Después de más de dos décadas ejerciendo como enfermera, Madelyn Fonseca Brito decidió que había llegado la hora de abandonar la profesión para poder sostener a su familia con un salario más holgado que el que recibía en el sistema de Salud Pública cubano.
A sus 45 años, recuerda las expectativas que tenía cuando se graduó en 2002. "Siempre pensé convertirme en una buena enfermera, igual que mis profesoras, tener habilidades para atender a los pacientes, superarme, aprender a trabajar en todos los servicios de salud".
"Trabajé ininterrumpidamente desde que me gradué, primero en la sala de cirugía del Hospital Provincial de Matanzas, luego en Terapia Intensiva, más tarde en la Unidad de Quemados, donde estuve más de 15 años. Por último, estuve cuatro años en el servicio de Oncología", dice.
Los deseos de Dayri Garay Roca eran educar, instruir a las nuevas generaciones y prepararlas para la vida. Graduada en 1994 de la Licenciatura en Educación, en la especialidad de Química, dejó de ejercer la profesión en 2017.
"Ejercí por 23 años. Fui profesora de Química y en un tiempo lo combiné también con clases de Biología. Además, fui profesora general integral, impartiendo todas las asignaturas. En una etapa estuve una parte del tiempo como jefa de grado", comenta.
Tras más de dos décadas como especialista de primer grado en Hematología, un médico que pidió que no se revelara su identidad decidió que había llegado el momento de poner en pausa su carrera. Como cualquier joven, quería un futuro en su profesión. "Deseaba desempeñarme como buen médico y, sobre todo, experimentar la satisfacción de ver el resultado de mis estudios".
Sin embargo, al estrés propio de una profesión exigente se sumaron unas condiciones laborales cada vez peores: desde la comida para el personal sanitario hasta el mal estado de las instalaciones hospitalarias y la falta de insumos para atender a los pacientes.
Madelyn Fonseca comparte esa experiencia. "Cuando el país se fue deteriorando económicamente, tuve que complementar mi trabajo con otros fuera del hospital. Lo hacía en los días de descanso. Normalmente, trabajaba 24 horas, hacía mis guardias, y en los tres días de descanso tenía otros trabajos, casi siempre como cuidadora de algún anciano, apoyando a alguna familia que tuviera un paciente en cama", recuerda.
"Ya últimamente trabajaba en un negocio de una amistad como dependienta, terminaba y me incorporaba a la guardia. Muchas veces, cuando finalizaba las 24 horas regresaba al otro trabajo. Casi no tenía días de descanso".
Decisiones drásticas
Madelyn Fonseca dejó de ejercer en el sector de la salud en 2025. "Amaba mi profesión, era muy dedicada a mis pacientes. Llegaba al hospital con deseos de hacer muchas cosas buenas, pero las condiciones del día iban poniéndose más difíciles, sin los recursos necesarios", lamenta.
La decisión de dejar el sector de la Salud "estuvo marcada, en primer lugar, por problemas económicos, porque ya el salario no sustentaba mi casa, y en segundo porque me sentía mal por no poder hacer lo correcto con los pacientes que atendía", asegura.
El Anuario Estadístico de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), indica que el salario medio mensual nacional fue de 6.930 pesos cubanos (CUP) en 2025. En el sector de la Educación, el salario medio fue de 5.600 CUP, unos 1.330 CUP menos que el promedio nacional, mientras que en Salud Pública se situó en 6.635 CUP.
Según la ONEI, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó un 14,07% durante 2025 en el mercado formal. Sin embargo, el economista Pavel Vidal dijo a EFE que la inflación, considerando también el mercado informal, había rondado el 70% ese mismo año.
"Me fui a trabajar a un restaurante de cajera. Empecé a conocer otro mundo, pude ver una mejoría económica, sentirme aliviada, en el sentido de no tener tantas dificultades a final del mes para pagar las cosas de mi casa, a mi pesar, pero no había de otra, había que tomar la decisión", recuerda Madelyn Fonseca con resignación.
Dayri Garay, por su parte, afirma que sus razones para abandonar el sector de la Educación fueron "bien drásticas".
"La educación en Cuba se deterioró a tal punto que cualquier persona sin vocación ni nivel de aprendizaje se integraba al sector. Eso trajo consigo un aumento del índice de fraude entre la familia, los alumnos y personas inescrupulosas que veían una forma de ganar dinero fácil, violando los principios y ética de la profesión. El momento en que tomé la decisión fue frustrante, porque cuando la escogí era mi mayor anhelo", agrega.
