Por décadas, el Estado cubano ha sostenido que el abandono infantil es un fenómeno marginal, casi inexistente. Pero la cotidianidad muestra una realidad más incómoda: en Cuba siguen apareciendo recién nacidos abandonados en basureros, letrinas y espacios públicos, mientras no existe una política clara, pública y accesible que permita a una mujer entregar voluntariamente a su hijo recién nacido de forma segura y sin criminalización.
El resultado es un vacío peligroso donde el Estado castiga, pero no previene; condena, pero no acompaña. La realidad se impone al abandono que "no existe", pero aparece en los barrios.
No hay estadísticas públicas actualizadas sobre abandono neonatal. Sin embargo, la prensa independiente y las redes sociales han documentado casos reiterados: bebés hallados sin vida o en estado crítico dentro de bolsas plásticas, contenedores de basura, fosas sépticas o terrenos baldíos, tanto en La Habana como en provincias.
En la mayoría de los casos la solución es penal, justificada en nombre "del interés superior del niño": la madre es presentada como autora de abandono de menores u homicidio, el contexto social, económico o psicológico desaparece del relato y el caso se cierra con una condena ejemplarizante. El Estado actúa cuando el daño ya ocurrió, mientras no hay líneas telefónicas de crisis materna, no hay protocolos públicos de entrega inmediata y segura, no hay campañas de prevención del abandono neonatal.
Estudios internacionales evidencian que castigar sin ofrecer alternativas no protege a los recién nacidos, los expone, y que los sistemas de entregas voluntarias o partos confidenciales han reducido las muertes por abandono.
Aunque a nivel internacional, mayoritariamente, abandonar a un recién nacido sigue siendo delito, la diferencia con el caso cubano es la existencia de "vías de entrega" legales o semilegales (hospitales, servicios sociales, estaciones de bomberos, baby boxes, partos confidenciales) que, según el lugar, permiten anonimato total, anonimato parcial o confidencialidad limitada.
En Estados Unidos, los 50 estados (más D.C. y Puerto Rico) tienen leyes tipo safe haven: permiten dejar un bebé ileso en hospitales, parques de bomberos o comisarías, con distintas especificidades según el estado (edad máxima del bebé, quién puede entregar, si hay anonimato, etc.). En los últimos años, además, se han multiplicado los baby boxes (cajas climatizadas empotradas en edificios públicos) impulsadas por organizaciones y legisladores estatales.
Otros países utilizan las "ventanas" o "hatches". Son dispositivos físicos donde se deposita al bebé de forma anónima para que personal sanitario o social lo recoja. En Europa reaparecieron con fuerza desde los años 2000, con marcos muy desiguales.
Alemania intentó cerrar el limbo entre cajas/entrega anónima y derechos del niño creando una vía distinta: el parto confidencial (confidential birth), vigente desde 2014. La idea: la mujer puede dar a luz con asistencia médica, su identidad queda protegida, pero el hijo puede acceder a sus orígenes al cumplir 16 años.
En Cuba no está claro ni regulado qué puede hacer una mujer que no desea o no puede asumir la maternidad. Hasta la adopción es un proceso, aparentemente fácil, pero que en la práctica implica enormes complejidades y demoras. La sociedad y las instituciones evitan el comportamiento neutral y está profundamente arraigada la idea de que la maternidad no se cuestiona; se asume.
El aumento de estos casos no puede separarse del contexto actual: escasez de alimentos y medicamentos, apagones prolongados, hacinamiento por la crisis de vivienda, migración masiva que deja a mujeres solas y un acceso cada vez más limitado a anticonceptivos. A ello se suma que, aunque el aborto es legal en Cuba, el acceso real se ha deteriorado por falta de insumos y personal. En ese escenario, algunas mujeres llegan al parto sin redes de apoyo familiar, sin recursos y sin una salida institucional segura.
No es aceptable el abandono, es penal y socialmente repudiable, máximo porque a quien se abandona es incapaz de sobrevivir sin el contacto humano, pero mientras el Estado niegue el problema, mientras no haya políticas claras para mujeres que no desean o no pueden maternar, mientras la respuesta sea solo penal, los recién nacidos seguirán apareciendo donde nadie debería encontrarlos.
De los niños de la calle, por culpa del gobierno, unos serán delincuentes y otros serán asesinados por el gobierno para extraerles órganos vitales y venderlos al mejor postor. Ese gobierno asesino no tiene escrúpulos y lucra con lo que sea.