Las universidades cubanas comenzarán el curso académico 2026-2027 el próximo 1 de septiembre con un esquema de formación marcado por la crisis de combustible y la descentralización de las actividades docentes, según anunció el Ministerio de Educación Superior (MES) en una nota replicada por el portal oficial Cubadebate.
El organismo informó que los procesos de matrícula, reingreso y ratificación de los estudiantes de las universidades bajo su subordinación se realizarán desde los territorios de residencia de los jóvenes. Los alumnos de programas nacionales o regionales podrán efectuar los trámites en las universidades, Centros Universitarios Municipales (CUM) y Filiales Universitarias Municipales (FUM), tanto presencialmente como por vía online.
La principal novedad para el nuevo curso es, por tanto, la consolidación del modelo territorial que el Gobierno comenzó a aplicar durante el semestre anterior ante la falta de combustible, los apagones y las dificultades de transporte. Las autoridades no anuncian un regreso generalizado a la presencialidad, sino la continuidad de un sistema en el que las clases se impartirán esencialmente de forma semipresencial y a distancia.
Según el MES, las actividades presenciales se desarrollarán cuando sea posible y estarán concentradas fundamentalmente en los estudiantes del curso diurno. Podrán realizarse en las sedes centrales de las universidades, en los CUM y FUM y en entidades productivas o de servicios de cada localidad.
Para los estudiantes del curso por encuentros se prevén reuniones presenciales al menos una vez al mes, destinadas a orientar y evaluar las tareas de aprendizaje. En el caso de la enseñanza a distancia, se mantendrá el esquema habitual, mientras que los alumnos continuarán participando en tareas socioeconómicas de sus municipios y comunidades.
El Ministerio atribuyó directamente esta reorganización al "desabastecimiento de combustible" y volvió a responsabilizar de la situación a la política de Washington hacia La Habana. La fórmula supone prolongar una solución que las propias autoridades habían presentado meses atrás como una respuesta coyuntural a la crisis energética.
En marzo, el Gobierno ya había admitido que las universidades funcionaban en medio de apagones, falta de combustible, déficit alimentario y carencias tecnológicas. Miguel Díaz-Canel defendió entonces las variantes de semipresencialidad y la llamada estrategia comunitaria, mientras el MES anunció ajustes curriculares, reducción de evaluaciones y la posibilidad de realizar determinados ejercicios de culminación de estudios de manera presencial o virtual.
Aquellas medidas llegaron después de que estudiantes de distintas universidades denunciaran la interrupción de las clases y las dificultades para continuar sus carreras. En la Universidad de La Habana, decenas de alumnos protagonizaron en marzo una protesta para reclamar condiciones mínimas para estudiar, entre ellas electricidad, transporte y conectividad.
El nuevo curso comenzará, por tanto, sin que se hayan resuelto las condiciones que llevaron a la reducción de la actividad presencial. Testimonios recogidos anteriormente por DIARIO DE CUBA entre universitarios describieron centros cerrados durante semanas, clases reducidas a encuentros ocasionales y tareas enviadas por WhatsApp, una alternativa limitada por los propios problemas de conexión y por el costo de los datos móviles.
La crisis también obligó a estudiantes de algunas carreras a permanecer en sus territorios y asumir actividades laborales o de servicios. En Medicina, por ejemplo, alumnos fueron incorporados a hospitales y otras áreas sanitarias mientras las actividades docentes regulares se reducían.
El Gobierno insiste ahora en que la descentralización permitirá garantizar la continuidad de la formación y que los jóvenes puedan graduarse. Sin embargo, la prolongación del modelo plantea dudas sobre la calidad de la enseñanza, especialmente en carreras que requieren laboratorios, prácticas especializadas o una interacción presencial sostenida.
Díaz-Canel recorre nueva sede del ISDi
En paralelo, Díaz-Canel visitó este jueves la futura sede del Instituto Superior de Diseño (ISDi), en el municipio Playa, de La Habana, una instalación que todavía se encuentra en proceso de rehabilitación. El decano Sergio Luis Peña Martínez dijo que algunas aulas podrían comenzar a utilizarse en septiembre, aunque quedarían pendientes laboratorios, teatros y otras áreas.
El nuevo espacio sustituye al histórico inmueble del ISDi en Centro Habana, que tras años de abandono y varios derrumbes fue finalmente condenado a la demolición en marzo de 2026. Las autoridades atribuyeron el colapso de una parte del edificio a errores estructurales derivados de modificaciones anteriores, pero no precisaron entonces cuánto durarían los trabajos ni qué uso tendría el terreno. El centro había sido prácticamente desalojado en 2022 debido a su avanzado deterioro y su última restauración capital se remontaba a 2005-2007.
La demolición cerró así una etapa para una institución que funcionaba en esa sede desde 1984 y que es considerada un referente de la formación de diseñadores industriales y gráficos en Cuba. El traslado a Playa, anunciado mientras el antiguo edificio se deterioraba, permite al ISDi disponer de una nueva sede, pero también evidencia el deterioro de las edificaciones en la Isla.
La propia descripción oficial de la visita refleja las dificultades materiales. El directivo explicó que, pese a los avances, la obra todavía no ha alcanzado su objetivo desde el punto de vista constructivo y de los acabados. El ISDi prevé acoger a unos 500 estudiantes correspondientes a cuatro años de formación.
Durante el recorrido, Díaz-Canel también visitó CETA S.A., la sociedad de interfaz de ciencia y tecnología de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE), y llamó a sus directivos a aprovechar las facultades concedidas a las empresas para impulsar vínculos entre las universidades y el sector productivo.
La apuesta por conectar a las universidades con las necesidades económicas del territorio forma parte del mismo giro hacia una educación superior más descentralizada. Pero el nuevo curso arranca con el problema fundamental que ya había provocado el repliegue académico: la falta de condiciones materiales y apagones cada vez más largos que impiden sostener una actividad universitaria regular.