Back to top
Escasez

La desaparición de los comedores obreros en Cuba deja a los trabajadores a merced del hambre

Sin almuerzo, bajos salarios e inflación de los alimentos, unos trabajadores extrañan hasta la mala comida de los comedores estatales y otros sufren la pésima calidad de los que se mantienen.

La Habana
Un comedor obrero que aún funciona con alguna variedad.
Un comedor obrero que aún funciona con alguna variedad. Trabajadores

La desaparición progresiva de los comedores obreros en Cuba deja cada vez más trabajadores a merced de la escasez, la inflación y el hambre. Lo que en algún momento fue aprobado en asambleas por "más del 85% de los trabajadores", hoy se percibe como un error colectivo que empuja a muchos a lamentarse.

A partir de 2009, con la política oficial de eliminación de subsidios y gratuidades, el país comenzó a desmantelar uno de los pilares que, aunque menguado, garantizaba un mínimo de alimentación en los centros laborales. Más de una década después, los testimonios recopilados por el periódico oficial Trabajadores revelan un panorama fragmentado, donde subsisten algunas iniciativas aisladas, pero predomina la insatisfacción.

Actualmente, poco más de 1.300.000 trabajadores se benefician del servicio en casi 17.640 comedores, donde prima la precariedad.

"Lo quitamos… y ahora nos arrepentimos"

Rafael García, un trabajador capitalino, recuerda que levantó la mano para apoyar la eliminación del comedor de su empresa. En aquel momento, recibir un estipendio en pesos parecía una mejor opción. Hoy confiesa: "Era algo caliente que comía y me quitaba el problema de encima". Su experiencia no es única.

Desde Holguín, Marialis asegura que, incluso en condiciones precarias, un comedor obrero es preferible a cargar con la comida desde casa. "Con lo que cuesta el transporte y el almuerzo, esta cuenta no da", dice. Y es que el salario real en Cuba sigue en caída libre, mientras los precios de alimentos básicos escapan del alcance de la mayoría.

En la matancera Planta Gran­ma, el mecánico Norquides Guerra Montoya, mantiene la misma postura de hace unos 15 años cuando se opuso al cierre del comedor obrero: "En la fábrica de cubos, de nuestro sector, reclamaron y lo vol­vieron a poner. ¿Por qué no sucede lo mismo aquí? Aprovecharíamos más el tiempo al no tener que salir a la calle a ver qué se encuentra, con lo caro que está todo. ¿Que si lo planteé en el sindicato? Claro, y nada se resuelve. Nada", lamenta.

El modelo se resquebraja

Aunque el Ministerio de Finanzas y Precios impuso un tope de 18 pesos para el almuerzo en centros laborales, la medida no ha garantizado calidad ni cobertura. En fábricas como Antillana de Acero, en La Habana, la oferta se reduce frecuentemente a arroz con picadillo, sin cuidado estético ni higiénico. "Los platos están rotos y sucios. Cada cual trae los suyos", relató Antonio Hidalgo, dependiente del comedor.

Las quejas abundan. La dirección de la unidad que provee el servicio reconoce las limitaciones presupuestarias y la falta de insumos. La falta de producción en la propia Antillana agrava la situación. Mientras tanto, el sindicato local aplaude que al menos "no se rindieron" como otras entidades.

Autoconsumo: la solución que no despega

Funcionarios y dirigentes sindicales mencionan repetidamente la opción de crear áreas de autoconsumo como solución alternativa. Sin embargo, los resultados son desalentadores. En Antillana, los cultivos no prosperan por la contaminación del suelo. A pesar de adquirir una finca en el municipio del Cotorro, aún no se concreta su uso efectivo. En otras provincias, grandes extensiones de tierra ociosa siguen sin aprovecharse.

El reportaje recoge el ejemplo de contados centros que han logrado mantener estándares aceptables. La UEB Servicios Integrales Centro, en Matanzas, alimenta a más de 3.600 trabajadores del sector energético con menús que incluyen dos platos fuertes por 18 pesos. El resto del costo lo asume la empresa. 

"Necesito ocho sacos diarios de arroz y hace más de un año nada nos suministra la Empre­sa Mayorista de Productos Alimen­ticios, mientras que la de Servicios a Petroleros a la que pertenecemos nos facilita algún refresco, a veces cárnicos, granos, y somos conse­cuentes con la responsabilidad de garantizar de cuatro a cinco platos. Nuestros trabajadores merecen lo mejor", dice su director, Inti Tabares López.

También en la Empresa Cubana de Equipos Médicos, en La Habana, el servicio alimentario se mantiene gracias al respaldo de las utilidades. Pero estos casos son la excepción, no la norma.

Sindicatos: ausentes donde más se les necesita

Una de las revelaciones del reportaje de Trabajadores es el silencio sindical sobre el tema. Según Roberto Betharte Mazorra, funcionario de la CTC, "en los últimos años, en la Central no se ha recibido ninguna reclamación" relacionada con los comedores obreros. Sin embargo, reconoce que el reclamo existe y que urge revivir el tema en las asambleas y convenios colectivos. 

El medio oficial dice que "llama la atención la nula presencia de este asunto en las conferencias como parte del proceso orgánico del 22 Congreso de la CTC, que ya fue postergado este año.

"Quitar o no retornar los comedores para ingresar más dinero no puede ser nunca la opción", advierte la publicación oficial. Pero la ausencia de presión sindical y la desconexión entre los dirigentes y las bases permiten que esa opción, en la práctica, se imponga.

Mientras el Gobierno cubano invierte millones en la remodelación de hoteles de lujo, la clase trabajadora —la que sostiene al país en la teoría oficial— enfrenta cada vez más dificultades para acceder a una comida digna en sus centros laborales, entre otros derechos laborales.

Necesitamos tu ayuda: apoya a DIARIO DE CUBA

Más información

Sin comentarios

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sesión para comentar.