La crisis energética cubana permite entender los problemas más generales de la economía nacional. La cuestión va más allá de los apagones, la falta de combustible o las plantas obsoletas. Es la expresión visible de un modelo que durante años postergó inversiones esenciales, asignó mal los recursos, deterioró su credibilidad financiera y redujo los incentivos para producir, invertir e innovar, considera el doctor en Economía y profesor de la American University, en Washington, Ricardo Torres.
El analista sostiene que el sistema eléctrico llegó a este punto por una combinación de choques externos, restricciones financieras y sanciones, pero también por decisiones internas. Durante años, el Gobierno de Cuba tuvo oportunidades para modernizar la infraestructura, diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de combustibles importados. Sin embargo, mantuvo una lógica de administración de la escasez, con inversiones insuficientes en sectores básicos y una excesiva confianza en apoyos externos.
En declaraciones previas a su participación en el III Foro DDC: "Para la Cuba de mañana", que se celebrará los días 1 y 2 de junio en Madrid, Torres valora la situación como un síntoma de una disfunción más amplia del sistema económico cubano.
En el evento, Torres analizará qué esperar de la crisis energética cubana y qué se necesita para salir de ella. Su intervención se producirá durante la primera jornada del foro, en la mesa dedicada a a pensar cómo hacer un país nuevo.
A juicio de Torres, Cuba está un círculo vicioso: sin electricidad cae la producción; con menos producción hay menos divisas; con menos divisas no se pueden comprar combustible, piezas ni tecnología; y eso profundiza la crisis energética. Ese mismo patrón se repite en otros sectores como la agricultura, la industria, el transporte, el comercio exterior y las exportaciones de servicios.
Por ello, sostiene, resolver la crisis eléctrica exige mucho más que la instalación de paneles solares o la reparación de termoeléctricas. "Implica reglas creíbles, contratos que se cumplan, prioridad real a la infraestructura, mayor espacio para el sector privado, una mejor asignación de divisas y una transformación institucional que devuelva la confianza a ciudadanos, empresas e inversionistas".
La pregunta de fondo, en este sentido, no es únicamente cómo generar más electricidad, sino cómo reconstruir una economía capaz de sostener y financiar sus propias infraestructuras básicas. "Sin energía no hay recuperación posible; pero sin una reforma económica profunda tampoco habrá suficiente energía", señala.
Podrás escuchar el análisis de Torres en la transmisión en directo del III Foro DDC "Para la Cuba de Mañana" a través de nuestra página web, nuestro canal de YouTube y demás redes sociales. Las sesiones del evento quedarán online para que también puedas verlas en diferido.
Consulta aquí el programa del III Foro DDC: "Para la Cuba de Mañana"