La segunda encuesta de DIARIO DE CUBA realizada por Cubadata dibuja un país donde la crisis ya no se percibe solamente como un problema nacional, sino como una realidad instalada en el hogar. La foto general es de deterioro extendido. Un 57,1% de cubanos encuestados calificó la situación como "muy mala" y un 78,6% la evaluó negativamente.
El Pulso 2, "Condiciones de vida, servicios, seguridad y ajuste cotidiano", aplicado entre el 23 de febrero y el 13 de marzo de 2026, reunió a 1.807 participantes en una muestra de población conectada a internet de todo el país, con fuerte peso de La Habana, Santiago de Cuba, Holguín, Granma y Villa Clara, y un perfil mayoritariamente educado: 43,4% universitario y 36,7% técnico.
En el hogar, el 36,5% de los consultados dijo que su situación era "muy mala" y el 62,1% la ubicó en el tramo negativo. El contraste con el primer pulso de enero muestra que el pesimismo no solo persiste, sino que se profundiza: la percepción "muy mala" del hogar sube de 25% a 36,5% en apenas dos meses.
[ACCEDE AQUÍ A LOS RESULTADOS COMPLETOS DE LA ENCUESTA 1 Y LA ENCUESTA 2 DE DIARIO DE CUBA, REALIZADAS POR CUBADATA]
Dependencia y sobrevivencia
La encuesta muestra una economía doméstica cada vez más tensionada. El 39% de entrevistados dijo que sus ingresos dependen total o mayoritariamente del empleo estatal, pero al mismo tiempo el 56,5% realiza actividades económicas independientes, lo que confirma que el salario o el ingreso formal no alcanzan para sostener la vida cotidiana. En la práctica, los hogares combinan dependencia del Estado con soluciones fuera de él, en una mezcla de trabajo informal, reajustes y búsqueda constante de ingresos complementarios.
Las estrategias para cubrir necesidades básicas corroboran ese cuadro. El 57,2% de los participantes dijo que cambió a productos más baratos o de menor calidad, el 43,2% redujo el consumo y el 31,2% pidió prestado o compró fiado. Además, el 30,6% vendió algún bien del hogar y el 20,8% recurrió al trueque. El ajuste ya no es coyuntural: es una forma de supervivencia normalizada, de acuerdo con el estudio.
Remesas limitadas en medio de apagones y falta de combustible
Las remesas ayudan, pero no aparecen como un salvavidas generalizado. Solo el 20,7% de los encuestados dijo haber recibido remesas en los últimos 30 días, pero apenas el 5,4% afirmó recibirlas mensualmente o más. El dato sugiere que el apoyo externo existe, sin embargo solo ayuda a sostener a una minoría de los hogares encuestados.
La crisis alimentaria aparece como uno de los núcleos más duros del estudio. El 61,7% de los participantes reportó que alguien en el hogar se saltó comidas por falta de alimentos al menos algunas veces en los últimos 30 días, y el 40,3% dijo que alguien dejó de comer un día entero por falta de comida. Entre los tres principales problemas del hogar, la falta de alimentos o dificultad para conseguirlos fue señalada por el 40,6%, pero la inflación (66,6%) y los apagones (56,3%) quedaron aún por encima.
La falta de gas o combustible para cocinar también pesa: el 51,4% la ubicó entre sus tres principales problemas. En otras palabras, no basta con conseguir comida: también hace falta poder prepararla, conservarla y sostener una rutina mínima de cocina en medio del apagón y la escasez.
Electricidad, agua, internet y salud
Los servicios básicos aparecen como otra gran línea de fractura. El 60,8% de los encuestados dijo que sufrió apagones todos los días y el 72,4% que los padeció todos los días o varias veces por semana. Además, el 67,1% reportó cortes de ocho horas o más. La falta de agua también es extendida: el 46,6% la padeció todos los días o varias veces por semana. En internet, solo el 22,9% de los consultados tuvo acceso funcional los siete días previos.
