Cuando Donald Trump ordenó la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 y respaldó a Delcy Rodríguez como presidenta interina, la Casa Blanca y el Departamento de Estado ofrecieron un nuevo capítulo para Venezuela. La nueva etapa incluiría transparencia total en el manejo del sector petrolero, el mayor tesoro del país y durante décadas su principal fuente de corrupción.
Sin embargo, una exhaustiva investigación del diario estadounidense The New York Times publicada este 5 de mayo revela una realidad muy distinta. Cuatro meses después de la caída de Maduro, los esquemas de corrupción que convirtieron a Petróleos de Venezuela (PDVSA) en un "agujero negro" siguen operando con la misma opacidad de siempre. Los contratos secretos, los intermediarios opacos y las redes de poder que enriquecieron a la elite chavista no han desaparecido. El reportaje muestra cómo en realidad parecen adaptarse a una nueva etapa.
El reportaje, firmado por Anatoly Kurmanaev y Adriana Loureiro Fernández, documenta cómo, a pesar de las promesas públicas de transparencia del Gobierno que encabeza la otrora vicepresidenta de Maduro, decenas de acuerdos petroleros se negocian lejos de la luz pública. El sitio Soberanía Transparente, anunciado con bombos y platillos por Delcy Rodríguez, apenas registra una sola entrada en estos cuatro meses.
Mientras que los reportes mensuales prometidos por la Casa Blanca sobre el manejo del petróleo venezolano nunca se han hecho públicos. Según fuentes citadas por el periódico, los auditores contratados por Washington enfrentan limitaciones sistemáticas para acceder a los libros reales de las operaciones de PDVSA.
Lo que ocurre hoy —según han recordado analistas y expertos en redes sociales en reacción al reportaje— es resultado de un esquema de corrupción que convirtió al petróleo venezolano en sinónimo de saqueo. Durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, PDVSA pasó de ser una empresa estatal eficiente a un instrumento de control político y enriquecimiento personal.
La investigación de The New York Times recuerda que, entre 2000 y 2025, se "perdieron" más de 30.000 millones de dólares en sobreprecios, contratos fantasmas y comisiones ilegales. En realidad, no es dinero extraviado, se presume que fue a parar a los bolsillos de los altos jerarcas del chavismo. "Décadas de saqueo han dejado a Venezuela con una industria petrolera opaca y profundamente corrupta", comentó en X la analista política Mibelis Acevedo.
El mecanismo era sofisticado y repetitivo. PDVSA adjudicaba contratos de exploración, perforación, transporte y comercialización a empresas de tapadera, muchas registradas en Panamá, Islas Vírgenes o Dubái, y controladas por testaferros de altos funcionarios. Un ejemplo clásico es el caso de los "intermediarios autorizados": firmas que compraban el crudo venezolano a precios muy por debajo del mercado y lo revendían con márgenes de hasta 40%, dejando la diferencia en cuentas offshore vinculadas a la familia presidencial y a generales leales.
Durante la era Maduro, esta opacidad se agravó con las sanciones estadounidenses. Para evadirlas, PDVSA creó una red paralela de comercializadoras (como la tristemente célebre PDVSA Trading en Suiza y Hong Kong) que operaban con documentación falsa y barcos que apagaban sus transpondedores. Expertos consultados por The New York Times estiman que, solo entre 2018 y 2024, al menos 25.000 millones de dólares en ingresos petroleros desaparecieron sin rastro contable.
El politólogo Walter Molina, al comentar el trabajo periodístico en la red social X ha destacado una frase clave de la investigación: "por cada dos dólares que Venezuela ganó vendiendo petróleo a principios de esta década, uno fue robado".
Todo esto (y es donde la investigación periodística coloca el dedo en la llaga) no es un capítulo del pasado en la trama de la economía ilícita en Venezuela. Delcy Rodríguez, quien durante años fue la mano derecha económica de Maduro y supervisó PDVSA en distintos momentos, conoce perfectamente este sistema. The New York Times subraya que, en su rol previo como vicepresidenta de Economía, "había fracasado ampliamente en resolver" la opacidad heredada. Ahora, como presidenta interina, repite el patrón: promete reforma mientras los viejos operadores siguen moviéndose en las sombras.
La investigación detalla varios casos concretos que ilustran cómo la corrupción persiste bajo la nueva Administración. Uno de los más reveladores involucra un buque petrolero que salió de Venezuela sin autorización y fue recuperado gracias a la intervención directa de EEUU. Rodríguez, según el diario neoyorquino, utilizó sus contactos en Washington para que el buque regresara, pero el destino final del cargamento y los beneficiarios reales del contrato nunca fueron revelados públicamente.
Por otro lado, la opacidad se extiende a las nuevas licitaciones. El Gobierno interino de Rodríguez ha firmado acuerdos de "cooperación" con varias multinacionales para reactivar campos maduros, pero los términos financieros —porcentajes de participación, bonos de firma, cláusulas de confidencialidad— permanecen clasificados. The New York Times cita a diplomáticos estadounidenses anónimos que admiten frustración por no tener acceso a la contabilidad real de PDVSA.
En la práctica (esta es una conclusión de la investigación), pese a la nueva etapa y a la caída de Maduro, en estos primeros meses de 2026 el sector petrolero venezolano sigue siendo un "agujero negro".
Todo esto representa un riesgo para la prometida transición democrática. Este 5 de mayo el subsecretario de Estado, Christopher Landau, ha recalcado que la Administración Trump quiere llevar a Venezuela a una redemocratización. La persistencia de estos esquemas de corrupción no solo frustra las expectativas de los venezolanos, que esperaban que la caída de Maduro trajera cambios, sino que también genera riesgos geopolíticos.
Expertos citados por el diario estadounidense advierten que la opacidad de la Administración de Delcy Rodríguez alimenta la desconfianza de inversores serios y mantiene viva la posibilidad de que redes criminales —incluidas las que operan con Irán, Rusia y China— sigan utilizando el petróleo venezolano como vehículo de lavado de dinero, pese a las intenciones de EEUU. "Aun con las mejores intenciones, el plan de Washington para demostrar cómo y dónde se gastan las riquezas petroleras de Venezuela será una tarea titánica", concluye Acevedo citando al diario estadounidense.
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