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Sociedad

Del transporte y la comida al ánimo social: la crisis del combustible agota a los cubanos

'Vivimos improvisando cómo movernos, cómo comer, cómo trabajar, pero lo más difícil es la incertidumbre'; 'Es un país entrando en agonía. El Gobierno está condenando a toda una nación a una muerte lenta'.

Madrid
Ilustración crisis de combustible en Cuba.
Ilustración crisis de combustible en Cuba. Diario de Cuba

Voces de la sociedad civil independiente dentro de Cuba describen una vida cotidiana marcada por la paralización del transporte, el encarecimiento de los alimentos, apagones de hasta 20 horas y un clima social dominado por el cansancio, la vigilancia y la incertidumbre. Las distintas miradas recogidas por DIARIO DE CUBA coinciden en que la escasez de combustible ha agravado una crisis estructural previa y ha empujado a grupos y comunidades a sostenerse casi sin apoyo estatal, aunque difieren en las perspectivas sobre la inmediatez de un eventual estallido social.

Transporte colapsado, alimentos más caros y una rutina convertida en supervivencia

Manuel Cuesta Morúa, vicepresidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, explica que su rutina se ha vuelto "más lenta, más cara y más limitada", sobre todo por el transporte privado.

"Un viaje de diez minutos que costaba 150 pesos ahora cuesta 500, y de noche hasta 800", detalla, señalando que el encarecimiento también impacta directamente en la compra de alimentos.

Las Damas de Blanco Berta Soler y María Cristina Labrada afirman que la vida cotidiana se ha deteriorado de forma generalizada. "Los agros están vacíos, no hay camiones entrando a La Habana con viandas, los precios suben porque la gasolina está más cara. El cubano está en una crisis total".

La activista Yamilka Lafita describe apagones de hasta 20 horas y colas "tortura" para conseguir combustible, pagado en dólares y limitado. "El litro de gasolina se cotiza entre 700 y 1.800 pesos. Lo más difícil es conseguir alimentos y medicinas, porque los camiones no llegan y el mercado negro se dispara".

Desde una visión más contenida, el cofrade Norberto Mesa Carbonell señala que en su zona aún no se percibe un desabastecimiento severo, aunque advierte que el transporte de personas y cargas ya es el principal cuello de botella y que la situación "va a empeorar en el corto plazo".

Para Sara Cuba, de la Alianza Cubana por la Inclusión, "la rutina ya no existe". "Vivimos improvisando: cómo movernos, cómo conseguir comida, cómo llegar al trabajo. Lo más difícil es la incertidumbre".

Un país paralizado: apagones extremos, colapso bancario y abandono social

La antropóloga y activista cubana Jenny Pantoja Torres explica que la escasez de gas ha empujado a miles de familias a cocinar con carbón, hoy a precios inalcanzables: "La balita está en 25.000 pesos, eso es imposible para la gente de barrios empobrecidos. Por eso todo el mundo está cocinando con carbón, que también cuesta más que el salario mínimo". 

Los apagones de hasta 18 y 20 horas hacen casi imposible conservar alimentos: "Uno compra y va guardando por miedo a que se acabe todo, pero se echa a perder. Muchos negocios han cerrado porque no pueden refrigerar".

El colapso del transporte ha convertido a La Habana —y con mayor crudeza a las provincias— en ciudades prácticamente inmóviles. "No hay guaguas, no hay carros, los pocos taxis triplican los precios. Centro Habana parece una ciudad muerta, como un país en guerra", relata. Los centros de trabajo funcionan con personal mínimo, se impone el teletrabajo forzado y los hospitales han suspendido consultas no urgentes: "No sabes si cuando llegues el médico va a estar, porque muchas especialidades están eliminadas".

Sobre el ya precario sistema bancario, Pantoja añade: "Hay personas que llevan más de una semana tratando de sacar su propio salario. Te pasas el día entero en una cola y cuando se va la corriente se acabó todo", mientras cajeros automáticos permanecen rotos y las sucursales operan con ventanillas mínimas.

