Recién se han cumplido cuatro meses de la captura y extracción de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. En poco más de 120 días, la presidenta interina de Venezuela y otrora estrecha colaboradora de Maduro, Delcy Rodríguez, parece haber ha reescrito el guion del chavismo oficial.
De acuerdo con un análisis hecho por el portal caraqueño Tal Cual, las menciones a Nicolás Maduro en los discursos de la presidenta cayeron un 91% entre enero y abril de 2026: de 86 referencias en el primer mes —donde lo llamaba "víctima de secuestro", "rehén", "prisionero de guerra", "nuestro héroe" y "conductor de la victoria"— a solo ocho en abril, según un análisis exhaustivo de 111 intervenciones públicas difundidas por Venezolana de Televisión.
Ya no es el "presidente constitucional" al que se rendía pleitesía constante. Ante empresarios, diplomáticos o inversores extranjeros, su nombre desaparece por completo.
El cambio no es retórico. Refleja una mutación en el poder, con un chavismo que sigue controlando las instituciones del Estado venezolano. Es el "tercer chavismo", como lo comentó anteriormente DIARIO DE CUBA.
El relato de victimización y resistencia armada —tan presente en enero— se ha diluido. En febrero ya solo hablaba de "clamor nacional" por la liberación de Maduro; en marzo y abril, ni siquiera eso: solo "oración" y "reconciliación". Su captura del 3 de enero, pasó a ser, según la narrativa oficial, el catalizador de una "nueva etapa" más que el trauma de un secuestro.
Pero debajo de la superficie institucional —donde el PSUV y las Fuerzas Armadas mantienen el control—, crece un malestar que ya no se confina a pasillos cerrados. Se expresa públicamente en redes sociales, en juicios y en los micrófonos de los propios propagandistas del régimen. Es una guerra ya no soterrada entre figuras históricas y nuevos influencers que revela fracturas ideológicas, pugnas por poder y un profundo resentimiento entre quienes sienten que el chavismo pragmático que encabeza Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, "traicionó" a Maduro para sobrevivir.
El caso más emblemático es el de Mario Silva, el conductor de La Hojilla y azote histórico de la oposición. En abril, Silva explotó en cámara contra Delcy Rodríguez y su círculo por "someterse al tutelaje de EEUU" y permitir lo que llamó una "invasión silenciosa". Los tildó de "cobardes" y acusó a sectores del chavismo de borrar el legado de Hugo Chávez para acomodarse al nuevo escenario. Silva, marginado de la pantalla de televisión oficial, donde estuvo por más de dos décadas, ha denunciado precariedad económica por redes y la suspensión de su servicio de seguridad personal (escoltas) que le proporcionaba el Gobierno.
A esto se ha sumado Michelo, el influencer argentino (Diego Omar Suárez) que durante años fue uno de los defensores más ruidosos de Maduro en redes. Tras la captura, Michelo rompió públicamente: acusó a Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y al alto mando militar de haber entregado a Maduro. Calificó a los actuales jerarcas de "traidores a la patria" y denunció que ahora buscan el favor de Donald Trump. Sus videos se viralizaron y generaron oleadas de indignación entre la base dura del chavismo más ideologizado.
A estos les respondió Indira Urbaneja, propagandista chavista y parte de una comisión presidencial nombrada por Delcy Rodríguez para la paz y convivencia. En declaraciones recientes arremetió contra Michelo por "mentir" y no presentar pruebas sobre el supuesto golpe interno, y contra Mario Silva por su retórica divisiva. "Si Delcy, Diosdado y Jorge Rodríguez se hubieran ido a un exilio dorado, Mario Silva estaría preso por decir lo que está diciendo", advirtió.
Urbaneja pidió a los simpatizantes del chavismo no seguir las redes de Michelo ni de Silva para evitar que "capitalicen y moneticen" el descontento.
El malestar no se limita a los micrófonos. El 2 de mayo de 2026, durante la apertura de su juicio en el Caso PDVSA-Cripto, proceso por el cual cayó Tarek El Aissami, otrora hombre fuerte del chavismo, el exministro de Educación Universitaria y tres veces diputado del PSUV Hugbel Roa protagonizó un testimonio explosivo. Acusó directamente al ex fiscal general Tarek William Saab de fabricar el caso por venganza personal.
Roa, quien como presidente de la Comisión de Hidrocarburos investigó extorsiones a empresarios petroleros, señaló que el hermano de Saab, Douglas, monopoliza contratos en PDVSA desde hace más de 20 años. "Cuando denuncié todo eso, acabaron conmigo", dijo.
Roa relató torturas físicas y psicológicas en el Sebin: "Me recibieron a palos, como a un animal. Todo eso fue grabado por instrucciones del propio Tarek William Saab". Afirmó que lo presionaron para grabar videos confesando delitos falsos y vinculándose con figuras de la oposición como Leopoldo López.
El Caso PDVSA-Cripto, que incluye un desfalco de 23.000 millones de dólares, se ha convertido para observadores en un espejo de las pugnas internas: no solo corrupción, sino ajustes de cuentas entre facciones chavistas.
Entretanto, en redes sociales, militantes chavistas expresan confusión: algunos defienden a Delcy Rodríguez como garantía de paz y estabilidad institucional; otros la acusan de "neoliberalismo", privatizaciones encubiertas y traición al legado de Maduro. Posts recientes en X muestran a simpatizantes divididos: "No Delcy, usted llegó a la Presidencia por la traición de unos pocos", escribió una usuaria. Otro: "Guerra en el PSUV: Mario Silva contra Diosdado, Michelo contra Indira… Todo el que quiere que Maduro vuelva está contra Delcy".
Para la usaria en X @EdithPesantes el chavismo muta con los hermanos Rodríguez, tratando de reconectarse con el discurso chavista original, mientras evita cargar con el pesado lastre de Maduro (hiperinflación, migración, represión).
Para analistas, lo que ocurre puertas adentro no es una implosión inminente, pero sí una erosión visible de la unidad monolítica que caracterizó al chavismo durante 25 años. Delcy Rodríguez consolida un liderazgo pragmático, orientado a la supervivencia del proyecto a través de la negociación y la adaptación.
Aunque en Venezuela las instituciones no han cambiado de manos, ya que sigue gobernando el chavismo, el clima interno es de tensión y desconfianza.
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Y eso que han pasado solo cuatro meses...en 4 meses más...nadie se acordará del Masburro cretino....
(Marquitos vas bien...pero apúrate un poquito)