negocio desarrollado por el arquitecto Max Borges del Junco, cuyo taller, ubicado en El Naranjito, llegó a producir hasta 200 casas mensuales. Sus modelos de vivienda de una o dos plantas, con jardín y portal, eran comercializadas por catálogo y podían ser montadas en 24 horas. Las más baratas eran construidas de pino tea y las más caras de pino rojo de California, pino blanco y ciprés. Todas podían ser modificadas en su diseño espacial y ornamental, a gusto y necesidad del consumidor.

De las construcciones de madera que aún perviven en La Habana y corresponden a diferentes periodos históricos y modos de hacer, muy pocas tienen protección patrimonial. Destaca el caso del pequeño conjunto que está en una cuadra de la Avenida Los Pinos, del reparto de igual nombre, que en ambas aceras conserva viviendas de madera de hasta dos plantas con portal. Este conforma la única Zona Urbana de Valor Histórico Cultural reconocida hasta ahora en todo el municipio Boyeros y que valoriza, aunque a nivel de muestra debido al deterioro generalizado, la antigua arquitectura que definió la localidad.

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3 comentarios

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Reitero felicitaciones a la autora y le deseo nuevos éxitos periodísticos en el 2024

El articulo periodistico es muy bueno, pero por favor usen una foto de una construccion de madera de La Habana, ya que asi se lee el titulo del articulo y ademas apoya su seriedad. La foto usada pertenece a una edificacion cienfueguera localizada en La Punta.

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Recuerdo la casa de mis bisabuelos, en Arroyo Apolo, sobre la calzada de 10 de Octubre ( creo antes Calzada de Jesús del Monte), era un duplex de madera, 100 % madera, un ciclón muy fuerte que paso, la "inclinó" hace un lado, bastante , se notaba el angulo, obviamente asi se quedo.. seguramente ya no existe. gracias