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Cine

'Cuca y el pollo'

'Carlos Lechuga es un cineasta que en sus últimas películas se ha distanciado del humor, pero creo que no debería alejarse demasiado como para olvidarlo.'

Madrid
Carlos Lechuga.
Carlos Lechuga. Sidney Buzz

Haciendo scroll en el repositorio de "Cine Cubano en Cuarentena" que alberga Rialta Magazine me tropecé con la versión en inglés de Cuca y el pollo, el primer cortometraje del guionista, cronista, gozador, nudista, querido y atormentado director de cine cubano Carlos Lechuga.

Cuca y el pollo fue producido por Claudia Calviño, hoy una capo en la producción de cine en la isla, responsable también de los dos largometrajes de Lechuga —Melaza y Santa y Andrés— e indudablemente también lo será de Vicenta B, su próximo proyecto de largometraje que me gustaría ver estrenado en los próximos años.

Según declaraciones de Lechuga, Vicenta B será una película sobre religiosidad y fe, que se aleje de lo folclórico y trate de revindicar creencias. Habla además de diversidad, del derecho de todos a ser como quieran. Hace años no sale en el cine cubano una crisis existencial.
 
Volviendo a Cuca y el pollo, los propósitos del Lechuga actual son menos colectivistas que cuando se estrenó en 2006 con las peripecias de Pepe, uno de esos tantos cubanos que mató el hambre con agua con azúcar y que tras la posibilidad de saciar su hambre se lanza a una competencia ciclística que otorgará como trofeo un diploma y un pollo. Esta es la historia que cuenta a modo de fábula comunista Cuca y el pollo en la que, parodiando una de esas tantas iniciativas estatales que fueron habituales durante el "Periodo Especial", Lechuga se inspira para satirizar la realidad y la sociedad cubana de ese momento.

Un amigo me contó que en aquellos años en ExpoCuba se hacían colas de horas para, llegado el momento, pegar los ojos al cristal de una vitrina y deleitarse con un plato de arroz amarrillo con camarones que —sin estar a la venta—  se exhibía como parte de las ofertas de esparcimiento y recreativas del centro.  

Lechuga es un cineasta que en sus últimas películas se ha distanciado del humor, pero creo que no debería alejarse demasiado como para olvidarlo. Ese chucho inteligente, innato en él, lo condujo a jugar al director de cine mudo y a encontrar en sus recursos expresivos la caligrafía idónea para representar el absurdo —cada vez más común— y contradictoriamente coherente de una sociedad que espanta y divierte, casi con la misma intensidad.

En Cuca y el pollo todo es tremendamente artificial pero curiosamente no deja de ser realista. Es como una de esas reuniones de los CDR en las que todo el mundo juega a un juego que ya se acabó, pero que por miedo a las represalias se continúa el teatro.

En esta comedia subyace una verosimilitud con la realidad cubana que es extremadamente perturbadora, un acercamiento irónico a la macabra idea de tener que adaptarse constantemente. Hay un proverbio chino que reza: "Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida". El final de este cortometraje muestra que muchos cubanos prefieren que les sigan regalando el pescado, que irónicamente se convirtió en pollo.

La rapiñería, el chismoseo, la doble moral, el sálvese quien pueda y el sacrificio inútil, son algunos de esos comportamientos cubanos que conviven armoniosamente en esta joyita mordaz, ejemplo de forma y contenido que ha sido eficazmente fotografiada por Justo Fuentes, editada por Ismael de Diego y sonorizada por Esteban Bruzón.  Con Alexis Díaz de Villegas —que parece salido de una película silente de Enrique Díaz Quesada—  al frente de un elenco que reúne tanto a actores y actrices profesionales como amigos del barrio, el casting de Cuca y el pollo en su conjunto evidencia que en esta ocasión Lechuga eligió a la persona ideal para representar cada uno de los roles.

Quisiera apuntar también que "Cine Cubano en Cuarentena", la iniciativa impulsada por José Luis Aparicio y Katherine Bisquet,  es un buen ejemplo para darnos cuenta que no necesitamos del permiso de alguien para encontrar para nuestro cine un espacio de difusión.  El cine cubano tiene en el mundo virtual su espacio de choque con la verdad, con su público natural y con una audiencia global. Ahora la tarea es ver cómo conseguimos que esa plataforma sea solvente para los realizadores.

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