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Venezuela

Chatham House: La transición democrática en Venezuela no llegará de la noche a la mañana

Deberá crearse una suerte de fuerza de trabajo multifacética para superar la destrucción institucional llevada a cabo por el chavismo durante un cuarto de siglo.

Caracas
Delcy Rodríguez a la salida de su toma de posesión.
Delcy Rodríguez a la salida de su toma de posesión. AFP

Por mucho que la captura de Nicolás Maduro por parte de EEUU a inicios de 2026 haya abierto una ventana histórica para Venezuela, las elecciones libres y justas no surgirán por arte de magia. Así lo advierte el informe político publicado este 20 de abril por Chatham House, escrito por el flamante director del Programa de América Latina, Christopher Sabatini.

El texto, titulado "Democratic elections in Venezuela won't happen overnight –here's the groundwork that’s needed first", es un llamado urgente a la acción para contrarrestar tanto la deriva heredada del largo ejercicio del poder chavista como lo que se define como una parálisis deliberada del Gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez.

Chatham House es el nombre común del Royal Institute of International Affairs (Instituto Real de Asuntos Internacionales), un think tank independiente y sin ánimo de lucro, con más de un siglo de historia y cuya sede está en Londres.

El diagnóstico de Sabatini es implacable: tras más de dos décadas de régimen chavista, la vida política venezolana ha sido degradada hasta lo irreconocible. El chavismo no solo destruyó la economía, pulverizó las instituciones. Politizó hasta la médula las fuerzas de seguridad y el Poder Judicial, convirtiéndolos en herramientas de control y represión en lugar de garantes del Estado de derecho.

Ese aparato represivo, denuncia el texto, sigue presente y activo. Postergar indefinidamente las elecciones no es neutralidad: es permitir que ese legado autocrático se consolide, se reorganice y, eventualmente, sabotee cualquier transición real.

Un asunto central de la complejidad venezolana posterior al 3 de enero, es que el chavismo no desapareció con Maduro; dejó un suelo minado de instituciones capturadas, normas pervertidas y una cultura de impunidad que el Gobierno interino parece poco dispuesto a desmontar. Y aquí radica la crítica más dura del documento: ni el Gobierno interino de Delcy Rodríguez ni la Administración de Donald Trump han asumido compromisos concretos sobre cuándo ni cómo se celebrarán las elecciones.

El momentum de cambio, advierte Sabatini, se está desvaneciendo. Esa dilación no es inocente. Es la continuación, bajo otra etiqueta, de la misma lógica chavista de eternizarse en el poder mediante la indefinición. Delcy Rodríguez, quien fuera vicepresidenta de Maduro y ahora encabeza un Gobierno que se suele denominar como "interino", actúa con la misma opacidad y lentitud que caracterizó a sus predecesores.

La actual mandataria, vista como una tecnócrata en los círculos de poder de Washington, en lugar de liderar la reconstrucción democrática, parece más interesada en mantener el control de las palancas institucionales heredadas del madurismo. Esa actitud no solo frustra a la oposición y a la sociedad civil, sino que erosiona la credibilidad del propio proceso político para una transición en Venezuela.

A partir de diversas consultas con venezolanos dentro del país y con otros en la diáspora, Sabatini no se limita a criticar: propone un camino concreto, pero advierte que requiere empezar ya.

La primera y más urgente de las recomendaciones de Chatham House es negociar un pacto político amplio sobre el calendario electoral y sobre las reformas que lo hagan posible. Ese pacto debe involucrar al Gobierno interino, a la oposición política, a la sociedad civil venezolana y, de manera decisiva, al apoyo internacional, especialmente de EEUU.

Washington, según el autor, tiene un rol crítico: debe ejercer su peso para impulsar el acuerdo y para "acorralar" a las partes internas que, hasta ahora, prefieren la inacción.

El pacto no puede ser vago. Debe abordar, entre otras cosas, la reforma profunda del Consejo Nacional Electoral (CNE), organismo que bajo el chavismo se convirtió en un apéndice del partido de Gobierno. También debe establecer mecanismos claros y transparentes para la adjudicación de disputas electorales, porque sin un árbitro imparcial cualquier elección será impugnada de antemano.

Crucialmente, el acuerdo tiene que garantizar la restitución plena de las libertades constitucionales: libertad de expresión, de reunión y de asociación. El documento recuerda que bajo Chávez y Maduro esas libertades fueron sistemáticamente cercenadas; el chavismo convirtió la crítica en delito y la protesta en sedición. Restaurarlas no es un detalle técnico: es la base misma de cualquier proceso electoral mínimamente creíble.

Una vez fijado el calendario, se debe invitar rápidamente a observadores electorales internacionales independientes y profesionales, así como a observadores ciudadanos no partidistas. La presencia de estos veedores no es un lujo; es la única forma de generar confianza en un país donde el chavismo durante años manipuló, intimidó y falsificó resultados.

Una advertencia final de este think tank: puesto que el chavismo dejó un país en ruinas —hiperinflación, escasez, éxodo masivo y una infraestructura destruida—, pretender que las elecciones resolverán todo por sí solas es una ilusión peligrosa.

Y si bien Chatham House plantea centralmente que las elecciones democráticas en Venezuela son el camino, un escenario con el que se identifican la gran mayoría de venezolanos como resolución a una larga crisis, estos comicios no ocurrirán de la noche a la mañana porque el chavismo se encargó de destruir las condiciones mínimas para que ocurrieran.

Reconstruir esas condiciones exige tiempo, pero exige sobre todo voluntad política inmediata, tanto en Caracas (Gobierno de Rodríguez), como en Washington (Gobierno de Trump) como de líderes opositores, y en especial de María Corina Machado.

Ante este escenario, la sociedad civil venezolana no puede permanecer impasible. Las organizaciones sociales y las figuras independientes que tienen impacto público deben presionar activamente por ese pacto político y por las reformas.

Pero la responsabilidad mayor recae en el Gobierno interino y en sus aliados internacionales. Si EEUU no ejerce el liderazgo que le corresponde, si Delcy Rodríguez sigue postergando decisiones, el riesgo es claro: el aparato represivo chavista se reorganizará, las instituciones seguirán capturadas y la oportunidad histórica se evaporará.

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