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Foro DDC

Hilda Landrove: 'La reconciliación es una condición ineludible de la restauración democrática'

'La sociedad cubana actual ya está instalada en el postotalitarismo' y tiene ante sí desafíos que deberá enfrentar desde la diversidad de experiencias de la Isla, el exilio y las diferentes generaciones.

Madrid
La antropóloga cubana Hilda Landrove.
La antropóloga cubana Hilda Landrove. Diario de Cuba

¿Cómo reconstruir un país marcado por décadas de fracturas políticas, exilios sucesivos y experiencias vitales cada vez más distantes entre sí? Este es uno de los temas que llevará la antropóloga, ensayista y defensora de derechos humanos Hilda Landrove al III Foro DDC: "Para la Cuba de mañana", que se realizará en Madrid los días 1 y 2 de junio.

Su reflexión, enfocada en los desafíos de la reconciliación en una Cuba postotalitaria, partirá de una idea esencial: la sociedad cubana contemporánea no puede entenderse como un cuerpo homogéneo articulado alrededor de una identidad única, sino como un entramado de comunidades diversas, atravesadas por experiencias históricas, geográficas y generacionales muy distintas.

"Hay que reconocer que el punto de partida de la sociedad cubana postotalitaria no es la gravitación alrededor de un centro identitario firme y común, sino la convivencia de una serie de comunidades probablemente muy heterogéneas y articuladas alrededor de un grupo de ideas y deseos, como el deseo de regreso, de reconstrucción, de participar en la posibilidad de construir un proyecto. Pero eso no es una pulsión identitaria que nos identifica. Lo que nos une es orbitar en esa constelación de deseos", afirma Landrove.

En su opinión, intentar entender la sociedad cubana desde su profunda heterogeneidad, es vital a la hora de articularla en un proyecto de restauración democrática. Para ello, Cuba debe empezar a pensarse "como un conjunto de comunidades más que como una comunidad única, unida en torno a una identidad clara".

Este panorama la lleva a plantearse la reconciliación como una pregunta a responder por una sociedad "fragmentada territorialmente en la geografía del globo terráqueo, en la diversidad de experiencias a nivel de generaciones —desde el exilio histórico hasta las generaciones más recientes—, y fragmentada también en su propia visión de qué significa ser cubano, en su visión de qué proyecto de país se imagina, y en su capacidad de incidir".

Landrove participará en la segunda jornada del III Foro DDC: "Para la Cuba de mañana", en la mesa dedicada a sociedad e información, que discutirá la regeneración de la sociedad y del espacio público.

Su intervención se titula "Reconciliación post totalitaria: ¿Horizonte deseable o condición ineludible de la restauración democrática?".

La antropóloga advierte que "existe un desafío inicial muy específico que tiene que ver con la sociedad cubana que ha estado viviendo en Cuba y aquella que vive en otros lugares. Son experiencias bastante diferentes, aunque no excluyentes o que una desconozca radicalmente a la otra. Este desafío se traduce en cómo pensar el sentido de pertenencia hacia una nación en la que no vives hace 30 años, pero que sigue comandando tus sueños, tus visiones y tu nostalgia. Aquí el desafío fundamental es reconciliar esa geografía identitaria disgregada".

Pero la reconciliación, insiste, no se limita al vínculo entre la Isla y el exilio. También obliga a enfrentar las tensiones generacionales y políticas acumuladas durante más de seis décadas. En ese sentido, plantea interrogantes incómodas pero inevitables, como "¿qué hacer con la generación que dedicó su vida al proyecto de lo que entonces fue una Revolución y tiene una sensibilidad muy particular que pudiera correr el riesgo de no tener un espacio? Es la sensibilidad de una generación fundamental, porque son nuestras madres, nuestros abuelos", señala.

Desde la antropología política, la doctora en Estudios Mesoamericanos y profesora de Cátedra del Tecnológico de Monterrey, en México, intenta pensar las bases culturales y éticas de una futura democracia cubana. Su preocupación se concentra en evitar que sobrevivan las prácticas y reflejos autoritarios que el sistema comunista dejó instalados en la sociedad.

Un punto importante está en "cómo evitar hacer un cambio ideológico sin trasladar a esa nueva visión del mundo los vicios de la construcción totalitaria: el verticalismo, la imposición arbitraria del poder, la exclusión, la negación del otro, todo aquello que es un impedimento para construir una sociedad democrática. Siempre existe el riesgo de que cambie de forma, que ya no venga empaquetado en una ideología comunista, pero se mantenga, pues se puede tener otra ideología y ser igualmente autoritario", señala.

De ahí que entienda que entre los errores fundamentales en un proceso de transformación del país estarían "repetir las mismas dinámicas de exclusión, de imposición del poder, de negación de las diferencias, de pretensión de unanimidad y homogeneidad que han estado en la base del proyecto totalitario cubano".

A su juicio, "la sociedad cubana actual ya está instalada en el postotalitarismo, no está atada a la doctrina social, ideológica de la antigua Revolución. Es una sociedad mucho más individualista, pues reivindica el deseo y el espacio individual, se atreve a soñar y planear lo que quiere para su futuro. Y esto es una transformación muy radical porque el totalitarismo supone que no hay necesidad de hacerlo e inhibe el ejercicio de la imaginación".

Podrás seguir en directo las intervenciones de Hilda Landrove, y de la treintena de expertos que participarán en el Foro DDC: "Para la Cuba de mañana", a través de nuestra página web, nuestro canal de YouTube y demás redes sociales. Las sesiones quedarán online para que también puedas verlas en diferido.


Consulta aquí el programa del III Foro DDC: "Para la Cuba de Mañana"

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