Al médico especialista en Hematología "la gran responsabilidad de trabajar sin recursos y ver pocos resultados en lo que me gusta hacer —salvar vidas o al menos aliviar el dolor—", acabaron por conducirlo a dejar temporalmente su carrera.
"Fue un momento muy difícil y una decisión que no había tomado antes porque realmente amo lo que hago. Experimenté una opresión muy grande en el pecho, pero a la vez un alivio inmenso al pensar que se terminó el estrés, la responsabilidad extrema y el sufrimiento", declara a DIARIO DE CUBA el especialista.
¿Irse para volver?
En julio del presente año, Jesús Otamendiz Campos, ministro de Trabajo y Seguridad Social, anunció medidas económicas que incluían el aumento del salario mínimo en Cuba, de 2.100 a 3.210 pesos mensuales. Pese a los intentos de equiparar los salarios al coste de la vida, la realidad sigue estando muy lejos de ese objetivo.
"Tras dar ese paso de abandonar la Enfermería, cambiaron muchas cosas", dice Madelyn Fonseca. "Económicamente, llegó una mejoría; me tenía que esforzar, pasar en el restaurante hasta la madrugada, manejar mucho dinero, porque era la contadora, cuadrar el restaurante, ser cuidadosa, pero al final de la semana llegaba a casa con un salario que cubría mis necesidades o las aliviaba mucho".
"Me costó un poco adaptarme a ese mundo, extrañaba mucho mi profesión, a los pacientes, me reconocían las personas en el restaurante y me preguntaban qué hacía allí, siendo una buena enfermera, que cómo y por qué lo había hecho. Sentía el pesar de haber abandonado a mis compañeros, al hospital", añade.
La vida de Dayri Garay "dio un giro. Tenía que superarme en otra especialidad para poder aplicar a un trabajo que me diera cierta libertad económica en medio de todo. Comencé a estudiar Contabilidad para trabajar en un banco. Lo más difícil fue tener que empezar de cero, prepararme en otra carrera completamente diferente a lo que ya había estudiado".
Para el médico especialista en Hematología, el proceso tampoco ha sido sencillo. "Sin embargo, dar ese paso se sintió como quitarse una piedra del zapato. Ahora mismo no estoy haciendo nada, solo dedicándome tiempo", dice.
Al reflexionar sobre lo que habría sucedido si hubiera permanecido en el hospital, comenta: "Iba a terminar, más temprano que tarde, infartado, demente o hemipléjico, por lo que creo que la decisión fue correcta y oportuna. Volvería, porque es mi vida, pero solo si cambia el sistema de salud y hay un salario acorde a los precios actuales, o que se pueda trabajar en lo privado, aunque se vuelva a lo público después".
"Cuando voy de visita al hospital veo a mis compañeras deterioradas, sin ningún cambio aparente en los servicios, ni con los pacientes", dice Madelyn Fonseca. "Cada vez veo peor todo y siento mucha pena por eso".
"Estudié una profesión para la que realmente creo que soy buena y me gustaría volver, pero no con esas condiciones ni con esa remuneración. Si hubiera otra posibilidad en la que pudiera vivir de lo que sé, de lo que disfruto hacer, y eso sustentara mi casa y a mi hijo, con mil amores volviera a trabajar", asegura.
Dayri Garay también tiene clara su posición: "Mi futuro hubiera sido ser profesora para toda la vida, pero no me arrepiento de mi decisión" de dejar la enseñanza. Sobre la posibilidad de volver, concluye: "uno no debe decir 'nunca'".
Muchos taxistas de Madrid tienen un título de la Complutense, pero tienen electricidad y comida. Y pueden manifestarse contra Sánchez.
En Barcelona el 90% de taxistas son de Pakistán, no tienen título de nada y apenas chapurrean el español.
Ese es el problema de España Mr. Sarion nadie quiere currar en la agricultura, construcción, cuidando ancianos , inyectando pacientes .Todos quieren estar detrás de un teclado o encorbatados detrás de un buró.Entoces vienen todos esos inmigrantes de África del Noete , Latinoa ( incluyo Cuba) y ocupan esos puestos. Eso sin contar los bichos que cobran beneficios tan pronto llegan a la península.
Cuba no paga , ni siquiera a los "vulnerables" ....