Los más golpeados son ancianos y jubilados, sin medicamentos ni redes de apoyo estatal, lamenta. "Las farmacias están totalmente desabastecidas. Medicamentos que me mandaron desde octubre nunca han aparecido. Todo te obliga a ir al mercado negro y pagar cinco o diez veces más". 

A diferencia del "Periodo Especial", Pantoja dice que ya no existen comedores sociales ni ferias estatales que amortigüen la crisis: "todo eso desapareció. El Estado no tiene recursos para mover nada".

La antropóloga describe además una degradación social acelerada: basura acumulada, aumento de la delincuencia y consumo de drogas en espacios públicos. "Se naturaliza ver personas tiradas como zombis en las aceras. Es el 'sálvese quien pueda'. La violencia está creciendo y la gente vive con miedo".

Sin embargo, mientras faltan recursos para ambulancias, hospitales o alimentos, sí los hay para el aparato represivo. "No hay gasolina para llevar a un enfermo urgente, pero sí para patrulleros, motos policiales y operativos. A mí me ponen un carro patrulla cada mes en la puerta para que no me manifieste", dice la activista, actualmente a la espera de un juicio, junto a la intelectual Alina Bárbara López Hernández, por una causa fabricada por la policía política. 

Para ella, Cuba vive una "guerra lenta de desgaste" que puede desembocar en un nuevo estallido social: "El pueblo no puede aguantar más. Cuando la supervivencia se vuelve imposible, la gente va a salir. No por política, sino por vida". Y resume: "Es un país que se va paralizando, entrando en agonía. El Gobierno está condenando a toda una nación a una muerte lenta".

Cansancio generalizado, molestia acumulada y esperanza dispersa

En el clima social predominan el agotamiento y la frustración, con matices. Cuesta Morúa habla de un sentimiento "híbrido": cansancio y molestia, pero también una esperanza difusa de que se trate "del último tramo de un túnel oscuro".

Lafita coincide en que prevalece el agotamiento, con momentos de quejas abiertas en colas y espacios públicos. "Se siente el malestar, la basura acumulada, el miedo por enfermedades, pero también la fatiga de crisis pasadas".

Mesa Carbonell señala que no hay pánico generalizado, sino preocupación por el futuro inmediato y una población dividida entre desencanto, adhesión al sistema y expectativas de cambio, sobre todo entre jóvenes.

Labrada es más contundente: "La gente está disgustada, agobiada, no sabe qué va a hacer sin comida, sin transporte, sin dinero".

Sara Cuba describe un cansancio "pesado y silencioso". Dice que "la gente no grita, suspira".

Más vigilancia, advertencias y presencia policial en barrios y espacios públicos

Las percepciones sobre el control estatal convergen en un aumento de la vigilancia. Soler afirma que "la represión se ha recrudecido", con amenazas y sanciones incluso por protestas menores como los toques de cazuela.

Lafita, quien fue detenida el viernes en medio de una salida para repartir comida y abrigo a personas necesitadas, y despojada hasta de la gasolina del carro, relató que lleva más de 15 días bajo vigilancia directa. "Es acoso psicológico. Han reforzado la presencia policial y militar, con tropas especiales y perros en parques céntricos de La Habana".

Mesa Carbonell menciona ejercicios de control, mayor movilización de delegados oficiales y una presencia visible de policías en entrenamiento cerca de su zona de residencia.

Sara Cuba lamenta que hay "más advertencias, más discursos y más llamados a resistir", pero sin soluciones concretas.

¿Protestas en expansión o repliegue por miedo y agotamiento?

Cuesta Morúa asegura que ya se están produciendo protestas en barrios de Guanabacoa, como La Azotea y la calle Calixto García, donde vecinos se manifiestan sin grabarse para evitar represalias. "La gente está adquiriendo tácticas cívicas de protesta".

Soler opina que la crisis "va a sacar al pueblo a la calle", como ocurrió en julio de 2021, pero con mayor intensidad, mientras Lafita considera que hay potencial de estallidos, pero también un freno claro por el miedo y el desgaste. "Muchos callan y se encierran, priorizando la supervivencia".

