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Educación

El hambre pone a prueba a las escuelas cubanas y frena el aprendizaje de los niños

Maestros de Santiago de Cuba se sienten obligados a preguntar a sus alumnos si han comido, y advierten que la falta de alimentos también limita la participación de los niños en actividades deportivas.

Santiago de Cuba
Niños de una escuela primaria en Santiago de Cuba.
Niños de una escuela primaria en Santiago de Cuba. Diario de Cuba

Como cada sábado, Luis, un profesor de Educación Física en Santiago de Cuba, recorre las placitas y puestos de la ciudad en busca de ofertas de alimentos al alcance de su bolsillo. En la capital provincial existe una tradicional feria los fines de semana, auspiciada por el Gobierno, que incluye la venta de productos agrícolas de otros municipios a precios controlados.

A su regreso de la feria, Luis es abordado por tres niños. "Señor, señor, ¿podría darnos algún dinero, aunque sea diez pesos? No hemos comido nada hoy", le ruega uno de los chicos. Impactado por el pedido, Luis rebusca en sus bolsillos para ver si aparece algún billete perdido, pero no encuentra nada. Se disculpa. Siente pesar porque ni siquiera puede brindarles algo de comer de inmediato; los productos agrícolas que lleva necesitan cocción.

La alimentación de los niños es la preocupación fundamental de las familias cubanas, que ya ni siquiera pueden contar con el alivio de los almuerzos de las escuelas seminternas. María Luisa, madre de dos niños que estudian en la primaria Amistad con los Pueblos, de Santiago de Cuba, dice que ha dejado de ir a trabajar para poder darles el almuerzo.

"Se supone que los seminternados den almuerzo a los niños, pero esta semana la escuela se quedó sin comida y no saben cuándo la traerán", afirma indignada a DIARIO DE CUBA. Los alimentos que se sirven en el comedor de la escuela de sus hijos se elaboran en el propio centro.

En los últimos meses, el problema en las escuelas no ha sido solo el suministro de comida, sino también el combustible para cocinar. Ambas cosas debe garantizarlas el Estado; sin embargo, en el caso del combustible, algunas escuelas de Santiago de Cuba han tenido que recurrir a la leña para la cocción.

La "solución" que dieron en la escuela de los hijos de María Luisa fue que los padres recogieran a los niños a la hora del almuerzo, los llevaran a comer a casa, y los devolvieran al centro de estudios a las 2:00 de la tarde. "La mayoría de los padres no los llevamos nuevamente por la tarde. No todos tienen qué comer en casa; ahora en Cuba la mayoría hacemos una comida al día", explica la madre.

Los almuerzos en las escuelas han ido reduciéndose a viandas y un agua de potaje, generalmente de chícharos. El arroz ha desaparecido del menú.

Aun así, esa magra comida es un alivio para los padres, que ya ni siquiera pueden enviar un complemento proteico —generalmente picadillo o salchicha—, para mejorar la dieta escolar. La falla en el aprovisionamiento en las escuelas suma más presión a las familias que no pueden costear dos comidas diarias. Por ello, en los centros de doble sesión, la mayoría de los alumnos no regresa a la jornada vespertina.

"Mis hijos van a la escuela casi sin desayunar, a veces con un té de menta que hago gracias a la mata que tengo en el jardín", dice Aleida, madre de dos niños. "Desde que me levanto me pongo a velar a los panaderos. Cuando puedo, les compro dos panes con aceite para la merienda. Eso sí, cuando no pasan los panaderos o no tengo dinero para comprarlo, no van a la escuela porque, como decía mi abuela, la letra con hambre no entra", señala.

Una encuesta de DIARIO DE CUBA realizada por Cubadata entre febrero y marzo de este año arrojó que en el hogar del 78,2% de los consultados alguien tuvo que saltarse al menos una comida por falta de alimentos.

La mala alimentación de muchos niños se ha convertido también en una preocupación para el personal docente. "Un niño con hambre no aprende, por eso yo les digo a los padres que no los manden si no traen merienda, que es obligatorio que desayunen, y pregunto a mis alumnos en cuanto llegan al aula", asegura a DIARIO DE CUBA una maestra.

"Empecé a preguntar un día en el que vi a una niña de mi aula recostada en el pupitre. Le pregunté si se sentía enferma y me dijo que no había comido nada. Le di mi pan y ese mismo día advertí a todos los padres", recuerda.

En 2024, la UNICEF advirtió en un informe que la pobreza alimentaria grave afectaba entonces al 9% de los niños cubanos menores de cinco años, quienes consumían menos de tres grupos de alimentos diarios y enfrentaban riesgo inmediato de desnutrición letal. En tanto, la pobreza alimentaria moderada impactaba al 33%, que accedía solo a tres o cuatro grupos alimentarios y sufría deficiencias nutricionales que afectaban su desarrollo físico e intelectual a largo plazo.

En conjunto, según la UNICEF en 2024 el 42% de la infancia cubana no lograba una dieta con la variedad mínima de cinco grupos alimenticios necesarios para crecer de forma sana, dato que superaba el promedio regional, del 38%.

La situación alimentaria de los menores afecta también la práctica de deportes. Los profesores, antes de comenzar las clases, preguntan a los alumnos si han desayunado o almorzado. Algunos incluso piden a los niños que les detallen el menú.

"La calidad y variedad de la comida se ha degradado tanto que hay que preguntar qué almorzaron porque un pan y un refresco no es suficiente", dice Raúl, profesor de un área deportiva. "Eso no aporta las calorías para un entrenamiento que implica un gran gasto energético. Muchos padres han quitado a sus hijos de los deportes por eso, y los mismos niños no quieren apuntarse y te lo dicen: tienen hambre. Es triste, y los profesores tampoco podemos hacer nada, pues tenemos hambre también", agrega.

La reciente exclusión de los niños de la categoría de vulnerables por parte del Gobierno de Santiago de Cuba ha sido interpretada como un intento de deshacerse de la responsabilidad de la alimentación infantil, a pesar de que el semanario Sierra Maestra, órgano oficial del Partido Comunista en el territorio, reconoció en su edición del 19 de septiembre "que en las arterias principales de la ciudad, un gran número de personas dementes, ancianos, niños, alcohólicos, están pidiendo dinero, y lo que más duele es ver a los niños en horario escolar en esas funciones".

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