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Chile

Otra vez parece naufragar la búsqueda de una Constitución en Chile

'Una Constitución no es un programa de Gobierno ni un proyecto de ley. Las derechas están cometiendo exactamente el mismo error que las izquierdas en el proceso anterior.'

Brasilia
Manifestación contra la propuesta de Constitución de Chile bajo mayoría de izquierda, 2022.
Manifestación contra la propuesta de Constitución de Chile bajo mayoría de izquierda, 2022. EFE

La necesidad de tener una nueva Constitución en Chile, para derogar la vigente que es una herencia de la última dictadura militar, no parece estar en discusión. Sin embargo, las posiciones extremas de los factores políticos han puesto en riesgo, de nuevo, la posibilidad de que se alcance una nueva Carta Magna de consenso que represente al conjunto de la sociedad chilena.

"En vez de redactar una Constitución que establezca las reglas del juego para el ejercicio de la democracia, los constituyentes parecen más interesados en hacer un programa de gobierno y en imponer sus preferencias sobre políticas públicas", sostiene el profesor de CIencia Política Patricio Navia al cuestionar las últimas decisiones tomadas por la mayoría que redacta la Carta Magna, de tendencia conservadora.

Se repite, a juicio de Navia, lo que vivió la sociedad chilena entre 2021 y 2022, cuando la entonces mayoría de izquierdas también intentó imponer una visión radical y no consensuada con los otros factores. Aquel proyecto de Carta Magna terminó, en septiembre del año pasado, en un rotundo fracaso: el 62% de los votantes lo rechazó y fue una derrota importante para el presidente Gabriel Boric, electo al frente de una coalición de izquierdas a fines de 2021.

"Hay pocas razones para estar optimista sobre el proceso constituyente. Después del desastre en que terminó el primer proceso, este segundo intento parece no haber aprendido mucho de la mala primera experiencia", opina Navia, al ser consultado por DIARIO DE CUBA.

Las distintas comisiones del Consejo Constitucional, actualmente encabezado por sectores conservadores, han aprobado cuestiones como la prohibición de asociaciones contrarias a la moral, la eximición del pago de contribuciones de congregaciones religiosas y particulares, el rodeo como deporte nacional, la protección de la vida que está por nacer, el paso de la cárcel a arresto domiciliario a exuniformados violadores a los derechos humanos, el aumento de la edad para ser candidato a presidente y concesionar a privados cualquier tipo de bien.

En paralelo, expertos advierten que se está perdiendo la oportunidad de incluir en la Constitución aspectos fundamentales de la discusión global actual tales como la paridad entre hombres y mujeres, derechos a animales no humanos, el reconocimiento del cambio climático, así como remarcar principios básicos de los derechos humanos.

El actual conservadurismo chileno luce empoderado tras la elección de miembros de la Constituyente en mayo de este año.

José Antonio Kast, quien perdió la Presidencia ante Boric, se erigió como el gran triunfador del 7 de mayo pasado. Su Partido Republicano, que al contrario de otras organizaciones políticas no acudió en coalición, tuvo el 35% de los votos y 22 escaños dentro de la Convención Constituyente, en un proceso que deberá concluir en diciembre venidero con una nueva Constitución que deje atrás la de 1980, herencia de la dictadura de Augusto Pinochet.

La coalición conservadora tradicional, con la cual Kast ha tejido posiciones comunes en temas álgidos, obtuvo entonces 21% de los votos y 11 consejeros en el seno de la Convención. Con 33 consejeros de un total de 50, este sector político puede imponer sus puntos de vista.

A juicio de Navia, profesor de las universidades de Nueva York y de la Diego Portales, tal imposición es un error que sería castigado en las urnas en diciembre, cuando la población decida si aprueba o no este proyecto de Constitución. Desde su punto de vista es necesario que Boric, con el liderazgo político e institucional que tiene, se involucre para negociar puntos medios, de consenso, y se alcance una Carta Magna que represente a la diversidad de Chile.

"Para evitar pasar a la historia como el presidente en ejercicio durante los dos momentos en que los chilenos prefirieron legitimar la Constitución inicialmente redactada por la dictadura, Boric va a necesitar invertir mucho capital político para ayudar a encaminar un proceso constituyente que evidentemente está a la deriva", sostiene el profesor.

La polémica ha rodeado al proceso constituyente en los últimos días. Con los votos conservadores, el Consejo Constitucional acordó transitar de la Constitución actual que solo vela por la vida "del que está por nacer" a "quien está por nacer". El cambio, aunque parece mínimo, transforma el texto inicial que habían salido del esfuerzo de negociación en la comisión de expertos, nacida en una propuesta negociada que presentó Boric ante el Congreso, que solo hacía alusión al "derecho a la vida".

A las críticas que ya venía realizando el oficialismo de izquierda, se han sumado ahora críticas de la centroizquierda que ya también rechazaron por sectaria la propuesta constitucional anterior. Matías Walker, senador del partido Demócratas, una reciente formación de centro, advirtió que lo que está redactando el Consejo Constitucional "dista mucho" de la idea que tiene de una Constitución.

"Una Constitución no es un programa de Gobierno ni un proyecto de ley. Las derechas están cometiendo exactamente el mismo error que las izquierdas en el proceso anterior", aseguró Walker en referencia al anterior intento que Chile llevó a cabo entre 2021 y 2022.

Pese a las señales negativas que provienen del proceso constitucional en Chile, en opinión de Navia "todavía hay tiempo para enmendar rumbo", pero para ello "es esencial que la elite política nacional acepte su responsabilidad y tome cartas en el proceso para evitar un nuevo naufragio".

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