La estatal Alquifrex, una de las llamadas MIPYMES del sistema empresarial cubano, puso en venta un lote de papa que llevaba meses almacenado y comenzaba a deteriorarse, publicó la oficial Radio Artemisa. Según declaraciones de su administradora, Yemilka Hernández Álvarez, la empresa ofreció 60 quintales del tubérculo en la feria dominical de la Plaza 4 de Abril, así como en algunos repartos y centros asistenciales del municipio de Alquízar.
La decisión, presentada por el medio local como una acción "en beneficio de la comunidad alquizareña", se produjo luego de que la entidad reportara la pérdida de seis toneladas de papa por descomposición. En total, la empresa había adquirido 20 toneladas en febrero con "diversos destinos", aunque solo en mayo —tras consultar con autoridades municipales y provinciales— se acordó comenzar su "distribución", un eufemismo en el lenguaje oficial para referirse a la venta directa a la población.
Durante los dos días de comercialización, se alertó a los compradores sobre la necesidad de consumir el producto rápidamente, lo que confirma su estado de deterioro tras permanecer varios meses almacenado. El medio no precisa el precio establecido para la papa.
"Cumplimos con lo previsto en estas ocasiones, acorde a nuestras competencias comerciales como actor económico", declaró el jefe de área de la empresa, Argemis Kindelán Berroa, sin ofrecer explicaciones sobre la demora en la comercialización del producto perecedero.
Además de la venta pública de papa, se entregaron algunas cantidades a instituciones como el Hogar Materno Adelaida Vidal, el Hogar de Ancianos Antonio "Cundo" Ortega y la Dirección Municipal de Salud Pública, aunque no se especificó si también fue comercializada allí o entregada gratuitamente.
El caso revela, una vez más, las deficiencias estructurales de almacenamiento, logística y comercialización que afectan al sistema agroalimentario cubano, donde las llamadas MIPYMES estatales —presentadas como una forma de descentralización y modernización económica— operan bajo la misma lógica burocrática y centralizada que las viejas empresas estatales, con resultados similares: ineficiencia, opacidad y desperdicio.
En un país donde la papa es un alimento escaso y largamente esperado por la población, la pérdida de seis toneladas por mal manejo y la venta tardía del resto como "beneficio comunitario" refleja mala planificación empresarial y desidia que afecta directamente al ciudadano común.
Entre mangos perdidos y apagones: El Caney en otra temporada marcada por la precariedad
En el emblemático valle de El Caney, cuna de los pregones que inspiraron al compositor Félix B. Caignet, los campesinos luchan contra la falta de electricidad, de recursos básicos como envases y combustible, y un sistema económico que dificulta el aprovechamiento eficiente del mango.
Aunque esta zona santiaguera —célebre por sus mangos bizcochuelos y otras siete variedades— espera cosechar más de 600 toneladas este año, gran parte de esa producción corre el riesgo de perderse o deteriorarse, como ha sucedido en temporadas anteriores, ante la imposibilidad de procesarla a tiempo o garantizar su traslado desde las fincas a los puntos de acopio y venta.
Según reconocen productores de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Mártires de El Caney, citados por Granma, las condiciones para el manejo poscosecha son precarias. Sin acceso a suficientes envases, sin combustible y con electricidad solo por horas inciertas, la eficiencia productiva se ve gravemente limitada.
Aunque la cooperativa cuenta con una minindustria para transformar parte de la fruta en pulpas y vinagres, la intermitencia del suministro eléctrico obliga a los trabajadores a adaptarse constantemente, incluso a laborar de madrugada si es cuando "llega la corriente".
"El sacrificio va más allá de lo que la población se imagina", dijo Bacilis Leyva Durán, presidente de la cooperativa, quien admitió que producen en condiciones "engorrosas" y sin garantía de abastecimiento de materiales tan básicos como frascos y botellas para almacenar las pulpas. A pesar de ello, se comercializa parte del producto a precios más asequibles que los del mercado informal, donde un simple mango puede alcanzar los 25 pesos la unidad en la ciudad.
La situación también ha frenado intentos de encadenamientos productivos. "Estamos tratando de negociar con La Estancia 20 toneladas de pulpa, aunque, por la situación energética, su calidad no es la misma para la elaboración de la compota de los niños", dijo Leyva.
En cierta ocasión "nos encadenamos con la fábrica de compotas que queda relativamente cerca, y no dio el resultado esperado; se encarece mucho el producto, por el consumo de electricidad...", añadió.
El contraste entre la abundancia de fruta en las fincas y la dificultad para que llegue de forma estable y asequible a los hogares es tan visible como repetido. En medio de una crisis alimentaria creciente en el país, muchos mangos terminan pudriéndose en el campo, o vendidos a sobreprecio en mercados informales, mientras el Estado y las estructuras productivas estatales continúan sin ofrecer soluciones a problemas que no son nuevos.
Qué buenos y generosos son estos dirigentes, le están vendiendo papas podridas a la población, otro logro de la involución.