El sistema de salud aparece más como barrera que como soporte. Solo 4,8% de entrevistados dice haber conseguido medicamentos sin dificultad cuando los necesitó y el 80% experimentó al menos alguna dificultad para acceder a atención médica.
"La crisis sanitaria no aparece aquí como percepción abstracta sobre el sistema de salud, sino como dificultad efectiva de acceso. No es solo que la gente crea que la salud está peor; es que la gente no consigue medicamentos y no logra acceder fácilmente a atención cuando la necesita", dice el investigador principal de Cubadata, Arístides Vara Horna.
Inseguridad y repliegue
La preocupación por la inseguridad ciudadana existe, pero queda por detrás de los problemas materiales. El 13,5% de los entrevistados dijo haber sido víctima de algún delito en el último año, mientras el 67,4% se sintió algo o muy inseguro en su barrio. Aun así, solo el 20,2% incluyó la inseguridad entre los tres problemas más críticos de su hogar. El mensaje apunta a que el miedo está ahí, pero la urgencia cotidiana sigue dominada por la inflación, la escasez, los apagones y la falta de servicios.
Por otra parte, la encuesta apunta a un repliegue público pese a las protestas recientes en distintos puntos del país: el 44,5% estuvo de acuerdo o muy de acuerdo con la idea de que es mejor evitar hablar de asuntos públicos en la situación actual algo que Vara Horna atribuye a "estrategias de supervivencia".
En conjunto, esta encuesta de DIARIO DE CUBA —la segunda de diez previstas—, ofrece una conclusión muy clara: la crisis cubana ya no se entiende solo como una suma de problemas nacionales, sino como una presión diaria sobre la casa, la mesa, el acceso a la salud, la electricidad, el agua y el dinero. El estudio muestra un país que improvisa para seguir funcionando, pero cada vez con menos margen.
Desde el punto de vista metodológico, esta no es una encuesta probabilística de hogares, sino una encuesta online en población con conexión a internet. Los autores reconocen que, en el caso cubano, este tipo de levantamiento tiene ventajas claras de anonimato y seguridad, pero también limitaciones de cobertura, especialmente hacia sectores con menos conectividad.
Fiabilidad de Cubadata: medir la realidad cubana desde dentro
Njnguna encuesta en Cuba puede ser confiable. El miedo en la isla ya es parte de la cultura nacional. En una encuesta real, sin ese miedo genético, hoy por hoy, el 97% diría que la situación de Cuba peor no puede ser. Pero Diario de Cuba hace bien en hacer estas encuestas, y luego le aplicamos el factor cultural (porcentaje de temor), y tenemos una respuesta más cercana a la verdadera
"Un 78,6% de encuestados ve mal al país...", o lo que es lo mismo, un 21,4% aún lo ve bien.
Si estimamos la población actual en 9,000,000 y descontamos un 15% de menores de edad (<16 años), o sea, unos 1,350,000, entonces el 21.4% de la población adulta serían unas 1,637,100 personas.
En otras palabras, para casi dos millones de sometidos, las 36 horas de apagón, la escasez generalizada, el hambre, la insalubridad y el desprecio del 0,0001 que representan sus amos billonarios, no son suficientes para hacerlos sentir que las cosas no están tan bien, y menos aún para que superen el terror a expresarlo.
Si bien las encuestas nunca pueden ser completamente fiables aún en países libres, que se puede esperar en un manicomio como Cuba, donde la primera limitante es el miedo a hablar, lo que realmente se piensa. A este factor súmenle la falta de acceso a internet, sobre todo en la población más pobre y vulnerable, los ancianos. De hecho en los datos de la encuesta se indica que alrededor del 70% de los encuestados tienen un nivel profesional o técnico, esto confirma que la población más vulnerable y pobre, tuvo muy poca participación.
Si solo 78,6% ve la situación como negativa y escasean hasta las cajas de muerto, hay que concluir que los isleños son tremendos ???