Mesa Carbonell es más cauteloso y señala el trauma de la represión del 11J, la emigración masiva de jóvenes y la falta de liderazgo opositor articulado como factores que frenan protestas amplias, aunque advierte que "basta una chispa para incendiar la pradera".

Sara Cuba resume la tensión entre ambos caminos: "Algunos sienten que no tienen nada que perder; la mayoría siente que puede perderlo todo".

Redes familiares y comunitarias: sostén principal, pero con límites

Cuesta Morúa destaca una solidaridad creciente en barrios: vecinos que comparten comida, ayudan a cargar teléfonos, apoyan a personas vulnerables y a quienes viven en la calle.

Lafita habla de trueques, comidas compartidas y apoyo sin presencia estatal, aunque alerta que "cuando la escasez sea extrema, la solidaridad se resquebraja".

Sara Cuba coincide en que las familias sostienen casi todo, pero que la ayuda se desgasta cuando todos están al límite.

En contraste, Mesa Carbonell considera que no puede hablarse de un sostén comunitario amplio, no por falta de voluntad, sino por carencia de recursos. "Hace tiempo que la responsabilidad estatal se ha venido agotando; basta ver la libreta de abastecimientos".

Labrada es tajante: "Ellos (el régimen) no tienen nada que darle al pueblo. El pueblo está muriendo de hambre".

Entre estallidos futuros, procesos de negociación y una presión social acumulada

Las proyecciones vuelven a mostrar diversidad. Cuesta Morúa anticipa una combinación de protestas activas en algunas comunidades y resignación en otras, según el tejido cívico local.

Soler y Lafita apuntan directamente a un estallido social como desenlace probable si la crisis se prolonga, mientras Sara Cuba habla de una resignación ya instalada, pero advierte que la presión constante terminará rompiendo el silencio y la Dama de Blanco María Cristina Labrada

Mesa Carbonell introduce un escenario distinto: no descarta protestas, pero considera posible que antes se abra un proceso de negociaciones que conduzca a cambios graduales, aunque condicionado por la evolución de la crisis.

Para María Cristina Labrada, el descontento de la "gente que vive agobiada" crece al mismo ritmo que el control y la represión estatal. "Ellos saben que algo viene", dice, al tiempo que sostiene que las protestas, aunque son contenidas, ya se producen en distintos municipios. "El deterioro de los hospitales, la escasez generalizada y la imposibilidad del Estado de sostener a la población están empujando al país hacia un punto de ruptura que, tarde o temprano, hará que el pueblo completo salga a las calles".
 

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5 comentarios

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El que no aguanta más es Días-Contados. Se está comentando que intentó renunciar y las FAR no lo deja porque quieren que sea el chivo expiatorio. O seguís siendo el presidente o vas para la cárcel, le habrían dicho. Los que están arriba no sirven ni para repuesto de loco, empezando por los 90+ años de los comandantes de las sierras, todos viejos con olor a orina y que ya están más cerca del arpa que de la guitarra.

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El tipo ha envejecido diez años en cuestión de meses, milagro no se le ha caído el pelo, debe ser el shampoo acondicionador de cien mil dólares que se echa.

Es evidente que la frustración, el desánimo y la depresión, tengan tristes y desesperanzados a la mayoría de los cubanos, pero no pueden esperar otra situación, mientras no se decidan de una buena vez a seguir haciéndole el juego a sus opresores. Se sabe que el miedo es demasiado y que una mayoría prefiere mantenerse sobreviviendo con la cabeza agachada antes de manifestarse o enfrentar a quienes lo oprimen, por eso que llaman instinto de conservación, pero de ahí a prestarse a participar en mítines de repudio, marchas combatientes o jugar con escopetas de palo en los “dias de la defensa “, por el temor de no ser señalados y perder un trabajo que no garantiza un plato de comida o unos estudios universitarios que de nada servirán una vez graduados para poder sobrevivir, va un largo trecho. Un pueblo que ha perdido hasta su dignidad, no merece vivir de otra manera.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

En respuesta a por casino deportivo

Así es.

Profile picture for user GigaPanda

Naa, todavía aguantan más.