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Urbanismo

El Muelle de Luz, en La Habana

Es uno de los sitios más auténticos de La Habana, que ha mantenido su esencia desde el siglo XVI hasta hoy.

Madrid
El Muelle de Luz, en la actualidad.
El Muelle de Luz, en la actualidad. Online Tours

El Muelle de Luz es uno de los sitios más auténticos de La Habana. Definido como punto de embarcación para el tráfico interior de la bahía, desde que esta se activara como puerto en el siglo XVI, ha mantenido su esencia hasta el día de hoy. Considerando los múltiples cambios físicos y funcionales que ha vivido el litoral portuario durante cinco siglos, esto no resulta baladí. Pues tanto para aquel que vio nacer la ciudad, como para quien vivió su modernización y quien hoy la habita, Luz ha sido y es el embarcadero desde donde se accede a la otra banda sin necesidad de bordear la amplia bolsa. Y es también el punto de la costa por el que se llega a la vieja ciudad y a su agitada vida.

Nunca conllevó una construcción monumental y sus mejoras físicas siempre buscaron mejorar su funcionalidad. Ha destacado como sitio popular, de gran trasiego y conectado a zonas de trabajo y producción, a barrios obreros. El Muelle de Luz ha sido como la calle Monte, trascendental por sus funciones de conexión estratégicas y por toda la actividad que generaron derredor.

Durante el siglo XVII, la zona y la calle que conectaba perpendicular al antiguo embarcadero de madera fueron conocidas como del Molino o del Molinillo, por el molino de tabaco construido allí por un alemán en 1603. Fue el primero de su tipo en la Isla y se movía con la energía hidráulica de la Zanja Real. Luego de 1720, calle y muelle adoptaron el nombre definitivo de Luz, cuando el molino fue comprado por Antonio de la Luz y Do-Cabo, quien también construyó en ese tramo de costa unos muelles para desembarcar las mercancías de su ingenio Barreiro, situado en Marimelena, al este de la bahía, donde ya existía otro embarcadero desde 1597.

Según el historiador Jacobo de la Pezuela, a pesar de su utilidad, antes de 1762 los muelles de la bahía de La Habana no eran más que "cortos trechos de ribera mal terraplenados y con algunas añadiduras de tablas sobre horcones". Entre 1764 y 1765, el de Luz se reforzó con un malecón de piedra, aunque de factura imperfecta. Por su importancia como embarcadero, luego de terminada la muralla de mar, el Muelle de Luz contó con una de las tres primeras puertas que se abrieron al mar.

En el siglo XIX, la Empresa de Vapores de la Bahía (1837), primera de su tipo, regentaba la línea de pasajeros entre los muelles de Regla y Luz que circulaban cada media hora. Desde allí se continuaba por vía terrestre hacia Guanabacoa. Como antaño, también Luz enlazaba con Casablanca, desde donde se abrían importantes conexiones hacia Matanzas.

Por ende, constituía un sitio muy visitado y de gran utilidad pública. Desde allí, según Carpentier "por cinco centavos, una lancha, con atribuciones de alfombra mágica, puede llevarnos a Regla, la ciudad del misterio, donde reina constantemente una atmósfera de prodigio". Todo ello creaba un ambiente de continua movilidad que iniciaba en la orilla y continuaba en el mar, facilitando por unos minutos la experiencia de percibir la ciudad desde el centro de la bahía con visuales exclusivas hacia todo el puerto.

Entre 1906 y 1908, el embarcadero de Luz fue remozado por la Havana Central Railroad Co. (1905), propietaria de las líneas del tren eléctrico entre La Habana, Güines y Guanajay, y de los tranvías eléctricos entre Regla y Guanabacoa. Allí edificó un espigón de hormigón armado que sustituyó los muelles de madera. Sobre el espigón edificó en 1909, la terminal de vapores ferris que salían hacia Guanabacoa y Regla, y hacia Matanzas y los almacenes de Regla.

La estación y emboque de Luz o como rezaba en su fachada "Luz Ferries", era sencilla pero vistosa. Tenía dos plantas con estructura de hierro, muros de mampostería, cubierta de zinc a cuatro aguas, y una fachada de decoración ecléctica con marquesina metálica sobre el acceso central y arcos rebajados a la entrada de los dos embarques.

A partir de 1914, se pusieron en servicio los ferry-boats norteamericanos que realizaban travesías diarias entre La Florida y La Habana, transportando pasajeros, automóviles y vagones de tren. Este servicio se mantuvo hasta la ruptura de las relaciones comerciales y diplomáticas con EEUU en 1961.

Con el propósito de dar auxilio al puerto durante la Segunda Guerra Mundial, las dos terceras partes del inmueble fueron utilizadas por un cuartel de bomberos. Alrededor de 1945, el embarcadero trasladó sus funciones a un pequeño muelle construido entre el emboque y el espigón de Santa Clara, y el Departamento de Incendios ocupó todo el inmueble. Así permaneció durante varias décadas, por lo que a fines del siglo XX era conocido como "cuartel de bomberos". Con este cambio el inmueble perdió su fachada original y se desvaloró sustancialmente.

A partir de 2008, la Oficina del Historiador de la Ciudad inició un importante plan de revitalización de la bahía, con la refuncionalización de inmuebles industriales de valor patrimonial, la potenciación de espacios públicos asociados al frente de agua y la rehabilitación de las infraestructuras técnicas y de transportación. Entre ellas ha tenido papel protagónico la restauración del embarcadero de Luz, reinaugurado en 2016.

El proyecto quiso conjugar modernidad y pasado, en una ciudad que se regenera desde la óptica contemporánea, pero en respeto al legado patrimonial. Es por ello que, desde una estética moderna, recuperó las funciones originales y se planteó propiciar nuevos usos recreativos en la planta alta. La obra destacó la estructura metálica existente y posibilita el disfrute del borde costero desde la trasparencia de su nuevo cerramiento de vidrio.

Sin embargo, tiene varios problemas que dificultan el uso adecuado del inmueble. Entre las principales dificultades pueden mencionarse: el desnivel que existe entre el muelle y la embarcación que dificulta la accesibilidad a las lanchas; la falta de una cubierta que proteja de la lluvia a los usuarios mientras abordan y desembarcan; los bajantes pluviales descargan en los accesos al edificio; el nuevo pavimento no es antirresbalante; las paredes de vidrio aumentan la temperatura interior, el inmueble no está climatizado y tiene una ventilación deficiente en la planta alta; la falta de un mobiliario que permita el disfrute de las vistas hacia la bahía; el desaprovechamiento espacial de la segunda planta y la mala gestión de los servicios que allí se prestan.

Todo ello es sin duda subsanable. Como también es necesario aumentar el servicio de las embarcaciones, y por qué no, propiciar el de otras que permitan el paseo por la bahía. Todo ello tributaría en beneficio de la población y remarcaría la funcionalidad de un sitio que durante cinco siglos ha sido clave para el puerto y la ciudad.

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2 comentarios

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Profile picture for user EM

como siempre, excelente articulo, gracias

Profile picture for user Ana J. Faya

Gracias por esta crónica.